Televisión

Untold: La humanidad de los engañados y el engañador

Veronica Loop

La pantalla se divide en dos: a un lado, Manti Te’o, el prometedor jugador de fútbol americano de Notre Dame, habla con voz temblorosa; al otro, Naya Tuiasosopo, la voz detrás del perfil falso que lo engañó, mira directamente a cámara. Es este contraste visual el que define Untold: The Girlfriend Who Didn’t Exist, un documental que intenta desentrañar uno de los fraudes más extraños y mediáticos del deporte estadounidense.

Dirigido por Tony Vainuku y Ryan Duffy, el filme revisita el caso de Te’o, quien en 2012 fue víctima de una estafa emocional perpetrada por Tuiasosopo, quien creó un perfil falso bajo el nombre de «Lennay Kekua», una supuesta estudiante de Stanford que fingió tener leucemia para ganar la simpatía del jugador. La fuerza del documental radica en su estructura dialogada: las entrevistas a Te’o y Tuiasosopo se intercalan con testimonios de familiares, amigos y figuras clave como el director deportivo Jack Swarbrick. Esta técnica permite explorar tanto el impacto emocional del engaño como los motivos detrás de la mentira.

El mayor acierto de The Girlfriend Who Didn’t Exist es su capacidad para humanizar a ambos protagonistas. Te’o no aparece solo como una víctima, sino como un joven que lidiaba con la presión mediática y familiar por su desempeño en el campo. Las imágenes de archivo de sus partidos en Notre Dame, combinadas con su testimonio actual, revelan un conflicto interno entre su vida pública y privada. Por otro lado, Tuiasosopo —quien finalmente admitió ser el creador del perfil falso— ofrece una confesión cruda, aunque a veces contradictoria, sobre su obsesión y el caos que desencadenó.

Sin embargo, el documental falla al no profundizar lo suficiente en los detalles técnicos de la estafa. ¿Cómo exactly se comunicaban Te’o y «Lennay»? ¿Qué plataformas digitales utilizaron? Estas preguntas quedan respondidas de manera superficial, lo que limita la comprensión del mecanismo detrás del engaño. Además, aunque el filme explora las consecuencias para Te’o, deja en segundo plano el impacto en otras personas involucradas, como los familiares de Tuiasosopo o incluso los medios que amplificaron la historia.

La narrativa también peca de predecible: sigue un ritmo lineal que prioriza los hechos sobre el análisis. No hay sorpresas significativas; incluso las revelaciones más impactantes —como la confesión de Tuiasosopo— ya habían sido cubiertas por la prensa en su momento. Esto hace que, a pesar de su valor testimonial, el documental carezca del dinamismo necesario para mantener la atención del espectador.

Donde The Girlfriend Who Didn’t Exist triunfa es en su capacidad para cuestionar la cultura del deporte universitario y la presión social sobre los atletas jóvenes. La escena en la que Te’o habla sobre cómo la mentira afectó su salud mental —incluyendo ataques de pánico— es un momento de crudeza necesaria, pero el filme no aprovecha este hilo conductor para explorar temas más amplios, como la salud mental en el deporte o los peligros del anonimato digital.

En definitiva, Untold: The Girlfriend Who Didn’t Exist es un documental honesto y necesario, aunque limitado por su enfoque convencional. Logra humanizar a sus protagonistas, pero no va más allá de lo evidente.

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