Cine

**El silencio del zorro: un viaje emocional sin rumbo claro**

Molly Se-kyung

El silencio del zorro y el rugido de lo predecible

Imagina un paisaje invernal, nevado, donde cuatro siluetas avanzan lentamente. Un niño, un topo, un zorro y un caballo. La imagen es cálida, incluso reconfortante, pero también evoca una pregunta: ¿qué los une? The Boy, the Mole, the Fox and the Horse (2022), dirigida por Charlie Mackesy y Peter Baynton, toma esta premisa y la convierte en un viaje emocional que, aunque bienintencionado, adolece de una narrativa fragmentada y decisiones artísticas que no siempre sostienen su peso.

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Basada en el libro ilustrado de Mackesy, la película sigue a un niño (Jude Coward Nicoll) en busca de un hogar, acompañado por sus tres compañeros animales: un topo ansioso (Tom Hollander), un zorro silencioso (Idris Elba) y un caballo sabio (Gabriel Byrne). La estructura del filme se construye alrededor de conversaciones filosóficas entre ellos, explorando temas como la amistad, la autoaceptación y la esperanza. La animación, sencilla pero efectiva, logra transmitir una atmósfera íntima y poética, especialmente en escenas donde los personajes interactúan con el entorno natural.

Sin embargo, el mayor desafío de la película es su falta de un hilo narrativo sólido. Al igual que el libro original, la adaptación se presenta como una serie de reflexiones dispersas, lo que puede resultar encantador para algunos pero frustrante para otros. La ausencia de un conflicto claro o un arco emocional definido hace que el viaje del niño y sus amigos carezca de urgencia. Las escenas más memorables, como las conversaciones entre el niño y el caballo sobre la importancia de elegir nuestras reacciones ante la vida, destacan por su profundidad, pero no están integradas en una estructura narrativa coherente.

Las actuaciones vocales son otro punto de interés. Jude Coward Nicoll transmite con naturalidad la vulnerabilidad del niño, mientras que Gabriel Byrne imprime una calidez reconfortante al caballo. Tom Hollander, aunque encantador inicialmente, puede resultar repetitivo en su interpretación del topo, cuya ansiedad se vuelve monótona. Idris Elba, por otro lado, aporta una presencia silenciosa pero poderosa como el zorro, un personaje que, irónicamente, tiene menos diálogos pero más impacto visual y emocional.

La banda sonora de Isobel Waller-Bridge es otro acierto, complementando la atmósfera melancólica y esperanzadora del filme. Sin embargo, incluso aquí hay momentos en los que la música parece llenar vacíos narrativos en lugar de reforzar emociones ya establecidas.

En el contexto del género familiar y de animación, The Boy, the Mole, the Fox and the Horse se siente más como un compendio de pensamientos bonitos que como una historia cohesionada.

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