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Roberto Andò narra la conquista de Sicilia como un truco de ilusionista

Veronica Loop

Un ejército de voluntarios desembarca en una playa siciliana en clara inferioridad numérica, y el oficial que de verdad importa no es el que manda la columna más grande, sino el que entiende que un enemigo actúa según lo que se le muestra. Esa es la apuesta sobre la que Roberto Andò construye L’abbaglio, estrenada en el circuito internacional como The Illusion. La campaña que forjó la Italia unida llega aquí no como un desfile de heroísmo, sino como un problema de percepción, ganado al gobernar lo que el adversario cree ver.

La historia sigue al coronel Vincenzo Giordano Orsini, oficial de artillería en la expedición de Garibaldi, junto a dos sicilianos que se suman a la marcha: un campesino desarraigado y un ilusionista de escenario cuyo juego de manos resulta ser justo el instrumento que una fuerza pequeña necesita frente a una mayor. El título funciona en dos planos a la vez. Hay un mago en las filas y hay un engaño en el corazón del plan militar, y Andò deja que el arte del prestidigitador y la estrategia del general rimen hasta volverse indistinguibles.

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El reparto es la declaración de intenciones más clara. Toni Servillo interpreta a Orsini como el centro de gravedad de la película, el profesional contenido en torno al cual se ordena el caos, y el papel le ofrece a Andò la misma presencia ancla sobre la que ambos han edificado una larga colaboración. A su lado, Salvatore Ficarra y Valentino Picone, el dúo cómico siciliano de enorme seguimiento, encarnan al campesino y al ilusionista. Es el mismo trío que Andò reunió para su película sobre Pirandello, y juntar la contención de un actor trágico con el ritmo de una pareja cómica es una apuesta deliberada: que la guerra fundacional pueda sostener dos registros a la vez sin que uno devore al otro.

Andò ha dedicado su producción reciente a adaptar literatura y política en estudios de cámara sobre el poder y la puesta en escena, casi siempre con Servillo al frente. La sátira de un líder de partido desaparecido y reemplazado por su doble, el thriller a puerta cerrada de unos ministros de finanzas en torno a un monje silencioso: ambos convertían una institución en un escenario. L’abbaglio extiende ese interés a un lienzo mucho más amplio, un filme histórico con desembarcos y escaramuzas y un asunto de mito nacional, pero la obsesión del director es la misma. Vuelve una y otra vez a figuras que gobiernan mediante la dirección escénica, que vencen controlando lo que a los demás se les permite ver.

Lo que la película sostiene, en su estructura, es que el nacimiento de una nación fue en parte un acto teatral. Los Mil de Garibaldi estaban ampliamente superados por las fuerzas borbónicas que dominaban la isla, y el éxito improbable de la expedición siempre ha tenido algo de milagroso. Andò reformula el milagro como método. La victoria nace de una finta, de una impresión construida, de un truco ejecutado a la escala y en el momento justos. Orsini, el oficial de artillería que interpreta Servillo, fue en la vida real quien ideó una de las diversiones decisivas de la campaña, y la película trata esa maniobra como continua con el arte del ilusionista, no separada de él.

Es también donde L’abbaglio queda más expuesta. Injertar la comedia popular siciliana en el relato fundacional del país es una apuesta de tono, y no está garantizado que ambos registros se fundan en lugar de alternarse. La idea de la ilusión puede profundizar la historia o reducirla a una chanza. Ficarra y Picone convocan a un público amplio y fiel, pero ese afecto es sobre todo un fenómeno italiano, y la complicidad cómica en la que se apoyan no se traduce de forma automática fuera de sus fronteras. La película no resuelve ese nudo de antemano.

Servillo, Ficarra y Picone encabezan un reparto que incluye a Tommaso Ragno como Garibaldi, con Giulia Andò, Pascal Greggory y Leonardo Maltese. Andò dirige a partir de un guion que escribió con Massimo Gaudioso y Ugo Chiti. La película dura 131 minutos y entrelaza los tres registros que su clasificación declara sin rodeos: drama, comedia e historia.

L’abbaglio se estrenó en los cines italianos el 16 de enero de 2025 y llega a las salas surcoreanas el 10 de junio de 2026. Por ahora no hay estreno confirmado en España. Con lo visto hasta el momento, la apuesta de Andò es el tipo de riesgo que conviene correr: una película bélica que pregunta, en voz baja, si el arma decisiva fue alguna vez el fusil o siempre el relato construido a su alrededor.

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