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Anthracite: un thriller visualmente potente pero narrativamente incoherente

Alice Lange

La niebla del pueblo de Lévionna se aferra a los personajes de Anthracite como un presagio, envolviendo cada escena en una atmósfera opresiva que es, sin duda, uno de sus mayores aciertos visuales. Esta serie francesa de seis episodios, creada por Fanny Robert y Maxime Berthemy, no solo aprovecha el paisaje alpino para tejer una trama de misterio y crimen, sino que también intenta navegar las aguas turbulentas de un thriller basado en hechos reales, aunque con licencia artística.

El núcleo de la historia gira en torno a Ida Heilman (Noémie Schmidt), una «websleuth» decidida a encontrar a su padre desaparecido, el periodista Solal Heilman (Jean-Marc Barr). Su llegada al pueblo ficticio de Lévionna desentierra secretos enterrados durante décadas, vinculados a una secta activa en 1994. Aquí, la serie encuentra su fuerza: la exploración de los horrores del pasado y cómo estos se entrelazan con el presente. La dinámica entre Ida y Jaro Gatsi (Hatik), un ex-convicto local, es otro punto fuerte. Hatik, conocido por su carrera musical, demuestra una química convincente con Schmidt, y sus interacciones añaden capas de tensión y complicidad que mantienen el interés.

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Sin embargo, Anthracite no está exenta de fallos. La trama, aunque intrigante en teoría, a menudo se siente fragmentada, como si los creadores hubieran preferido sugerir misterio en lugar de desarrollarlo con coherencia. Los saltos entre el pasado y el presente pueden resultar confusos, y algunos giros parecen forzados más por conveniencia narrativa que por una construcción lógica sólida. Además, la decisión de basarse libremente en el caso del Orden del Templo Solar —sin ser una recreación directa— le quita parte de su impacto emocional. La serie pierde la oportunidad de explorar en profundidad las implicaciones psicológicas y sociales de un evento tan traumático.

En cuanto a actuaciones, Noémie Schmidt destaca por su interpretación equilibrada entre vulnerabilidad e inteligencia, mientras que Hatik aporta una presencia física y una intensidad que complementan bien el tono oscuro de la serie. Sin embargo, otros personajes, como Giovanna Deluca (Camille Lou) o Romeo Deluca (Nicolas Godart), a menudo quedan relegados a roles secundarios sin mayor desarrollo.

La originalidad de Anthracite reside en su intento de fusionar un thriller de misterio con elementos históricos y ecológicos. Netflix promueve esta producción como su primera «ecológicamente sensible», una iniciativa loable pero que no siempre se integra de manera orgánica en la narrativa. La inclusión de un «eco-referente» y la donación del 1% del costo de carbono a grupos ambientales son detalles interesantes, pero no bastan para compensar las debilidades estructurales.

En el ámbito del género, Anthracite cumple con los requisitos básicos de un thriller: suspense, giros inesperados y una atmósfera inquietante. No obstante, su ejecución desigual la aleja de las obras maestras del género.

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