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**La puerta ensangrentada no basta para absolver a Söring: un documental desigual pero fascinante**

Veronica Loop

La sangre en la puerta no miente, pero ¿quién la dejó allí?

El primer plano de Till Murder Do Us Part es inolvidable: una puerta manchada con sangre tipo O, el mismo grupo sanguíneo que Jens Söring. Este detalle forense, presentado con crudeza visual por André Hörmann en 2023, es el gancho perfecto para un documental que promete desenterrar verdades incómodas sobre el doble asesinato de Derek y Nancy Haysom en 1985.

La serie, estructurada como un thriller forense, excava en la paradoja central: ¿fue Söring el asesino o su novia Elizabeth Haysom? Hörmann equilibra testimonios frescos (incluyendo al propio Söring) con footage de archivo, creando una tensión narrativa que mantiene al espectador enganchado. La elección de mostrar los hechos desde múltiples ángulos—procuración, defensa, periodismo investigativo—refuerza la ambigüedad moral del caso.

Donde la serie falla es en su ritmo irregular. Los primeros episodios son electrizantes, con revelaciones que cuestionan el veredicto original (como las inconsistencias en las pruebas de sangre). Sin embargo, el tercer episodio se hunde en detalles procesales tediosos, perdiendo el impulso dramático. Además, aunque Hörmann intenta ser imparcial, hay momentos en los que la edición favorece subliminalmente a Söring, especialmente en escenas donde se muestra su vida en prisión.

Las actuaciones de Rachel Ryan y Courteney Stuart, como periodistas investigativas, son lo más destacado. Sus intervenciones añaden capas humanas al caso, mostrando cómo el trauma persiste décadas después. Pero la ausencia de Elizabeth Haysom (solo aparece en footage antiguo) es un error narrativo: su voz podría haber equilibrado el relato.

El género true crime exige precisión y suspense; esta serie cumple en ambos frentes, aunque a veces se extralimita en especulaciones.

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