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FreeKs: una crítica aguda pero con melodrama innecesario

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FreeKs (2023) abre con una imagen que define su esencia: Gaspar, encorvado frente a un teléfono móvil, viendo cómo las redes sociales lo devoran vivo. La pantalla ilumina su rostro como un faro de condena. Martín Deus y Maximiliano Gutiérrez, los creadores detrás del éxito El Rey del Once, repiten aquí su obsesión por los marginados: ahora no son los chicos del barrio, sino jóvenes músicos en la mira del algoritmo. Pero donde antes había crudeza callejera, ahora hay guitarras eléctricas y traiciones que se viralizan.

Lo que funciona

La serie destaca en su crítica social, un espejo de cómo la fama digital puede ser una trampa mortal. La secuencia inicial —Gaspar viendo los videos acusatorios de sus excompañeros— es un golpe bajo: el sonido del teléfono notificando nuevos comentarios se convierte en un martillo psicológico. La dirección de fotografía, con planos cerrados y colores saturados (azules fríos para Gaspar, rojos ardientes para las redes), transmite esa claustrofobia digital. Aquí, FreeKs no solo habla de música; habla de la soledad del artista en la era de los likes.

El elenco joven es su mayor activo. Guido Pennelli como Gaspar logra transmitir la desesperación de un líder caído, aunque a veces cae en sobreactuaciones melodramáticas. Julián Cerati roba escenas como Ulises: su sonrisa ambigua y sus gestos calculados sugieren que sabe más de lo que dice. Alan Madanes, como Ludovico, carga con el peso dramático de la historia, pero su arco narrativo se siente incompleto. El guion podría haber explorado mejor su conflicto interno entre lealtad y ambición.

La música, aunque genérica, funciona como pegamento emocional. Los temas originales —aunque no innovadores— ayudan a construir la identidad del grupo. La banda sonora rescata algunos episodios, especialmente en las escenas de ensayo, donde el sonido crudo de los instrumentos contrasta con la pulcritud visual.

Lo que falla

La estructura adolece de previsibilidad. Tras un primer acto potente, la trama cae en giros argumentales forzados: ¿quién lo traicionó? ¿por qué? Las respuestas llegan con pragmatismo, no con impacto emocional. El clímax, aunque técnicamente competente, carece del peso simbólico que el tema merecía.

Además, FreeKs repite fórmulas vistas en otros dramas musicales juveniles. La narrativa sigue una fórmula predecible: caída-redención-justicia, con un tercer acto apresurado. Los creadores podrían haber profundizado más en las dinámicas de poder dentro del grupo o explorado mejor el lado oscuro de la fama —la presión, la soledad— en lugar de conformarse con un thriller adolescente convencional.

A quién va dirigida

La serie apela a dos audiencias: jóvenes argentinos que crecieron con bandas indie y adultos nostálgicos del rock de los 90. El problema es que ninguna de las dos encontrará algo radicalmente nuevo aquí. Los diálogos, aunque bien escritos, a veces suenan como un pastiche de clichés juveniles («somos una familia», «el dinero lo corrompe todo»). La banda sonora, sin embargo, rescata el proyecto: los temas originales —aunque genéricos— funcionan como pegamento emocional.

Comparación

Si El Rey del Once era un retrato crudo de la marginalidad, FreeKs es su versión glamurosa y digital. Falta el riesgo visual de otros dramas musicales recientes como Euphoria, pero gana en autenticidad cultural. La serie también recuerda a Boys Don’t Cry (1999) por su enfoque en la identidad fracturada, aunque aquí el conflicto se diluye en un thriller convencional.

Temas y simbolismo

FreeKs explora la dualidad de la fama: por un lado, es una redención; por otro, una condena. Gaspar no solo lucha contra sus excompañeros, sino contra la imagen que las redes sociales han construido de él. La serie también toca el tema del machismo en la industria musical, aunque de manera superficial. Gisela (Julia Tozzi), la única mujer en el grupo, es relegada a un rol secundario, una crítica sutil pero efectiva.

Dirección y ritmo

La dirección de Martín Deus y Maximiliano Gutiérrez es competente, aunque a veces cae en convencionalismos. Los planos secuencias durante los ensayos del grupo son destacados, pero la edición podría haber sido más audaz. El ritmo es irregular: algunos episodios fluyen con naturalidad, mientras que otros se arrastran en diálogos redundantes.

Conclusión

FreeKs es una serie bien intencionada pero atrapada entre su ambición crítica y su estructura predecible. Pennelli brilla cuando puede, pero el guion no siempre lo acompaña. La crítica social es aguda, aunque repetitiva; la música salva algunos episodios, pero no todos.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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