Música

Con ‘Métèque et mat’ Akhenaton convirtió un insulto en piedra angular del rap francés

El debut en solitario del marsellés de IAM se sigue escuchando como un manifiesto, no como un paréntesis.
Alice Lange

Akhenaton nunca trató ‘Métèque et mat’ como un paréntesis entre dos discos de IAM. El título solo ya colocaba el tablero: en francés, ‘mat’ es la jugada final de ‘échec et mat’ (jaque mate), y ‘métèque’ es el insulto que recae sobre quien viene de fuera. El disco dice que el de fuera mueve la última pieza.

La construcción del álbum se sostiene precisamente en esa tensión. Philippe Fragione (el nombre real de Akhenaton) toma una palabra que la chanson francesa ya había puesto del revés (Georges Moustaki la había convertido en un signo de orgullo) y le añade la sequedad del francés que se habla en Marsella, los relatos de barrio, los bajos que se toman su tiempo. El resultado no es un disco de invectivas: es un libro de autor, escrito a la altura humana por alguien que sabe que la primera persona, en el rap francés, vale como firma.

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Treinta años después de su salida en 1995, el álbum se sigue escuchando como una partitura. Las cifras de Last.fm (224.134 escuchas para 19.999 oyentes habituales) hablan menos de su alcance de masas que de su fidelización: poco público, pero que vuelve. Es el indicador típico de los discos que se vuelven a poner por gusto, no por algoritmo.

Su alcance se mide sobre todo en filiaciones. El rap marsellés de hoy, desde los herederos declarados del círculo de la Cosca hasta las voces que ya van del estudio a las entidades de derechos, sigue conjugando el vocabulario que ‘Métèque et mat’ articuló para un público amplio: autobiografía mediterránea, antifascismo tranquilo. Visto en perspectiva, el disco se parece menos a un clásico congelado que a una gramática de escritura que se volvió común.

Akhenaton no ha vuelto a jugar esa carta. Los discos en solitario que vinieron después tomaron otras formas: más políticos, más narrativos, a veces más áridos. Este sigue siendo un punto de inflexión: el momento en que un solista llega con su propio tempo y lo sostiene durante un disco entero. Eso es lo que lo convierte, a tres décadas de distancia, en el primero al que uno vuelve.

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