Cine

365 días más cierra la trilogía sin resolver ninguna de sus preguntas

La saga erótica dirigida por Barbara Białowąs y Tomasz Mandes concluye con el mismo desgaste narrativo de sus dos entregas anteriores.
Martha O'Hara
Añádenos en Google

La escena inicial de 365 días más es un recordatorio incómodo: Massimo visitando la tumba de su hermano muerto, una secuencia que, en lugar de construir tensión dramática, se siente como un trámite narrativo. La película, dirigida por Barbara Białowąs y Tomasz Mandes y basada en la novela de Blanka Lipińska, cierra una trilogía que parece haber agotado sus ideas antes del primer acto.

El conflicto central —la relación tóxica entre Laura (Anna-Maria Sieklucka) y Massimo (Michele Morrone), con Nacho (Simone Susinna) como tercero en discordia— carece de la chispa que justifique su extensión. La premisa de un triángulo amoroso donde el deseo se confunde con la obsesión podría tener potencial, pero la ejecución es torpe. Escenas clave, como el encuentro sexual entre Laura y Massimo durante una reunión de negocios, están filmadas sin sutileza alguna: el plano fijo del acto en sí no aporta nada más que cuerpos sin contexto emocional.

YouTube video

El guion se aferra a los clichés del género: celos infundados, diálogos cargados de reproches predecibles («¿Me engañaste con él?», «Tu familia mató a mi bebé»). La estructura es un ciclo repetitivo de reconciliaciones y rupturas que no hace avanzar la trama. Cuando Laura viaja a Portugal para una feria de moda —un intento de introducir variedad—, el conflicto se reduce a más escenas de sexo en playas iluminadas con focos demasiado evidentes, como si la dirección de fotografía hubiera olvidado que las emociones humanas requieren matices.

El reparto repite sus papeles con idéntica falta de convicción. Sieklucka transmite más confusión que profundidad emocional; Morrone sigue apostando por el atractivo físico sin desarrollar la complejidad del personaje. Susinna, en cambio, se roba la escena cada vez que aparece, aunque su Nacho sea poco más que una caricatura del villano romántico: sus disculpas y declaraciones de amor resultan tan exageradas como los diálogos que las acompañan.

La película intenta compensar sus carencias con producción: lujo en Sicilia, fiestas en Portugal, vestuario caro. El dinero está en pantalla, pero nadie lo puso al servicio de la historia: los interiores relucen y el vestuario deslumbra mientras el guion sigue vacío. Los planos de moda durante la feria de Lagos se sienten fuera de lugar, como si los directores hubieran visto El diablo viste de Prada y olvidado que la elegancia visual debe servir a algo más que llenar la pantalla.

El mayor error es estructural: 365 días más no hace avanzar la historia, solo repite las mismas dinámicas. La secuencia del club de ambiente kink en Sicilia podría haber explorado el conflicto interno de Massimo —su obsesión por Laura frente a su incapacidad para confiar en ella—, pero se queda en una excusa para mostrar cuerpos semidesnudos sin propósito narrativo. Ni siquiera el clímax, cuando Laura debe elegir entre los dos hombres, tiene peso, porque la película nunca construyó una conexión creíble con ninguno de ellos.

La banda sonora y el diseño de sonido tampoco ayudan: las canciones pop que se cuelan en las escenas íntimas rompen cualquier tensión que se hubiera podido construir, y la música electrónica de los clubes contrasta de forma tan brusca con los diálogos serios que la siguen que parece más un error de montaje que una decisión artística.

El final, con Laura soñando con un trío y decidiendo que «necesita tiempo para pensar», es el colmo del anticlímax: la película no ofrece respuestas, solo acumula más preguntas mal planteadas.

Desde su estreno en 2022, 365 días más ha cosechado un rechazo crítico prácticamente unánime. Variety la calificó de película «solo para masoquistas», mientras otros críticos señalaron cómo la franquicia desperdició cualquier atisbo de potencial que hubiera tenido en entregas anteriores. La cinta se estira hasta la hora y cuarenta y cinco minutos, una duración que se siente excesiva dado el ritmo lento y la falta de desarrollo narrativo.

El reparto tampoco ha ayudado a mejorar su reputación. Sieklucka y Morrone, populares entre el público más joven, han sido criticados por unas actuaciones planas y sin matices. Susinna, en cambio, sí ha recibido cierto reconocimiento por su energía en pantalla, aunque su personaje siga siendo una caricatura.

Temáticamente, la película explora la lucha interna de Laura entre el amor y la obsesión, pero lo hace de manera superficial. La idea de una segunda oportunidad en la vida podría haber sido interesante, pero se pierde entre escenas de sexo mal filmadas y diálogos predecibles. Ni siquiera la madre de Laura, que aparece brevemente para darle un consejo, logra añadir profundidad al conflicto.

La huella que deja 365 días más es mínima, y eso dice mucho de su calidad. A diferencia de otras franquicias eróticas como Cincuenta sombras de Grey, esta película no ha logrado capturar la atención del público ni de la crítica. Su producción lujosa no compensa la falta de sustancia en el guion ni en las actuaciones.

En definitiva, 365 días más confirma que esta saga siempre prefirió el entretenimiento superficial a la narrativa sólida y los personajes complejos: una y otra vez elige el brillo por encima de la sustancia, y ahí se explica por qué nunca deja de ser mediocre.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

Etiquetas: , , , , ,

Añádenos en Google

Debate

Hay 0 comentarios.