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El tratamiento real: química salvando una premisa predecible

Martin Cid

Imagina la escena: Isabella «Izzy» Cortese, una peluquera de Manhattan con lengua afilada y manos mágicas para las tijeras, se encuentra frente al espejo del príncipe Thomas, un monarca atrapado en los deberes de su corona. Es el momento que define The Royal Treatment (2022), dirigido por Rick Jacobson: una comedia romántica que apuesta por la química entre dos personajes diametralmente opuestos.

La premisa es tan clásica como un vestido de novia: ella, dueña de un salón en Nueva York y con sueños más grandes que sus clientes; él, un príncipe obligado a casarse por conveniencia. La chispa salta cuando Izzy (Laura Marano) y su equipo son contratados para preparar el gran evento, pero lo que comienza como una historia predecible se sostiene gracias a detalles concretos. Marano brilla en los momentos donde Izzy desafía las expectativas reales con su humor descarado —su escena de confrontación con la estirada Madame Fabre (Sonia Gray) es un ejemplo de cómo el guión de Holly Hester encuentra equilibrio entre lo cursi y lo ingenioso—. Mena Massoud, por otro lado, ofrece una interpretación contenida pero efectiva del príncipe Thomas, especialmente en los diálogos donde su vulnerabilidad rompe la fachada regia.

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Sin embargo, The Royal Treatment tropieza con sus propias ambiciones. La dirección de Jacobson es funcional pero carece de distinción visual: las locaciones europeas y el glamour del mundo real podrían haber sido explotadas para crear planos más evocadores, pero se quedan en postales turísticas sin alma. Peor aún, la estructura narrativa se tambalea bajo el peso de subtramas innecesarias —la relación entre Izzy y su abuela (Elizabeth Hawthorne) añade capas emotivas, pero la historia de Destiny (Chelsie Preston Crayford), una de las estilistas, parece un guiño forzado a la diversidad que no va más allá del superficial—. Incluso los momentos musicales, aunque bien coreografiados, interrumpen el ritmo en lugar de potenciarlo.

Donde la película sí acierta es en su tono ligero y su mensaje progresista. A diferencia de otras comedias románticas donde la mujer «domesticada» es el clímax, aquí Izzy mantiene su independencia como motor narrativo —su discurso final sobre elegir entre amor y deber no solo es coherente con su arco, sino que evita caer en los lugares comunes del género—. Además, el reparto secundario aporta frescura: Grace Bentley-Tsibuah como Lola roba escenas con su timidez adorable, mientras Cameron Rhodes (Walter) ofrece un contrapunto cómico bien medido.

Pero The Royal Treatment no es una obra maestra. Es entretenimiento ligero que cumple sin sobresalir, y eso se refleja en decisiones como la edición acelerada de las escenas románticas —que buscan simular química pero terminan sintiéndose forzadas—. La banda sonora, aunque pegadiza, repite fórmulas conocidas en lugar de arriesgarse con algo nuevo.

MCM Score: 6.3/10 — craft 1 / story 2 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 2

En un año lleno de rom-coms, The Royal Treatment es un refresco agradable pero efímero, perfecto para una tarde de domingo sin pretensiones.

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