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Envidiosa termina en Netflix con el diván, no con el altar

Martha Lucas

Las tres primeras temporadas de Envidiosa entrenaron a una audiencia global a esperar que Vicky eligiera a alguien. La temporada final hace el movimiento herético de dejarla cerrar la serie eligiéndose a sí misma, mediada por la única relación que la serie ha estado construyendo en silencio durante todo este tiempo: la que mantiene con su psicoanalista. La historia de amor que esta serie venía contando no era romántica. Era clínica.

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El pivote estructural y la firma de oficio

El movimiento autoral de Carolina Aguirre en la temporada que cierra es estructural, no temático. Durante tres temporadas, las escenas entre Vicky y Fernanda, la analista que interpreta Lorena Vega, han funcionado como puntuación cómica: el set-piece recurrente en el que la serie dejaba a su protagonista fracasar frente a alguien a quien le pagaban para no inmutarse. Los chistes vivían ahí. Vicky tratando de leer las notas de Fernanda, Vicky sintiéndose juzgada cuando Fernanda no había dicho nada, la terapeuta que no recordaba el nombre de Melina. En la temporada final esa arquitectura se invierte. Esas escenas dejan de ser interludios que interpretan la comedia de la convivencia con Matías, la llegada abrupta de Bruno o el enfrentamiento con Nora, y pasan a ser la columna vertebral de la narración. La trama doméstica se convierte en la acción que la terapia lee, no al revés.

Griselda Siciliani lleva tres temporadas calibrando un movimiento muy específico: el remate que aterriza un instante antes de que llegue el reconocimiento, la risa que pone de manifiesto la herida. La directora Fernanda Heredia, que firma ocho de los diez episodios finales, filma la consulta con una paciencia de plano sostenido que la comedia estadounidense no se permite. La cámara permanece sobre el rostro de Siciliani mientras el chiste envejece y se transforma en otra cosa, y después en otra cosa todavía. La convención del sitcom corta en cuanto llega el reconocimiento, porque demasiado tiempo sobre una cara convierte la comedia en drama. Envidiosa se niega a cortar. La voz en off opera con la misma lógica: confesional más que explicativa, en la tradición de Fleabag pero con una inflexión porteña que corre más cerca del diván que del guiño a cámara. La audiencia no está siendo interpelada. Está escuchando una sesión a hurtadillas.

Un linaje específico que la temporada vuelve visible

En su tramo final, Envidiosa deja ver con claridad el linaje al que pertenece. La dramedia argentina de interioridad femenina post-Pol-ka — Pequeña Victoria, Las Estrellas, El Encargado, más recientemente División Palermo — ha pasado una década construyendo el espacio narrativo para la mujer adulta que renegocia el mandato heredado en lugar de cumplirlo. Aguirre toma de esas predecesoras la protagonista cómica antipática y la estructura coral que permite que el conflicto interno de una mujer se juegue entre un grupo de pares; lo que rompe es el contrato romcom residual que incluso las predecesoras más cínicas seguían entregando, en parte, a su audiencia. Los pares internacionales son evidentes — Fleabag es el ancestro estructural por la voz en off confesional y el episodio de terapia que recodificó toda una serie — pero la comparación más útil es Better Things, el proyecto FX de Pamela Adlon, que trata la vida doméstica como una secuencia de pequeñas escenas interpretativas y no como arcos narrativos. Envidiosa en su forma final pertenece a esa conversación, no al catálogo romcom en el que el algoritmo la archiva.

El ancla argentina que la serie da por sentada

El ancla argentina es más particular que «feminidad contemporánea». Dos hechos recientes de la vida cultural del país convergen dentro de la serie. Desde el debate por la legalización del aborto en 2018 y la ley aprobada en 2020, Argentina ha construido un lenguaje público sobre la maternidad por elección — elegida, postergada o rechazada — que la ficción anglosajona aún está procesando. Buenos Aires concentra, además, la densidad per cápita más alta de psicoanalistas en ejercicio del mundo, una estadística que las y los argentinos heredan a la vez como remate y como dato. Los dos hechos se combinan en algo que la serie da por sentado. La terapia, aquí, no es un arco redentor importado de un vocabulario wellness; es la infraestructura cultural dentro de la cual la protagonista efectivamente vive.

La trama de Bruno cobra peso en ese marco. A Vicky no le están ofreciendo una maternidad alternativa como compensación por otra que no llegó: le están pidiendo que interprete una propuesta que no había pedido, en una cultura que finalmente le ha dado el lenguaje para rechazarla. El contexto económico argentino posterior a 2024 aprieta la tuerca. Elegirse en un país en el que el alquiler se come un sueldo es una decisión de clase, en términos sobre los que la serie no se hace la ingenua. Aguirre escribe la consulta como la única habitación en la que todo esto puede decirse sin metáfora.

Una decisión de plataforma que importa leer

Envidiosa ha ganado el Martín Fierro a Mejor Serie de Comedia 2025. Su tercera temporada entró en el Top 5 global de Netflix en habla no inglesa con 2,8 millones de visualizaciones, rompiendo el techo regional que había mantenido históricamente a la comedia argentina contenida en sus mercados vecinos. Netflix podría haber pedido una quinta temporada en pleno pico de audiencia. En su lugar, la plataforma ha permitido que el equipo de Aguirre aterrice la serie en diez episodios, en una temporada estructurada como final desde la sala de guion y no desde un memorando de extensión. La decisión apunta un cambio en cómo Netflix trata sus producciones premium latinoamericanas: más cerca del modelo de cable de prestigio — dejar cerrar a los autores — que del enfoque extractivo que definió la era anterior de su ficción original.

La serie cierra con una pregunta que no puede responder porque la cultura todavía no la responde. ¿Qué cuesta realmente elegirse a una misma en una sociedad que sigue premiando a las mujeres por ser elegidas, y cuál es la diferencia entre la libertad y la soledad que se vende con su nombre? El final no arbitra. Deja la pregunta abierta, como una sesión que termina sin resolución y queda emplazada para la semana siguiente.

Envidiosa - Netflix
Envidiosa – Netflix

La cuarta y última temporada de Envidiosa llega a Netflix el 29 de abril con diez episodios, en estreno global y simultáneo. Griselda Siciliani regresa como Victoria «Vicky» Mori, junto a Esteban Lamothe como Matías, Pilar Gamboa como Carolina, Lorena Vega como Fernanda, Marina Bellati como Debbie, Bárbara Lombardo como Melina, Susana Pampín como Teresa y Violeta Urtizberea como Lu Pedemonte. Las apariciones especiales de la temporada incluyen a Julieta Cardinali como Nora, la madre de Bruno; a Benjamín Vicuña como Nicolás; a Leticia Siciliani; y a Dante Barbera como Bruno.

La serie está creada y producida por Adrián Suar bajo su productora Kapow, escrita por Carolina Aguirre y dirigida por Gabriel Medina a lo largo de toda la serie, con Fernanda Heredia al frente de la mayor parte de los episodios de la temporada final. Envidiosa se estrenó en septiembre de 2024 y ganó el Martín Fierro a Mejor Serie de Comedia 2025. Es, hasta hoy, la ficción argentina más vista internacionalmente en el catálogo de Netflix.

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