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Andy García, homenajeado en los Imagen Awards: «Sigan cayendo hacia adelante»

Camille Lefèvre

Hay frases que solo revelan su peso cuando sabes de qué boca proceden. Andy García —nacido en La Habana, llevado al exilio siendo un niño, el raro protagonista de Hollywood que llevó su identidad cubana sin disculpas— regresó al Beverly Hilton para recoger el Premio a la Trayectoria de la Imagen Foundation. Danny Pino le entregó el galardón; la sala esperaba un discurso de despedida. García le dio, en cambio, un método de trabajo.

«Os animo a seguir soñando y a seguir desafiando esos obstáculos. Seguid cayendo hacia adelante»,

Lo dijo, según informó Variety desde la ceremonia, en el mismo hotel donde su primer empleo en Los Ángeles lo colocó al otro lado de la puerta del salón de banquetes, como parte del servicio —un detalle que no ocultó sino que nombró, porque el arco que va de esa puerta a este estrado es todo el argumento. Su padre, añadió, solía decirle: «Nunca des un paso atrás, ni siquiera para tomar impulso». El hijo ha pasado una carrera traduciendo esa máxima en imágenes.

Sería fácil archivar «seguid cayendo hacia adelante» en la categoría de arenga de alfombra roja, ese consejo intercambiable que una persona famosa reparte a los jóvenes. En la mayoría de las bocas sería exactamente eso. En esta es una poética. García es el exiliado que nunca trató la asimilación como una estrategia profesional, y que —teniendo todas las oportunidades para vivir de la fama— eligió convertirse en autor.

Leed su obra como un conjunto y la frase la organiza. El teniente obstinado de «Los intocables», el heredero herido de «El padrino III», el elegante ladrón de «Ocean’s Eleven» —esos son los picos visibles. El proyecto que sostiene todo es «The Lost City», la película que dirigió y llenó con la música cubana que ha defendido durante décadas, un trabajo que sacó adelante por pura voluntad para aferrarse a la Habana que la revolución borró. No fue un cálculo comercial; fue una negativa a dar un paso atrás. Caer hacia adelante, para García, siempre ha significado convertir la pérdida en forma —transformar lo que fue arrebatado en algo compuesto, encuadrado, interpretado.

Por eso la noche no terminó con un discurso, sino con una trompeta. García cerró la ceremonia tocando junto a The CineSon All Stars y Arturo Sandoval —otro cubano que lo dejó todo para seguir haciendo su música en sus propios términos. La actuación fue la frase terminada por otros medios: el soñar y el desafiar obstáculos convertidos en un idioma, la gramática del impulso del exiliado que se puede escuchar.

Los escépticos de la sabiduría de las celebridades hacen bien en desconfiar; la mayor parte es insustancial, y una gala está diseñada para halagar. La única prueba que importa es si la vida respalda la frase. La de García lo hace. No le está diciendo a nadie que fracase alegremente. Está nombrando la única dirección que aún le queda a alguien que ya perdió el país en el que nació —y que construyó una obra a base de caer.

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