Ciberseguridad

Volta, el malware que lee tus recibos de Gmail y pide a una IA que te ponga precio

Adrian Kessler
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Un malware para Windows documentado recientemente entrega el botín a un chatbot de IA y le pide que emita un dictamen por escrito sobre la persona a la que acaba de robar. Bautizado como Volta-Autodoxer, captura contraseñas guardadas, cookies, tarjetas de pago y carteras de criptomonedas, y después envía un expediente a un modelo de lenguaje de gran tamaño con la instrucción de clasificar «lo que valen». Para cualquiera cuya vida transcurra en un navegador, eso convierte un montón de credenciales robadas en una lista de a quién robar primero.

La investigación es obra de Cisco Talos, que señaló el malware gracias a un nuevo sistema diseñado para detectar herramientas de pirateo que recurren a modelos de IA; Wired fue el primer medio en informar del caso. El robo en sí es de sobra conocido. Lo que viene después, no. Usando las sesiones robadas de la propia víctima, Volta busca en su Gmail recibos de Amazon, DoorDash, Uber Eats, Grubhub, Walmart y PayPal para confirmar una dirección particular; recopila el historial de pedidos de comida a domicilio, completa el perfil de Discord de la víctima e incluso calcula el valor de su inventario de Roblox mediante una consulta en tiempo real.

Todo eso se convierte en un paquete de pruebas estructurado que se envía a través de OpenRouter, un servicio que retransmite instrucciones a numerosos proveedores de IA. El modelo predeterminado es Claude Opus 4.6, de Anthropic. La instrucción, de unas 240 palabras, presenta al modelo como «un analista de inteligencia forense que redacta una evaluación de un objetivo» y le pide una sección sobre cuánto vale la víctima, con sus objetos de valor clasificados según la facilidad con que pueden convertirse en dinero, y otra en la que evalúe sus hábitos de seguridad. Le indica que «relacione datos de distintos ámbitos» —por ejemplo, que advierta que una contraseña de wifi coincide con un apellido— y que «profundice, en lugar de abarcar demasiado».

Los autores daban por hecho que algunos chatbots se negarían. Volta analiza cada respuesta en busca de frases como «no puedo» o «no soy capaz» y, si recibe una negativa, vuelve a intentarlo primero con Kimi K2, el modelo de pesos abiertos de Moonshot AI, y después con Gemini 2.5 Flash, de Google. «La instrucción está redactada con bastante cuidado para no insinuar nada abiertamente malicioso», explicó a Wired Ryan Fetterman, el investigador de Talos responsable del análisis. «Pero han previsto que el modelo pueda negarse a la primera».

La ventaja para los delincuentes es la rapidez. Los tokens de sesión caducan y la gente cambia sus contraseñas, así que quien averigüe antes qué víctima tiene una cartera de criptomonedas llena o una clave de acceso a la nube de una empresa podrá aprovecharla. «Estamos viendo capacidades más avanzadas al alcance de atacantes con menos conocimientos», afirmó Fetterman. Talos también descubrió que Volta está diseñado como un producto: cada copia tiene seis campos para introducir el canal de Telegram y las claves de API del comprador, que se incorporan al compilar el archivo. Esto apunta a un autor que vende la herramienta a otros delincuentes, quienes reciben directamente en su bandeja de entrada de Telegram informes con los objetivos clasificados.

La alarma tiene sus límites. Talos afirma que no ha podido determinar si Volta se ha usado contra víctimas reales, y el paso de la IA es opcional: sin una clave de API, el malware sigue robándolo todo y simplemente se salta el expediente. En el fondo, es un ladrón de datos convencional para Windows, así que las defensas habituales siguen funcionando. Casi todos los comercios en los que busca recibos son estadounidenses, una pista sobre quiénes tenían en mente sus creadores, aunque las contraseñas y las carteras robadas valen lo mismo en cualquier lugar.

Para quienes hayan sido víctimas, los consejos de Talos son tajantes: revocar las sesiones y los tokens activos, cambiar las contraseñas y dar por perdida cualquier cartera de criptomonedas cuya frase de recuperación estuviera guardada en un archivo sin cifrar en el ordenador. Después, hay que trasladar los fondos a una cartera nueva, creada en un dispositivo que nunca se haya conectado a internet. Los ladrones de información suelen distribuirse dentro de software pirateado o falsificado, así que la protección más barata sigue siendo no ejecutarlo.

Talos publicó su análisis el 31 de octubre, dos días después de presentar NIK C2, otra herramienta delictiva con IA integrada. Investigadores de CrowdStrike contaron recientemente a Wired que habían detectado a cuatro grupos de piratas informáticos que utilizaban herramientas de IA contra decenas de objetivos en todo el mundo y operaban en chino, español e inglés, indonesio y ruso.

Talos señala que la pregunta aún pendiente para quienes se dedican a la defensa es qué otra parte de una operación delictiva se delegará en un modelo. En el caso de Volta, fue la tarea que antes correspondía a una persona: decidir a quién robar.

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