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Jude law domina un thriller crudo y visceral»: veredicto real de la crítica

Veronica Loop
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La escena inicial de «The Order» es un golpe seco: dos hombres arrastran un cuerpo en la oscuridad del bosque, el crujir de las hojas bajo sus botas, el silencio cómplice de la noche. No hay música, no hay diálogos innecesarios. Solo el sonido del crimen y la complicidad de la tierra que lo oculta. Es una introducción que no deja lugar a dudas: esto será crudo y visceral.

Dirigida por Justin Kurzel —el mismo cineasta detrás de Snowtown (2011), un retrato despiadado del crimen en Australia— esta película de 2024 se basa en hechos reales de los años 80, cuando un grupo supremacista blanco conocido como «The Order» sembró el terror en el Pacífico Noroeste. Jude Law encarna a Terry Husk, un agente del FBI que, tras años persiguiendo a la Klan y la Cosa Nostra, se ve envuelto en una trama que mezcla robos violentos, bombas y un plan para derrocar al gobierno federal.

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El núcleo interpretativo es lo primero que destaca. Law está magnético, con esa barba descuidada y mirada cansada que transmite la carga emocional de su personaje: un hombre que busca redención profesional mientras intenta reconstruir su vida familiar. Hay una escena en particular —cuando Husk visita a su hija y le muestra fotos de su infancia— donde el actor logra transmitir años de arrepentimiento con solo una mirada. Pero el verdadero robo de escena es Nicholas Hoult como Robert Jay Mathews, líder carismático y perturbadoramente convincente del grupo supremacista. Hoult no solo domina las escenas dialógicas —como cuando habla con fervor mesiánico sobre su causa— sino que también imprime una presencia física intimidante, especialmente en los momentos de violencia.

La dirección de Kurzel es otro punto fuerte. El cineasta australiano tiene un talento especial para crear atmósferas opresivas. En «The Order», juega con la luz y las sombras para construir una sensación de peligro constante. Las escenas en el bosque, por ejemplo, están rodadas con una paleta de colores fríos que resalta la crudeza del entorno natural. Y cuando llega el momento de la acción —como en la persecución del camión blindado—, Kurzel opta por planos largos y movimientos de cámara fluidos que mantienen la tensión sin recurrir a cortes frenéticos.

El guión, escrito por Zach Baylin, se apoya en el libro The Silent Brotherhood (1989) y logra equilibrar el ritmo de un thriller policial con el peso de un drama histórico. La investigación de Husk sobre «The Turner Diaries» —un manual de terrorismo racial— añade capas de complejidad política, aunque a veces la trama se pierde en detalles que diluyen su impacto emocional. Por ejemplo, la subtrama del FBI y sus burocracias internos, aunque necesaria para el realismo, ralentiza el ritmo en momentos clave.

Donde falla es en la estructura narrativa. El filme intenta abarcar demasiado: la vida personal de Husk, el ascenso del grupo supremacista, las tensiones internas entre sus miembros y los giros políticos. Hay momentos en que la película se siente fragmentada, como si Kurzel no pudiera decidir si quería hacer un retrato íntimo o una épica histórica. Además, algunos personajes secundarios —como Joanne Carney (Jurnee Smollett-Bell)— quedan subutilizados, reducidos a meros apoyos para el desarrollo de Husk.

Aún así, «The Order» destaca por su relevancia actual. Jude Law ha señalado en entrevistas que las temáticas del filme resuenan hoy más que nunca: el auge del supremacismo blanco y la polarización política. Kurzel no busca moralizar; prefiere mostrar, dejar que las imágenes hablen por sí mismas.

Comparada con otras películas del género, «The Order» se sitúa en un terreno intermedio entre el thriller político de Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017) y el drama histórico de BlacKkKlansman (2018). Pero donde realmente brilla es en su capacidad para mantener la tensión sin caer en el sensacionalismo. A diferencia de las películas que abordan el terrorismo doméstico desde una perspectiva más íntima, «The Order» opta por un enfoque más amplio, explorando las conexiones entre los actos individuales y los movimientos políticos más grandes.

El público al que va dirigida es claro: los aficionados al cine de suspense político y los seguidores del trabajo de Kurzel. Pero también tiene algo que ofrecer a quienes buscan una reflexión sobre la historia reciente y sus ecos en el presente. La película no es fácil, ni está diseñada para serlo. Requiere atención y disposición para sumergirse en un mundo oscuro y complejo.

Veredicto: Es una película sólida, con actuaciones memorables —especialmente las de Law y Hoult— y un director que domina el lenguaje visual, pero que se tambalea bajo su propia ambición narrativa.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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