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El talento de Mr. Ripley: el thriller que deja solo al asesino de Highsmith

Martin Cid
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Anthony Minghella conservó la trama de Patricia Highsmith y le cambió el precio: su Tom Ripley sigue saliendo impune, pero el último crimen le cuesta la única persona que lo quería. Esa decisión es la que todavía separa El talento de Mr. Ripley de todos los demás Ripley del cine.

Tom Ripley entra en la historia con una chaqueta prestada. Le basta un blazer de Princeton, que le han dejado para tocar el piano en una fiesta, para que el naviero Herbert Greenleaf confunda a este joven neoyorquino con un compañero de universidad de su hijo Dickie y le pague mil dólares por viajar a Italia y traerlo de vuelta. Matt Damon es Tom, Jude Law es Dickie, y la adaptación que Anthony Minghella hizo de la novela de Patricia Highsmith levanta todo lo que viene después sobre esa primera mentira, casi accidental.

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Dickie Greenleaf no tiene ninguna intención de volver. Vive en Mongibello, un pueblo costero italiano que no existe en el mapa, con el dinero de su padre, un velero, una buena colección de discos de jazz y una novia, Marge Sherwood, interpretada por Gwyneth Paltrow, que está escribiendo un libro sobre el lugar. Tom entra en ese mundo porque ha hecho los deberes: antes de llegar estudia jazz, porque sabe que a Dickie le apasiona, y se presenta como un viejo conocido de la universidad. Durante un tiempo el plan funciona. Dickie lo acoge, los informes al padre se espacian y el encargo de llevarse al hijo a casa se convierte, sin que nadie lo diga, en el proyecto de ser su mejor amigo.

Hasta que Dickie se aburre. Freddie Miles, un amigo ruidoso de su círculo al que da vida Philip Seymour Hoffman, calcula a Tom desde el primer momento, y Dickie empieza a hacer planes en los que él ya no cabe. En una pequeña barca frente a San Remo, mientras Dickie le dice que la amistad se ha terminado, Tom lo mata. Lo que viene después es la parte que casi todo el mundo recuerda: Tom se queda con el nombre de Dickie, con su firma, con su asignación mensual y con un piso en Roma, conserva su propio nombre para quienes lo conocieron como Tom y se pasa el resto de la película corriendo entre las dos vidas.

Dos personajes más hacen que esa doble vida sea cada vez más difícil de sostener. Meredith Logue, una heredera estadounidense interpretada por Cate Blanchett, conoció a Tom el mismo día de su llegada a Italia, cuando él se presentó como Dickie Greenleaf; es una invención del guion, y la testigo más peligrosa de la película precisamente porque solo conoce el nombre falso. Peter Smith-Kingsley, al que interpreta Jack Davenport, es un músico de Venecia cuyo papel Minghella amplió mucho respecto al libro, y que le ofrece a Tom algo parecido a una vida que de verdad podría conservar.

A su alrededor el cerco se estrecha. Freddie se presenta en Roma preguntando por Dickie, el inspector Roverini, de la policía italiana, empieza a hacer sus propias preguntas y Herbert Greenleaf contrata a un detective privado estadounidense, Alvin MacCarron, encarnado por Philip Baker Hall, para averiguar qué le ha pasado a su hijo. Marge, que nunca se fio de Tom, es la única lo bastante cerca como para fijarse en los detalles. Cada salida que Tom improvisa le compra un poco de tiempo y le quita algo que ya no puede recuperar.

De la novela de Highsmith al guion de Minghella

Patricia Highsmith publicó El talento de Mr. Ripley en 1955, cuatro años después de que Alfred Hitchcock llevara al cine su primera novela, Extraños en un tren, y no soltó al personaje durante décadas: le dedicó cuatro secuelas que los lectores agrupan hoy bajo el nombre de la Ripliada. Su Tom es un oportunista alegre. La novela lo acompaña hasta el asesinato y lo saca de él casi sin rastro de consecuencias, y termina con él en Grecia, rico gracias al dinero de Dickie y preocupado solo por si habrá policías esperándolo en cada puerto. Esa ligereza, un asesino por el que el lector acaba tomando partido casi contra su voluntad, es el motor del libro y la razón por la que el personaje aguantó cinco novelas.

