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365 días: Aquel día abandona su única buena idea por un gemelo y un tiroteo

La secuela de Barbara Białowąs y Tomasz Mandes (2022) arranca con un matrimonio de dos secretos y lo olvida enseguida.
Martha O'Hara
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La película abre con una boda, y la lista de invitados dice más que los votos. Del lado de Laura Torricelli (Anna-Maria Sieklucka) solo viaja a Italia su amiga Olga (Magdalena Lamparska), porque Massimo (Michele Morrone) teme no poder ocultar a la familia de ella que es mafioso. El matrimonio nace, pues, con una omisión, y Laura tiene la suya: le cuenta a Olga que perdió al bebé en el accidente del final de la primera entrega, pero no piensa decírselo a Massimo, por miedo a una venganza. Dos secretos, una pareja de recién casados. Es el mejor material que tiene 365 días: Aquel día, y Barbara Białowąs y Tomasz Mandes lo dejan aparcado en las primeras escenas para ir a buscar algo más ruidoso.

La luna de miel dura unos pocos días. Al volver, la pareja encuentra a Olga y a Domenico (Otar Saralidze), mano derecha de Massimo, en una situación comprometida, un momento ligero que es lo más cerca que la película está de divertirse sin esfuerzo. Después el matrimonio se resiente. Massimo trabaja, Laura no tiene nada que hacer, las discusiones se vuelven diarias y ella empieza a mirar a Nacho (Simone Susinna), el jardinero. La película quiere que ese giro parezca deseo, pero en pantalla suena a nota de producción: la trama necesita a Laura fuera de casa y allá se va. En una fiesta en la casa, Laura cree ver a Massimo con su ex, Anna (Natasza Urbańska), se marcha, se topa con Nacho y ambos huyen a una isla.

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Sieklucka sostiene este tramo. Interpreta cada giro a todo volumen y con la cara seria, que quizá sea la única respuesta sensata ante el material, y cuanto más acumula el guion, más vistosa resulta esa seriedad. En la isla, Laura se acomoda y sueña con Nacho mientras Massimo, desconcertado, la busca, y la historia se limita a dar vueltas sobre sí misma. Entonces Nacho le dice que su padre encabeza la mafia rival de la de Massimo. Laura se queda conmocionada, se siente traicionada y, aun así, lo acompaña. Ese «aun así» es donde dejé de creerme la historia. La película pasa de la traición a la docilidad en una sola escena y no nos enseña qué le hizo cambiar de opinión.

El gemelo llega tarde. Adriano, el hermano de Massimo, distanciado e inestable, es el hombre al que el padre de Nacho preferiría ver al frente de la familia siciliana, y también el hombre al que Laura vio con Anna en la fiesta y confundió con su marido. La fiesta, la huida y la isla descansan, por tanto, en una confusión de identidad que solo se nos aclara cuando el daño ya está hecho. En una película más rápida y más de folletín, eso podría ser un placer. Aquí se parece a una alfombra que tiran de debajo de los pies cuando el espectador ya ha caminado sobre ella casi todo el metraje. Morrone hace de ambos hermanos, y lo que el guion les da para distinguirse es poco más que una etiqueta: el marido y el inestable.

El último tramo es donde por fin ocurren cosas, y ocurren deprisa. Adriano retiene a Laura, que ni siquiera sabía de su existencia. Massimo y Nacho, rivales de siempre, entran a rescatarla. Ella huye y le disparan Anna y Adriano, a quienes matan a su vez Massimo y Nacho. Nacho se marcha. Laura queda en brazos de Massimo, con su suerte incierta. El final abierto dejaba la puerta lista para la secuela, y esta no se hizo esperar: se estrenó el 19 de agosto de 2022, menos de cuatro meses después de que esta película llegara a Netflix, el 27 de abril.

Alrededor de Sieklucka, el reparto tiene poco que hacer. A Susinna le piden ser jardinero, hijo de un jefe rival y rescatador a la vez, y aun así su Nacho se queda en una pieza que traslada a Laura de una casa a otra. Olga es la amiga leal y poco más, un desperdicio para el único personaje que conoce el secreto de Laura.

La película adapta la segunda novela de la trilogía de Blanka Lipińska. El rodaje empezó en mayo de 2021 en varias zonas de Italia y Polonia, después de que un arranque previsto para 2020 en Sicilia y Polonia se aplazara por la pandemia. La espera no le sentó mejor al guion, que sigue yendo a bandazos de un suceso al siguiente. La crítica fue casi unánimemente hostil. Una reseña de Metacritic la describe como «apenas una película», «el ello del capitalismo tardío, emocionalmente en quiebra, un miasma descerebrado de sexo coreografiado y peleas sin sentido». Es una frase dura, y apunta un poco más lejos que mi queja, que es menor y más triste: el arranque contiene una idea, un matrimonio sostenido por dos cosas que nadie puede decir en voz alta, y la película la abandona por un gemelo, una fiesta y un tiroteo. Al final nos quedamos con una mujer herida en brazos de un marido al que apenas hemos visto como algo más que un hombre ocupado.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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