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Wire Room: Tensión frustrada por guión confuso

Martin Cid
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La escena inicial de Wire Room es un ejercicio de tensión frustrada: vemos a Kevin Dillon, como el agente Justin Rosa, monitoreando a Eddie Flynn (Oliver Trevena), un traficante de armas, mientras un equipo SWAT irrumpe en la casa de este último. La promesa de acción inmediata y decisiones desesperadas se disuelve rápidamente en una maraña de diálogos repetitivos y planos estáticos que parecen más preocupados por llenar tiempo que por construir suspense. Esta apertura define el tono de toda la película: un thriller de acción que nunca logra despegar.

Dirigida por Matt Eskandari, esta película de 2022 es un producto de Lionsgate Films que sufre de una identidad dividida. Por un lado, quiere ser un ejercicio claustrofóbico al estilo The Wire, donde la tensión surge de las conversaciones y el monitoreo remoto; por otro, aspira a ser un espectáculo de balaceras al más puro estilo Die Hard. El problema es que no logra equilibrar ninguno de estos elementos. La estructura se siente desequilibrada: largos pasajes de diálogos tediosos son interrumpidos por secuencias de acción que, lejos de ser emocionantes, resultan confusas y mal editadas.

El guión de Brandon Stiefer es el principal culpable de esta falta de coherencia. La premisa de un agente que debe proteger a un informante desde una habitación remota no es nueva, pero podría haber dado lugar a un thriller psicológico interesante si se hubiera explorado con más profundidad. Sin embargo, el guión opta por la fórmula más sencilla: un héroe inepto que debe salvar el día mediante una serie de decisiones desesperadas. Justin Rosa, interpretado por Kevin Dillon, es un personaje pasivo cuya evolución se limita a romper protocolos y contactar directamente al informante. Esta falta de desarrollo hace que sea difícil empatizar con él, y sus acciones carecen del peso emocional necesario para mantener al espectador involucrado.

Bruce Willis, en uno de sus últimos papeles antes de su retiro debido a su diagnóstico de demencia frontotemporal, parece estar en piloto automático. Su personaje, Shane Mueller, es un arquetipo del veterano cínico que ha visto demasiado, pero Willis no logra infundirle la profundidad necesaria para hacer creíble su presencia. La química entre Dillon y Willis brilla por su ausencia, y sus interacciones carecen de la tensión y el conflicto que podrían haber elevado el material.

La dirección de Eskandari es funcional pero carece de visión. Los planos son estáticos y la edición es descoordinada, lo que hace que incluso las escenas más intensas pierdan impacto. La película parece haber sido rodada con un presupuesto limitado, y esto se nota en la calidad de las secuencias de acción. Las críticas señalan, con razón, que las escenas de acción son repetitivas y aburridas, un problema grave para una película que se vende como un thriller de alto octanaje.

La banda sonora, aunque no destaca por su originalidad, cumple su función sin añadir nada memorable a la experiencia cinematográfica. La música es genérica y carece del impacto emocional necesario para elevar las escenas clave. El diseño de producción es igualmente olvidable, con una «sala de cables» que parece más un set barato que un centro de comando high-tech.

Donde Wire Room realmente falla es en su falta de originalidad. La premisa de un agente que debe proteger a un informante desde una habitación remota no es nueva, y el guión de Stiefer no aporta nada fresco al género. Las revelaciones del tercer acto son predecibles, y la resolución se siente apresurada y poco satisfactoria. La película parece haber sido concebida como un producto de consumo rápido, destinado a llenar los estantes de las tiendas de DVD y Blu-ray sin dejar ninguna huella duradera.

El público al que va dirigida Wire Room es difícil de determinar. No ofrece suficiente profundidad para los aficionados al thriller psicológico, ni la emoción y la acción suficientes para los fanáticos del género de acción. Es una película que parece haber sido hecha con un ojo puesto en el mercado del vídeo bajo demanda (VOD), donde las expectativas son más bajas y los espectadores están dispuestos a aceptar productos de menor calidad.

En definitiva, Wire Room es una película que promete más de lo que puede entregar. Su mezcla de géneros y su falta de coherencia narrativa la convierten en un producto olvidable, incluso para los fanáticos del género de acción. La dirección es funcional pero carece de visión, el guión es predecible y los actores no logran salvar el material.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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