Ciencia

Un pulpo usó un espejo para encontrar comida que no veía, algo inédito en un invertebrado

Nadia Okonkwo

Muéstrele a un pulpo un cangrejo en un espejo y resulta que es capaz de deducir dónde debe estar el cangrejo real e ir directo a por él, incluso cuando la presa no está en su línea de visión directa. Es una habilidad que los biólogos solo habían documentado en un puñado de vertebrados, y encontrarla en un animal con un sistema nervioso construido de una manera completamente distinta mueve una frontera conocida en el estudio de la mente.

La clave no es que el pulpo se reconociera a sí mismo, como hace un chimpancé o una urraca frente a un espejo. Es algo posiblemente más raro. El animal trató el reflejo como información sobre la sala, dedujo a partir de él la posición oculta de una recompensa y actuó en consecuencia. Usar un espejo como herramienta para encontrar cosas que no se pueden ver directamente es un movimiento cognitivo distinto del autorreconocimiento, y es el que aquí se demuestra.

En los experimentos, a los pulpos se les mostraba un cangrejo como reflejo en un espejo, con el premio real colocado donde no podían verlo de frente. Para conseguir la recompensa, el animal tenía que apartarse de la atractiva imagen del cristal y desplazarse al punto que el reflejo implicaba. Los pulpos acertaron alrededor del 73 por ciento de las veces, muy por encima de lo que produciría una búsqueda al azar.

Esa tasa de acierto es de las que invitan a mirar dos veces, y los investigadores son prudentes con lo que significa y lo que no. El trabajo se apoya en tres animales, una muestra pequeña por cualquier criterio, y la conducta fue entrenada, no espontánea. Leer un espejo para localizar presas tampoco prueba un mapa mental interno en el sentido humano: muestra que el pulpo puede usar información reflejada para guiar el movimiento, una afirmación ya fuerte de por sí sin inflarla en algo mayor.

Aun así, la implicación es difícil de descartar. Los pulpos compartieron por última vez un antepasado con los vertebrados hace más de quinientos millones de años, antes de que existieran cerebros como los entendemos. Sus neuronas están repartidas en buena medida por los brazos, no concentradas en un centro de mando. Que una criatura tan distinta resuelva un rompecabezas espacial que asociamos con simios y delfines sugiere que esta clase de resolución flexible de problemas puede surgir más de una vez y con más de un diseño.

El estudio se realizó en un laboratorio dedicado a pulpos y empleó al pulpo bimaculado de California, una especie habitual en investigación, con un cangrejo vivo como recompensa motivadora. La autora principal ha presentado el resultado como la primera demostración de que un invertebrado puede usar un espejo para entender su entorno y encontrar presas.

Los hallazgos se publicaron en la revista Current Biology. El equipo quiere saber ahora hasta dónde llega la capacidad, si los pulpos pueden aplicar el mismo truco de la información reflejada a problemas para los que nunca fueron entrenados y qué hace exactamente un animal con el cerebro repartido por los brazos cuando resuelve uno.

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