Minghella, que firmó el guion además de dirigir, mantuvo el esqueleto de la trama y le cambió la temperatura. Hizo explícita la atracción de Tom por Dickie, que en la novela queda en el subtexto, añadió a Meredith, dio mucho más peso a Peter y reescribió el final: en un barco rumbo a Grecia, Tom mata a Peter para que Meredith no descubra su secreto. El Ripley de la película sigue saliendo libre. Lo que ocurre es que paga su libertad con la única relación en la que no estaba fingiendo, y la historia se cierra sobre esa pérdida y no sobre la huida.

Ahí está la diferencia más clara con A pleno sol, la adaptación francesa que René Clément rodó en 1960 con Alain Delon como Tom, y con los Ripley que vinieron después. Wim Wenders convirtió El juego de Ripley en El amigo americano, con Dennis Hopper; Liliana Cavani filmó esa misma novela con su título original y John Malkovich al frente, y la serie Ripley de Steven Zaillian para Netflix, en blanco y negro, le dio a Andrew Scott ocho episodios para el papel. Cada una lee al personaje a su manera. La de Minghella es la que más se interesa por lo que las mentiras le cuestan al mentiroso.

El reparto y el equipo detrás de la película

Para Matt Damon el papel llegó justo después de su despegue. Acababa de ganar el Oscar al mejor guion original por El indomable Will Hunting, escrito con Ben Affleck, y venía de ser el soldado al que todos buscaban en Salvar al soldado Ryan, de Steven Spielberg. Ripley le pedía lo contrario de esa imagen abierta y simpática: un joven para quien el encanto es una herramienta y cada amabilidad tiene un propósito. Años antes de Jason Bourne y de Marte, sigue siendo el protagonista más oscuro de la primera etapa de su carrera.

Visto hoy, el reparto secundario parece un adelanto de la década siguiente. Jude Law ganó el BAFTA al mejor actor de reparto y logró su primera nominación al Oscar como Dickie, el papel que lo dio a conocer al gran público estadounidense. Gwyneth Paltrow llegaba pocos meses después de ganar el Oscar a la mejor actriz por Shakespeare enamorado, Cate Blanchett venía de Elizabeth y Philip Seymour Hoffman, que ese mismo año también estaba en Magnolia, tenía un puñado de escenas como Freddie, mucho antes de su propio Oscar por Capote.

Detrás de la cámara, Minghella recuperó buena parte del equipo de El paciente inglés, la película que había ganado nueve Oscar, entre ellos los de mejor película y mejor dirección. John Seale firmó la fotografía, Walter Murch el montaje y Gabriel Yared la música, que después ganó el Critics’ Choice a la mejor banda sonora. Aquí la música forma parte de la trama: el jazz es el idioma que Tom aprende para acercarse a Dickie, y la banda sonora combina la partitura de Yared con jazz de la época y con Tu vuò fà l’americano, el éxito napolitano de Renato Carosone. Las islas de Ischia y Procida, en el golfo de Nápoles, hicieron de Mongibello, y el rodaje continuó en Roma y Venecia.

Miramax y Paramount Pictures se repartieron la película: Paramount se encargó del estreno en Norteamérica y Miramax International del resto del mundo, con un presupuesto de unos 40 millones de dólares. Se estrenó en Estados Unidos el día de Navidad de 1999, dura algo más de dos horas y cuarto y sumó cinco nominaciones a los Oscar: mejor actor de reparto para Law, mejor guion adaptado para Minghella, mejor banda sonora original para Yared, además de vestuario y dirección artística.

Más de un cuarto de siglo después, El talento de Mr. Ripley es la adaptación que se toma más en serio la soledad del personaje. El Tom de Highsmith se libró del asesinato y siguió sonriendo durante cuatro libros más; el de Minghella también se libra, pero pierde a la única persona que sabía quién era de verdad. Si eso es una traición a la novela o su lectura más interesante es la discusión que la película no deja de abrir, y por eso esta versión vuelve a la conversación cada vez que aparece un nuevo Ripley.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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