Estilo

El Salone del Mobile abre su primera sala para objetos irrepetibles

Formafantasma diseñó el espacio. Annalisa Rosso lo curó. Y los veinticinco expositores internacionales que llegaron a Milán traen piezas únicas a una feria que, en sesenta y cuatro ediciones, nunca había tenido un espacio para ellas.
Jun Satō

Salone Raritas abrió esta semana en los pabellones de Fiera Milano Rho como algo que la feria más grande de muebles del mundo no había tenido antes: una sala entera para objetos que no se van a fabricar en serie. Lo que rodea a esa sala sigue siendo el Salone de siempre — sistemas de cocina, colecciones de baño, sofás por catálogo. La diferencia de lógica entre lo de dentro y lo de fuera es el núcleo de lo que hace interesante a Raritas, y también de lo que hace incierta su apuesta.

La nueva sección, subtitulada «Curated icons, unique objects, and outsider pieces», ocupa los pabellones 9 a 11 de la feria en Rho. Es el primer movimiento formal del Salone hacia un mercado que ferias como Design Miami, PAD London o la BRAFA de Bruselas tardaron dos décadas en construir: el diseño coleccionable, donde el valor de un objeto lo fijan la autoría y la procedencia, no el volumen fabricado. Esas ferias construyeron sus bases de coleccionistas en contextos concebidos específicamente para ellos. Raritas intenta llegar al mismo público en un único ciclo ferial, dentro de un recinto que el martes por la mañana estaba lleno de compradores de producción industrial.

El diseño del espacio es, en sí mismo, una declaración de principios. Formafantasma —el estudio de Simone Farresin y Andrea Trimarchi, con sede entre Ámsterdam y Milán— concibió una disposición circular que funciona como una linterna arquitectónica: cada elemento estructural está diseñado para desmontarse y reutilizarse en ediciones futuras. En una feria cuya economía ha dependido históricamente del espectáculo y el despliegue, ese compromiso con el residuo cero es inusual. No es un gesto, es una restricción de diseño que se nota.

La participación de Formafantasma tampoco es circunstancial. El dúo lleva años construyendo argumentos —en exposiciones en el MoMA de Nueva York, el Cooper Hewitt y el Moderna Museet de Estocolmo— sobre la imposibilidad de separar el diseño de sus materiales y de la política de su producción. Incorporarlos a nivel institucional dentro del Salone es una señal sobre lo que la feria quiere que Raritas signifique. Annalisa Rosso, directora editorial y asesora cultural del Salone, curó el programa con ese mismo peso.

El diseño coleccionable ocupa un territorio incómodo dentro del mercado. Las casas de subastas solo lo absorben cuando una pieza ha cruzado el umbral de precio de un prototipo de Prouvé o un bronce de Lalanne —objetos que hace tiempo migraron hacia las ventas de arte. Por debajo de ese nivel existe un campo extenso de trabajo de estudio en tiradas reducidas, donde el valor depende de la autoría, pero la infraestructura para comprarlo y venderlo sigue siendo incipiente. Ese es el territorio que Raritas quiere ocupar.

Si el coleccionista va a desplazarse hasta Rho para encontrarlo es la pregunta que la primera edición aún no ha respondido. Design Miami y PAD construyeron sus audiencias durante años, en contextos donde el comprador era la única preocupación; en el Salone, el público principal sigue siendo el arquitecto de proyectos por contrato, el especificador, el comprador de series. Raritas ocupa los pabellones 9 a 11. Los sistemas de cocina están en el pabellón de al lado. Las dos economías no hablan el mismo idioma — y de momento no está claro quién va a ceder primero.

La 64ª edición del Salone del Mobile cierra el 26 de abril, cuando la feria abre sus puertas al público general. Esa misma semana, Formafantasma presenta Prada Frames, un simposio y exposición en Santa Maria delle Grazie. Lo que quede claro entonces —si los coleccionistas acudieron o si los compradores de producción pasaron de largo— dirá más sobre el futuro del diseño coleccionable que cualquier declaración de intenciones.

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