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Chevalier: un biopic que no aprovecha su potencial histórico

Pilar Lachén

La escena que abre Chevalier es un duelo de espadas bajo la lluvia, donde Joseph Bologne —interpretado por Kelvin Harrison Jr.— desafía a su maestro con una mezcla de gracia y ferocidad. Es una imagen poderosa, pero también reveladora: el filme promete acción y drama histórico, pero se queda atascado en los convencionalismos del biopic al uso.

Stephen Williams (Lovecraft Country) dirige este relato sobre Joseph Bologne, el Chevalier de Saint-Georges, un compositor, violinista y espadachín mulato que ascendió en la corte de María Antonieta (Lucy Boynton). La premisa es fascinante: un hombre negro en el siglo XVIII francés, luchando contra el racismo mientras domina las artes y las armas. Sin embargo, Chevalier nunca aprovecha del todo su potencial.

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La película funciona mejor cuando se centra en los logros musicales de Bologne. La secuencia del concierto en Versalles es uno de sus momentos cumbre: la cámara de Williams captura la tensión entre Joseph y la corte, mientras la partitura —compuesta por Kris Bowers— resuena con fuerza. Harrison Jr., que ya demostró su talento en Waves y Chevalier (2015), entrega una actuación contenida pero intensa, especialmente en las escenas de conflicto racial. Su química con Samara Weaving, como Marie-Josephine, añade un toque de pasión al drama.

Pero el filme tropieza cuando intenta abarcar demasiado: la trama amorosa se siente forzada, y los choques con María Antonieta carecen del peso emocional necesario. Boynton está bien, pero su personaje nunca va más allá del estereotipo de la reina caprichosa. El mayor problema es la estructura narrativa, que salta entre momentos clave de la vida de Bologne sin crear un arco coherente.

A nivel visual, Williams opta por planos amplios y colores saturados, evocando el estilo de Marie Antoinette (2006), pero le falta la audacia de Sofia Coppola. La fotografía es bonita, pero no memorable. El diseño de producción, en cambio, merece elogios: los trajes y decorados recrean el lujo decadente del Antiguo Régimen con detalle.

Donde Chevalier sí destaca es en su originalidad dentro del género. No es común ver una historia sobre un músico negro en el siglo XVIII, y menos aún con tanta atención a su legado artístico. Pero esa misma originalidad también es su talón de Aquiles: el filme parece inseguro sobre si quiere ser un drama histórico tradicional o una revisión crítica del mismo.

En definitiva, Chevalier tiene momentos brillantes —gracias a Harrison Jr. y la música—, pero se pierden en una narrativa dispersa y convencional.

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