Finanzas y Negocios

El CEO de Nvidia, Jensen Huang, pide a la banca financiar chips de Nvidia con las neoclouds en apuros

Nvidia quiere que los bancos concedan préstamos con sus GPU. El mercado de crédito ya está valorando cuánto valen esas GPU cuando una neocloud se queda sin efectivo.
Victor Maslow
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Jensen Huang tiene un nuevo público para su discurso comercial, y no es un laboratorio de IA. El consejero delegado de Nvidia quiere que los bancos y los fondos de crédito traten los chips de la compañía como si fueran aviones o edificios de oficinas: activos que sirven como garantía para obtener financiación. Defendió esta idea en los márgenes de GTC Berlin, precisamente la semana en que las empresas que pedirían esos préstamos veían cómo sus propios bonos cotizaban como deuda en dificultades.

Su diagnóstico es que a las neoclouds, las empresas que compran GPU de Nvidia y alquilan capacidad a los desarrolladores de IA, no les faltan clientes, sino efectivo. La mayoría de las informaciones presentaron esa idea como un mensaje tranquilizador. Vista desde el lado del prestamista, sin embargo, resulta menos reconfortante: el proveedor está pidiendo al mercado de crédito que financie sus propias ventas.

Qué pidió Jensen Huang a los prestamistas en GTC Berlin

«Una de las cosas que estamos intentando hacer es establecer la capacidad de computación de Nvidia como un activo financiable», dijo Huang a CNBC. «El valor residual de nuestra capacidad de computación, al ser fungible, tan productiva y tan duradera, está convirtiéndose en una clase de activo». Sobre la demanda fue aún más directo: «Si nos fijamos en los fundamentales, la demanda de las neoclouds está por las nubes. Sus capacidades son extraordinarias, así que lo que falta en medio es capital circulante para impulsar ese crecimiento, para financiarlo».

Según Huang, falta capital porque muchos sectores de la IA compiten por el mismo dinero, y las neoclouds necesitan crecer para construir lo que él llamó «excelencia regional». Sus declaraciones llegan después del plan de financiación de IA de 500.000 millones de dólares que Nvidia anunció en agosto junto con Apollo, BlackRock, Blackstone, Brookfield, Goldman Sachs y KKR. El mercado no las recibió como un mensaje tranquilizador. Wedbush afirmó que sus comentarios sobre la financiación de las neoclouds contribuyeron a las ventas del jueves, en la peor sesión del Nasdaq desde junio.

Los prestamistas ya están poniendo precio a las garantías

La palabra clave del discurso es «duradero». Una garantía vale lo que se puede obtener por ella cuando el prestatario incumple, y el mercado de crédito ya está poniendo precio a ese escenario. Los bonos de CoreWeave al 9,75 %, con vencimiento en 2031, cayeron hasta unos 79 centavos por dólar, con una rentabilidad cercana al 16 %, y su emisión al 9,625 % bajó a 77,5 centavos, según informó PitchBook.

La durabilidad es también el aspecto de la afirmación que Nvidia está menos capacitada para avalar. Las nuevas generaciones de GPU pueden erosionar el valor de los equipos antiguos, y Gartner calcula que los deterioros potenciales de la infraestructura de IA superarán los 3,5 billones de dólares antes de que acabe la década. Esa misma semana, Nvidia presentó DSX POD, un diseño de referencia en contenedores para sus fábricas de IA Vera Rubin. Una empresa cuyo negocio depende de que el hardware del año pasado parezca lento no es un tasador imparcial de cuánto tiempo conservará ese hardware su valor.

La demanda de las neoclouds es real; la brecha está en el efectivo

Huang no se inventa la demanda. Michael Intrator, consejero delegado de CoreWeave, dijo a sus empleados que una cartera de contratos pendientes de unos 104.000 millones de dólares cubre con creces la deuda de la compañía, y que los mercados pueden «malinterpretar la situación y actuar de forma irracional». Ophir Nave, director de operaciones de Nebius, señaló que la empresa tiene contratos de larga duración con clientes por unos 40.000 millones de dólares que podrían servir como garantía. Pero una cartera de pedidos representa ingresos futuros sujetos a que se cumplan las entregas, no dinero disponible. La factura de intereses de CoreWeave en el segundo trimestre fue de 640 millones de dólares, frente a 128 millones de beneficio operativo ajustado, y Gil Luria, de D.A. Davidson, calcula que la empresa se endeuda a un coste aproximado del 9 % mientras obtiene una rentabilidad cercana al 1 %.

La vía bursátil también se estrecha. Elice Group, presentada como la CoreWeave surcoreana, tuvo una demanda casi 400 veces superior a la oferta y fijó el precio en la parte alta del rango previsto; aun así, sus acciones cayeron más de un 32 % en su debut en el KOSDAQ. La australiana Firmus Technologies aparcó su salida a bolsa en menos de tres días, y la cancelación por parte de Microsoft de un acuerdo para un centro de datos en el Reino Unido ensombreció los planes de OPV de Nscale. Nebius, que Invezz describe como respaldada por Nvidia, acaba de obtener una línea de crédito de 3.500 millones de dólares de Citi, con vencimiento a 364 días. Financiación a corto plazo para activos a largo plazo.

Nvidia está a ambos lados del préstamo

Este es el movimiento que subyace a la noticia. Nvidia vende los chips, ha respaldado a algunos de sus compradores y ahora quiere influir en cómo valoran los prestamistas las garantías. Cada GPU financiada supone una venta contabilizada por una empresa que declaró unos ingresos de 96.200 millones de dólares en el segundo trimestre, un 106 % más. Si los acreedores aceptan la tesis de Huang sobre el valor residual, el riesgo del ciclo pasa de la cartera de pedidos de Nvidia a sus propios balances. Gartner prevé que hasta el 80 % de las neoclouds dejarán de operar de forma independiente antes de 2030.

Las próximas pruebas no tardarán: los resultados trimestrales de CoreWeave en noviembre, la rentabilidad de sus bonos y la posibilidad de que algún prestamista incorpore la «clase de activo» de Huang a las condiciones de un préstamo real. En el escenario de GTC, él mismo hizo las cuentas: una fábrica de IA de un gigavatio cuesta unos 50.000 millones de dólares, podría generar alrededor de 40.000 millones al año y, por tanto, un retraso de tres meses cuesta unos 10.000 millones, algo que, según dijo, «pondría nervioso a cualquiera».

Un prestamista lee esa cifra desde el otro lado. Un retraso de tres meses es exactamente el escenario para el que se prepara un acreedor, y la garantía que queda dentro de ese edificio inactivo es el activo que Huang les pide valorar basándose en su palabra.

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