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El clon de AO3 que vendía fanfics como audiolibros con IA cerró en un día

Adrian Kessler
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Archive of Our Own, la biblioteca de ficción escrita por fans y gestionada por la comunidad, donde millones de personas publican y leen fanfiction, lleva desconectada desde que un incidente de seguridad obligó a sus responsables a echar el cierre. En ese vacío apareció ao3.life, una web imitadora creada con agentes de IA que volvió a publicar historias del archivo sin pedir permiso a sus autores y después vendió audiolibros narrados por máquinas. Apenas duró un día antes de que quienes habían escrito esas historias la sepultaran a base de solicitudes de retirada.

El desenlace roza lo cómico. El mecanismo que lo hizo posible, no. Una persona con herramientas de IA baratas copió el trabajo de una comunidad, lo convirtió en un modelo de negocio que esa comunidad prohíbe y dejó en manos de los propios escritores la carga de decir que no, justo cuando el único lugar donde podían demostrar que eran los autores estaba fuera de servicio.

Según 404 Media, el creador de la web dijo que el contenido se había recopilado mediante «un enjambre de agentes de IA que controlaban 40 máquinas virtuales» y rastreaban internet en busca de discos, materiales obtenidos mediante scraping y otras copias de obras de AO3. Los lectores podían descargar las historias como archivos EPUB o escuchar audiolibros generados por IA, de pago a partir de los tres primeros minutos. Una página titulada «Aquí se paga a los autores» prometía a los escritores el 91 % de los beneficios; el 9 % restante se destinaría a «la narración y el procesamiento». Según el recuento de la wiki de fans Fanlore citado por The Mary Sue, antes de desaparecer la web albergaba 15.831.236 obras.

Kotaku informó de que los escritores encontraron allí versiones antiguas de sus historias, además de obras que habían borrado o puesto en privado. Algunos dijeron que el bloqueo de archivo de AO3 —la opción que oculta una historia a quienes no hayan iniciado sesión— no servía de nada. Para cobrar o pedir que retiraran una historia, ao3.life pedía a los autores que escribieran desde la dirección de correo vinculada a su cuenta de AO3 o dejaran una nota en su perfil de AO3, algo que nadie podía hacer mientras la web estaba caída. Muchos usuarios advirtieron de que el proceso parecía una forma de recopilar las identidades de los autores, y Kotaku recomendó a sus lectores que no escribieran a la web.

El dinero es lo que más alarmó al fandom. AO3 prohíbe a los autores monetizar sus obras e incluso enlazar a páginas de pago, y la ficción de fans ha sobrevivido durante décadas en una zona legal gris, en parte porque nadie la vende. Como señaló The Mary Sue, que un desconocido cobre por audiolibros de obras de fans da a las empresas propietarias de los personajes originales un motivo para fijarse en un espacio que se ha mantenido a salvo precisamente por no ser comercial.

La presión surtió efecto antes que los abogados. La Organization for Transformative Works, la organización sin ánimo de lucro que está detrás de AO3, dijo a los usuarios que denunciaron el clon que estaba tomando medidas, pero les pidió paciencia «porque el sistema legal es mucho más lento que la vida en internet», según un mensaje difundido por los moderadores del subreddit de AO3. Antes de que esas medidas llegaran a materializarse, el creador sustituyó la web por una disculpa. «En el tiempo que esta web ha estado activa, he gestionado más de 2.000 solicitudes de retirada», escribió. Añadió que la web había recibido 126.592 usuarios únicos en sus primeras 24 horas y consumido terabytes de ancho de banda, y que la intención era que los audiolibros pagaran las facturas del servidor. «Vendí como 11 audiolibros, por si sirve de consuelo».

La nota la firma una persona que se define como joven de 17 años de India. Dice que los datos procedían de rastreos públicos y que quien la escribió no tiene relación con AO3, la OTW ni con quienes vulneraron el archivo. La nota añade que una encuesta en la propia web quedó prácticamente igualada: 3.184 visitantes dijeron que la página les había hecho felices y 3.057 dijeron que no.

Cerrar una web no permite devolver las copias a su caja. The Mary Sue contabilizó otros archivos creados a partir de material de AO3, entre ellos fanfic.party, que afirma tener más de 13,4 millones de obras y se describe como una copia de seguridad temporal sin ánimo de lucro que nunca entrenará modelos de IA, y blk archive, que asegura reunir más de 13 millones de obras de 1,8 millones de autores. Ambos ofrecen la misma solución: buscar las propias historias y pedir que las retiren. Así se invierte la lógica del consentimiento y se deja a los escritores la tarea de vigilar una lista cada vez mayor de espejos, un correo electrónico cada vez. Además, una solicitud de retirada no revela adónde fueron a parar los archivos recopilados antes de que cerrara una web.

AO3 sigue sin funcionar. El archivo quedó fuera de servicio por mantenimiento el 29 de octubre, tras lo cual la OTW informó de un incidente de seguridad. La organización afirma que no se borraron obras, marcadores ni kudos. No cree que se robara la base de datos de usuarios, aunque no puede descartarlo; esta puede contener nombres de usuario, direcciones de correo electrónico, direcciones IP y contraseñas cifradas mediante hash, por lo que la OTW recomienda cambiar la contraseña a quienes la hayan reutilizado en otros sitios. AO3 alberga casi 18,5 millones de obras.

La OTW calcula que restaurar el archivo llevará unas dos semanas y podría alargarse hasta cuatro, lo que apunta a una vuelta entre mediados y finales de noviembre. Espera reabrir antes en una versión limitada, posiblemente solo de lectura, aunque es probable que haya más interrupciones mientras continúan las reparaciones. Hasta entonces, los autores no pueden activar el bloqueo de archivo pensado para proteger sus historias de los rastreadores, y cada semana que la web permanece desconectada da a las copias más tiempo para propagarse del que tienen sus escritores para encontrarlas.

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