Finanzas y Negocios

EQT compra Qiagen por 10.800 millones y blinda la opa contra los fondos que frenaron a Thermo Fisher

EQT ofrece 46,50 euros por acción, una prima del 40,3 %, con un umbral de voto del 80 % y una advertencia a los fondos especulativos escrita en el acuerdo
Victor Maslow
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EQT va a comprar Qiagen, la empresa cuyos kits extraen ADN y ARN de muestras de sangre y tejidos en hospitales y laboratorios de investigación de todo el mundo. La firma sueca de capital riesgo ha estructurado la operación de tal forma que un pequeño grupo de accionistas disidentes tendrá dificultades para bloquearla. Los consejos de administración de Qiagen respaldan por unanimidad la oferta en efectivo.

Más allá de los parqués, lo que está en juego se encuentra en los laboratorios. Los kits y los instrumentos de Qiagen son el primer paso, poco vistoso pero imprescindible, de innumerables diagnósticos —desde las pruebas de detección de la tuberculosis hasta las de cáncer— y de buena parte de la investigación farmacéutica y forense. Este proveedor está a punto de abandonar la bolsa para pasar a manos de un propietario cuyo modelo consiste en venderlo de nuevo con beneficios.

La sombra de la oferta fallida de Thermo Fisher

Qiagen, un grupo registrado en Países Bajos y dirigido desde Hilden, cerca de Düsseldorf, ya ha pasado por esto. En 2020, Thermo Fisher ofreció 39 euros por acción y después 43, pero la operación se vino abajo cuando acudieron a la oferta algo más del 47% de las acciones, por debajo de los dos tercios que necesitaba. El fondo de cobertura Davidson Kempner encabezó la oposición: sostenía que el precio no tenía en cuenta la demanda de productos de diagnóstico de Qiagen durante la pandemia y que la empresa valía entre 48 y 52 euros por acción por sí sola.

Con el tiempo, esa apuesta salió mal. Antes de que las informaciones sobre el interés de compra impulsaran la cotización en julio, Qiagen cerró a 33,15 euros. La oferta de EQT, de 46,50 euros, supone una prima del 40,3% sobre ese precio y apenas 3,50 euros más por acción que lo que Thermo Fisher puso sobre la mesa seis años atrás.

Una compra diseñada para imponerse a los accionistas disidentes

Esta vez, el umbral de aceptación es una mayoría simple de las acciones más una. Tras el cierre de la operación, EQT prevé adoptar medidas societarias que le permitirían hacerse con todo el negocio y pagar en efectivo el mismo precio a los accionistas que aún permanezcan en la empresa, descontadas las retenciones fiscales; podrían acabar recibiendo menos que si hubieran acudido a la oferta. Los consejos de Qiagen ejecutarán esas medidas si las aprueba el 80% de los votos emitidos en una junta extraordinaria, aunque también podrán seguir adelante con un porcentaje menor si el apoyo a la operación es muy amplio.

Para valorar ese respaldo, la empresa afirma que podría ponderar los votos de los accionistas a largo plazo frente a los de los inversores que compren acciones tras el anuncio con el fin de frustrar la operación o aplicar estrategias de fondos de cobertura basadas en acontecimientos corporativos. Para quien espere repetir la jugada de Davidson Kempner, el contrato incluye una advertencia clara.

Qué le debe una Qiagen privada a sus laboratorios

El consejero delegado, Jonathan Pratt, presentó la propiedad privada como una vía para ganar velocidad: la empresa podrá «avanzar más rápido y tener mayor libertad para destinar recursos a las oportunidades más atractivas». EQT ha asumido compromisos sobre la estrategia, las marcas, los centros, la investigación y la plantilla de Qiagen, y el grupo conservará su nombre. Esas promesas son importantes para los aproximadamente 5.400 empleados de Qiagen, pero el anuncio no especifica durante cuánto tiempo estarán vigentes. La compra también se apoya en financiación bancaria comprometida, que una empresa adquirida suele devolver con su propio flujo de caja; los clientes de hospitales y centros de investigación serían quienes notarían esa presión en los precios y en las prioridades de producto.

El momento elegido plantea otra cuestión. Junto con el anuncio de la operación, Qiagen comunicó unas ventas netas preliminares de 548 millones de dólares en el tercer trimestre y suspendió sus previsiones para todo el año. Por tanto, los accionistas tendrán que valorar la oferta sin contar con las propias estimaciones de la empresa para el resto del ejercicio.

El Financial Times la describió como una de las mayores operaciones de exclusión de bolsa de Europa de este año. EQT, que gestiona 354.000 millones de euros, incorpora como coinversores a la Abu Dhabi Investment Authority y a CPP Investments, de Canadá.

La operación valora Qiagen en unos 10.800 millones de euros, incluida una deuda neta de aproximadamente 1.100 millones de dólares. El documento de la oferta aún debe recibir la aprobación del regulador financiero alemán, Bafin, y la transacción necesita autorizaciones en materia de control de concentraciones e inversión extranjera. Se espera que el cierre tenga lugar a mediados de 2027. Si los reguladores siguen examinándola diez meses después del anuncio, Qiagen podrá abonar un dividendo a cuenta de hasta 0,47 dólares por acción, además del precio de la oferta. Cuando EQT asuma el control total, Qiagen dejará de cotizar en Fráncfort y Nueva York.

Los inversores que rechazaron los 43 euros por acción en 2020 apostaban por que Qiagen valdría más por su cuenta. Seis años después, el mercado la valoraba en 33 euros, y el nuevo comprador se ha asegurado de que esa apuesta ya no pueda plantearse de la misma manera.

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