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A Castle for Christmas: Brooke Shields salva una comedia romántica predecible

Martin Cid

La escena de apertura lo dice todo: Brooke Shields, con un vestido rojo vibrante, es escoltada por guardias de seguridad mientras se apresura desde su lujoso apartamento hasta una limusina esperándola. Es Sophie Brown, una autora de bestsellers en medio de un escándalo público tras matar al protagonista masculino de su serie más popular. Esta imagen —Shields, elegante y compuesta, pero con una urgencia palpable— establece el tono de A Castle for Christmas: una comedia romántica navideña que oscila entre lo pretencioso y lo descaradamente entretenido.

Dirigida por Mary Lambert (Pet Sematary, 1989), la película sigue a Sophie mientras huye a Escocia, donde se enamora de un castillo en ruinas y del duque gruñón que lo posee. Con un elenco encabezado por Shields y Cary Elwes (conocido por The Princess Bride), la producción de Netflix de 2021 es un ejercicio de nostalgia kitsch, lleno de estereotipos escoceses y momentos dignos de una película de Hallmark.

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Lo que funciona es la química entre Shields y Elwes. Hay una escena en particular en el pub local donde la tensión romántica se cocina a fuego lento con diálogos ingeniosos y miradas cargadas de significado. Shields, además, roba cada escena en la que aparece, demostrando por qué sigue siendo un nombre familiar después de décadas en la industria. Su interpretación de Sophie —una mezcla de vulnerabilidad y determinación— le da capas al personaje que, de otro modo, podrían haber sido planos.

La fotografía también destaca, capturando los paisajes escoceses con una belleza casi pintoresca. Los interiores del castillo, con sus techos altos y paredes de piedra, añaden un aire gótico a la historia, aunque el diseño de producción tropieza cuando intenta mostrar las «problemáticas» habitaciones sin electricidad o el sistema de plomería defectuoso.

Donde la película falla es en su guión, que depende demasiado de clichés y giros predecibles. La trama principal —Sophie quiere comprar el castillo, Myles no quiere venderlo— se repite una y otra vez sin ninguna evolución real. Los personajes secundarios, como los miembros del club de tejido local o el editor impaciente de Sophie, son esbozos bidimensionales que existen únicamente para avanzar la trama.

Además, la película cae en estereotipos escoceses irritantes: acentos exagerados, nombres ridículos (como «Hamish») y una escena particularmente dolorosa donde un personaje usa un redingote sobre un kilt. Estos momentos no solo son ofensivos, sino que distraen de la historia central.

La dirección de Lambert es competente pero sin inspiración. Hay muy pocos planos memorables o secuencias visualmente interesantes. La estructura narrativa sigue un camino predecible, con un tercer acto que se resuelve demasiado fácilmente después de una serie de malentendidos igualmente previsibles.

Verdict: A Castle for Christmas es un divertimento navideño que funciona mejor como fondo para una tarde de domingo lluvioso que como una experiencia cinematográfica memorable.

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