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Sisu: un western bélico con corazón helado

Martin Cid
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Imagina a un hombre solitario avanzando con determinación implacable entre la nieve y el hielo de Laponia, perseguido por un pelotón de soldados nazis sedientos de sangre. Este es el núcleo visual de Sisu, el último trabajo del director finlandés Jalmari Helander, una película que toma el concepto cultural finlandés de sisu —esa mezcla de tenacidad, coraje y resiliencia ante lo imposible— y lo convierte en un espectáculo de acción brutalmente eficiente. Pero más allá de su premisa, la película es un estudio fascinante sobre la resistencia humana, envuelto en una narrativa que oscila entre el thriller bélico y el western revisitado.

Helander, conocido por su anterior obra Rare Exports, demuestra aquí un dominio técnico notable, aunque no exento de limitaciones. La cinematografía es austera pero efectiva. Los planos amplios que enfatizan la soledad del protagonista, Aatami (Jorma Tommila), en medio de un paisaje desolado, no solo refuerzan el aislamiento físico del personaje sino también su estado mental. La nieve, el hielo y los bosques infinitos se convierten en personajes secundarios, casi antagonistas, que desafían constantemente la voluntad del protagonista. Sin embargo, esta misma austeridad visual puede sentirse fría para algunos espectadores, especialmente aquellos acostumbrados a los colores vibrantes y las composiciones dinámicas de otras películas de acción.

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Las secuencias de acción son particularmente destacables, aunque su ejecución es deliberadamente cruda y sin concesiones a la espectacularidad hollywoodense. Una escena en particular, donde Aatami, armado solo con dinamita y una sonrisa socarrona, masacra a un grupo de soldados alemanes en una mina abandonada, es un ejemplo perfecto de cómo el sisu se manifiesta: no como una cualidad abstracta, sino como una serie de decisiones desesperadas tomadas bajo fuego. La coreografía de los combates es minimalista pero efectiva, con un enfoque en la supervivencia más que en la habilidad marcial. Sin embargo, esta misma simplicidad puede hacer que algunas escenas se sientan repetitivas, especialmente cuando el protagonista se enfrenta una y otra vez a grupos de soldados alemanes que parecen salidos de un manual de clichés bélicos.

El guión, escrito por Helander, adolece de una estructura narrativa predecible. La trama sigue los pasos de Aatami, un exsoldado finlandés que descubre oro en la Laponia salvaje y decide llevarlo a la ciudad, solo para encontrarse con un pelotón de soldados alemanes liderados por el brutal oficial SS Bruno (Aksel Hennie). La premisa es clásica: un hombre solo contra un ejército. Pero donde la película podría haber innovado en su desarrollo, se queda atrapada en convencionalismos del género. Los personajes secundarios, especialmente los soldados alemanes, son caricaturescos, cuya brutalidad se siente más como un recurso narrativo que como una representación creíble de la psicología humana bajo presión.

Aksel Hennie, en el papel del oficial SS Bruno, ofrece una actuación exagerada que roza lo ridículo. Su personaje es casi un arquetipo del villano nazi: cruel, despiadado y con un odio visceral hacia todo lo finlandés. Esta falta de matices hace que su presencia en la pantalla sea más cómica que terrorífica, lo cual es un problema serio para una película que intenta tomar en serio los horrores de la guerra. Jack Doolan como Wolf y Mimosa Willamo como Aino aportan poco más que funcionalidad a la trama, con actuaciones que, aunque competentes, no logran elevar el material por encima de lo ordinario.

Donde la película sí brilla es en su capacidad para capturar el espíritu de resistencia finlandés. Jorma Tommila, en el papel protagonista, entrega una actuación contenida pero poderosa. Su Aatami es un personaje silencioso, cuya fuerza reside no en monólogos épicos sino en actos de valentía aparentemente insanos. La escena en la que carga con un cofre lleno de oro a través del hielo mientras los nazis le disparan desde todos lados es un ejemplo perfecto de cómo el sisu se manifiesta: no como una cualidad abstracta, sino como una serie de decisiones desesperadas tomadas bajo fuego. Tommila logra transmitir esta determinación con solo miradas y gestos, lo que hace que su personaje sea creíble incluso en los momentos más absurdos.

El mayor problema de Sisu es su falta de originalidad. Aunque la premisa —un hombre solo contra un ejército— es clásica, la ejecución adolece de convencionalismos del género. La película no ofrece nada nuevo en términos de narrativa o caracterización, y aunque las secuencias de acción son bien ejecutadas, carecen de la innovación visual que podría haber elevado el material. Comparada con otras películas de acción recientes como The Killer de David Fincher (6.8), Sisu se queda corta en términos de profundidad temática y complejidad narrativa.

En cuanto a su público objetivo, Sisu parece dirigirse a los amantes del cine de acción clásico y los espectadores interesados en la historia finlandesa durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, su tono oscuro y su falta de matices en la caracterización pueden alienar a aquellos que buscan una experiencia más equilibrada entre acción y desarrollo de personajes. La película también podría atraer a quienes buscan una perspectiva diferente sobre la resistencia durante la guerra, aunque su enfoque en el sisu como concepto cultural puede resultar demasiado específico para un público no finlandés.

En definitiva, Sisu es una película sólida pero limitada por sus propios ambiciones. Es un ejercicio de estilo que funciona en el momento, pero que no deja una huella duradera. Su mayor logro es la actuación de Jorma Tommila y algunas secuencias de acción bien ejecutadas, aunque estas virtudes no son suficientes para compensar las deficiencias en el guión y la caracterización.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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