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Criaturas luminosas: Sally Field solo confía en un pulpo en Netflix

Veronica Loop

Tova Sullivan sigue sacando dos tazas de café cada mañana. Una es suya desde hace cuarenta y un años. La otra perteneció a un marido que ya no está y a un hijo desaparecido hace treinta. Trabaja el turno de noche limpiando un acuario en Puget Sound porque es la hora a la que el edificio se vacía lo suficiente para no fingir.

La adaptación que Olivia Newman ha hecho de la novela de Shelby Van Pelt llega con una premisa diseñada para el tipo de drama que se ve con un té y un pañuelo: una viuda mayor entabla amistad con un pulpo gigante del Pacífico, recupera la alegría y resuelve un misterio. Eso es lo que vende el tráiler. No es lo que la película hace.

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El pulpo, llamado Marcellus y con la voz de Alfred Molina, no es la amiga de Tova. Es el único personaje de su vida que no puede irse del tanque, no puede mentirle a la cara y no puede desaparecer en las aguas cercanas a un ferry como hizo su hijo Erik en 1989. Marcellus es la relación que Tova puede permitirse porque el coste ya está pagado. Está cautivo. No puede esfumarse sin explicación. La película argumenta —en silencio, con prosa novelística, sin que nadie lo verbalice— que no se le puede ofrecer asombro a alguien que ya ha enterrado el suyo si antes no se le ha dado un testigo que no pueda traicionarla. Marcellus es ese testigo. Cameron, el joven errante al que da vida Lewis Pullman, solo se vuelve posible después de que el pulpo haya hecho su trabajo.

Newman ya conoce este territorio. La chica salvaje (2022), su anterior adaptación de un best seller sobre una mujer en la naturaleza cargando un duelo no nombrado, dejó una firma de dirección clara: confía en un rostro humano lento durante más tiempo del que las plataformas suponen que la audiencia tolera. No corta sobre la emoción. Deja que la toma corra más allá del punto donde la ingeniería inversa de la atención del espectador sugeriría que la audiencia se cae. Criaturas luminosas dobla la apuesta y la extiende a un rostro no humano. La fotografía de Ashley Connor dibuja el acuario como una catedral invertida —la luz entra desde abajo, a través del agua, no desde arriba a través de vidrieras— y rueda casi todas las conversaciones que Tova mantiene con otro ser humano a través de algún tipo de cristal: la ventana del autobús, la del coche, el mostrador de la tienda. Solo a Marcellus se le filma sin barrera. La película construye su tesis a nivel de planificación, nunca de guion: la única relación sin mediar que Tova tiene es con el animal que vive, literalmente, detrás del cristal.

Sally Field, a sus setenta y nueve años, interpreta el duelo como competencia, no como derrumbe. Es la decisión central del personaje y la más difícil. Tova no llora en pantalla durante la primera mitad. Limpia. Rellena el bote de aperitivos. Le dice a su grupo de amigas tejedoras que está bien. La actuación se construye sobre la pequeñez de los gestos que no se permite dejar de hacer: la segunda taza de café, la forma en que endereza una silla cuando un hombre se ha levantado, la mano que pasa sobre un tanque en el que su hijo metió alguna vez la suya. A esta altura de su carrera, Field tiene permiso de la audiencia para hacer este tipo de trabajo. Una actriz más joven no podría, porque el espectador lee la quietud en una cara joven como opacidad y no como acumulación.

El trabajo de voz de Molina es la tercera firma de oficio, y la más fácil de leer mal. La promoción del estudio lleva semanas explotando el chiste de que el actor que dio vida al Doc Ock de Spider-Man 2 —cuatro tentáculos mecánicos— ahora pone voz a un animal con ocho brazos reales. El chiste es de mala fe. Molina interpreta a Marcellus como el narrador en primera persona más honesto que tiene la película, lo cual equivale a interpretarlo como el único personaje cuya interioridad la cinta puede garantizar. Es una voz seca, ligeramente divertida, nunca sentimental. Una negativa deliberada a hacer lo que el espectador espera cuando un actor pone voz a un animal en un drama amable.

La película existe dentro de una cultura que ha tenido que aprender a nombrar en público, por primera vez, la soledad de las mujeres mayores. El cirujano general de Estados Unidos calificó la soledad de emergencia de salud pública. La arquitectura social que solía darle a una viuda de sesenta y cinco años un tercer lugar al que ir —los clubes parroquiales, los grupos de bridge, los puestos de trabajo que retenían a las mujeres más allá de los setenta— se ha vaciado. El tercer lugar de Tova es el acuario después del cierre, cuando no hay nadie en el edificio. Esto no es una fantasía. Es una observación documental sobre quién queda en la habitación una vez que las instituciones intermedias han desaparecido. Y la audiencia que se reconoce en Tova lo hace antes de lo que la película espera.

Lo que la película no puede prometer es que el vínculo salve a nadie. El misterio que el tráiler insinúa —el descubrimiento que Marcellus ayuda a Tova a desentrañar— no le devuelve a Erik. Lo explica. Y la explicación no es lo mismo que el regreso. El padre de Cameron sigue ausente del modo en el que están ausentes los padres que se van: incluso una vez encontrado, una vez nombrado, la ausencia no se anula por la presencia. Y Marcellus, por la biología de su especie, va a morir. Los pulpos gigantes del Pacífico viven entre tres y cinco años. Tova lo conoce ya adulto. La película no lo esconde. Avanza hacia ello. El regreso del asombro, en esta cinta, no es el regreso de lo que se ha perdido. Es el descubrimiento de que el asombro sigue siendo estructuralmente posible después de la peor pérdida que la protagonista podía imaginar. Es una afirmación más pequeña que la que vende la promoción. Es también más honesta. Si esa afirmación basta es la pregunta que la película le entrega al espectador en la última escena y no responde.

Remarkably Bright Creatures - Netflix
Remarkably Bright Creatures – Netflix

Criaturas luminosas se estrena en Netflix el 8 de mayo. Está dirigida por Olivia Newman a partir de un guion que firma con John Whittington, con material literario adicional de Katie Silberman. Sally Field interpreta a Tova Sullivan, Lewis Pullman a Cameron y Alfred Molina pone la voz a Marcellus. El reparto se completa con Colm Meaney, Joan Chen, Kathy Baker, Beth Grant, Sofia Black-D’Elia y Laura Harris. Ashley Connor firma la fotografía. Dura una hora y cincuenta y un minutos y tiene clasificación PG-13.

La cinta adapta la novela debut de Shelby Van Pelt, publicada en 2022, que pasó más de sesenta y cuatro semanas en la lista de tapa dura de ficción del New York Times. La producción corre a cargo de Night Owl Stories —Bryan Unkeless y Peter Craig— y de Anonymous Content, con David Levine, para Netflix Studios. El rodaje terminó en Vancouver en mayo de 2025; Deep Cove, Panorama Park y Cates Park se utilizaron como localizaciones para recrear el Puget Sound de la novela. La película se estrena globalmente en la plataforma desde la fecha de premiere.

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