Cine

Will: un viaje de autodescubrimiento en la naturaleza salvaje».

Alice Lange
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La cámara se acerca lentamente al rostro de Masahiro Higashide, sucio y cubierto de barba, mientras sus ojos escrutan el bosque que lo rodea. Este es el mundo que ha elegido: sin electricidad, sin conexión, solo él contra la naturaleza. Así comienza Will (2024), el documental de Elizabeth Miyaji que sigue al actor japonés en su experimento de supervivencia extrema. La película no es solo un registro de habilidades rústicas; es una exploración íntima de la psique humana cuando se enfrenta a la soledad absoluta.

Miyaji, conocida por su sensibilidad visual y narrativa minimalista, elige aquí un enfoque documental que prioriza la autenticidad sobre el drama. La cámara, operada con mano firme pero discreta, captura cada detalle del entorno: la textura de la corteza de los árboles, el movimiento de las hojas al caer, el reflejo del sol en un arroyo. Estos elementos no son meros decorados; son personajes silenciosos que interactúan con Higashide. La fotografía, cruda y sin filtros, recuerda a trabajos como Into the Wild (2007), pero con una paleta de colores más sobria y naturalista.

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El documental se divide en tres actos: la adaptación inicial, el aislamiento prolongado y las conexiones humanas eventuales. El primer acto es el más fuerte, donde Higashide construye su refugio y aprende a cazar. La cámara lo sigue de cerca mientras él lucha contra el frío, la fatiga y la desesperación. Hay una escena particularmente potente en la que intenta encender un fuego con las manos temblorosas; el plano se mantiene firme mientras las llamas finalmente prendan, iluminando su rostro exhausto pero triunfante.

Sin embargo, el segundo acto pierde algo de su intensidad. Miyaji introduce a otros personajes, como Tatsuya Mori, cuyo papel no queda del todo claro. Las interacciones entre ellos son interesantes, pero diluyen el enfoque en Higashide. La película parece indecisa sobre si quiere ser un estudio de supervivencia individual o una exploración más amplia de la comunidad humana.

Otro aspecto que merece mención es la banda sonora. Aunque minimalista, el uso de efectos ambientales —el viento, los pájaros, el crujir de las ramas— es efectivo para sumergir al espectador en el entorno. Sin embargo, hay momentos en los que el silencio parece demasiado prolongado, como si Miyaji estuviera compensando la falta de diálogo con pausas dramáticas. Esto rompe la inmersión y recuerda al espectador que está viendo una producción.

A pesar de estos tropiezos, Will ofrece un retrato íntimo y sin filtros de Higashide, quien entrega una actuación natural que trasciende el ámbito actoral para convertirse en un estudio antropológico. La película cuestiona qué significa ser humano cuando se elimina lo superfluo, aunque a veces la respuesta se pierde entre los árboles.

La dirección de Miyaji es segura pero no innovadora. Su enfoque documental recuerda a trabajos como Man on Wire (2008), pero carece del mismo nivel de tensión narrativa. La película también adolece de una estructura algo desequilibrada, con un final que parece apresurado y poco concluyente.

En cuanto al público objetivo, Will apela a los aficionados al cine documental y a aquellos interesados en la supervivencia extrema. Sin embargo, puede resultar demasiado lenta para espectadores casuales. La película no ofrece respuestas fáciles ni moralejas claras; es más bien una meditación visual sobre la soledad y la conexión humana.

Comparada con otros documentales recientes como The Territory (2023), Will destaca por su enfoque íntimo pero sufre por su falta de un arco narrativo claro. Mientras que The Territory combina historia, política y drama humano en una narrativa cohesiva, Will se queda en la superficie de sus temas.

En resumen, Will es una película visualmente impresionante pero narrativamente desigual. Miyaji demuestra habilidad para capturar la belleza cruda de la naturaleza y la vulnerabilidad humana, pero la falta de un enfoque claro y un ritmo irregular lastran su impacto. Aún así, vale la pena verla por el retrato íntimo de Higashide y las preguntas incómodas que plantea sobre nuestra relación con el mundo natural.

MCM Score: 6.7/10 — craft 2 / story 1.5 / performances 2 / originality 1.5 / genre_fit 1.7.

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