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Da 5 Bloods: la guerra vista desde los olvidados

Veronica Loop
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La lluvia cae a cántaros sobre los rostros envejecidos de cuatro veteranos negros de Vietnam, reunidos frente a una tumba perdida en la selva. Es el momento que resume Da 5 Bloods: la guerra como herida abierta, el tiempo como traidor y la redención como espejismo. Spike Lee no busca solo contarnos una historia; quiere que sientas el lodo bajo tus botas y el peso de las decisiones pasadas.

El film es un viaje en dos direcciones: hacia el pasado traumático de estos soldados y hacia el presente donde deben enfrentar sus fantasmas, literalmente. La trama —cuatro veteranos regresan a Vietnam para recuperar los restos de su líder y el oro robado décadas atrás— podría ser un thriller convencional si no fuera por la mirada incisiva de Lee. La secuencia inicial, en blanco y negro, es un golpe directo: nos muestra la brutalidad de la guerra con una crudeza que recuerda a Apocalypse Now, pero desde una perspectiva negra que rara vez se ve en el cine bélico. Esta elección visual no es meramente estética; es política. Lee está reivindicando una narrativa que ha sido ignorada o distorsionada por Hollywood durante décadas.

El corazón del film late gracias al cuarteto protagónico, especialmente Delroy Lindo como Paul. Su performance es una tormenta de emociones reprimidas: el PTSD no es un mero adorno dramático, sino una presencia tangible que afecta cada interacción, desde los gritos en la selva hasta las miradas cargadas con su hijo David (Jonathan Majors). La química entre Lindo y Majors es eléctrica, especialmente en escenas como la confrontación en el hotel donde el pasado y el presente chocan violentamente. Lindo no solo actúa; encarna a un hombre roto por la guerra y las promesas incumplidas de una nación que lo envió a luchar pero lo abandonó después.

Clarke Peters, como Otis, aporta una calidez que contrasta con el tono general, mientras que Chadwick Boseman —en su última aparición— roba cada escena como Norman, aunque solo aparezca en flashbacks. La presencia de Boseman es un recordatorio de lo que el cine pierde cuando figuras así se van demasiado pronto. Su actuación es un homenaje a la memoria y a los hermanos de armas que ya no están.

La dirección de Lee es impecable, pero donde Da 5 Bloods brilla es en su capacidad para mezclar lo personal con lo político. Lee no evade las críticas al colonialismo, el capitalismo o el racismo sistémico; los temas están tejidos en la trama sin caer en sermones. La escena donde los veteranos discuten qué hacer con el oro —regresarlo a sus comunidades negras o usarlo para enriquecerse— es un microcosmos de las tensiones raciales y económicas que persisten hoy. Esta conversación no es abstracta; es una extensión directa de las experiencias vividas por estos hombres, tanto en la guerra como después.

El film también explora temas como la paternidad fallida y la identidad cultural. La relación entre Paul y David es un estudio de generaciones fracturadas por el trauma. Paul lleva su dolor como una armadura, mientras que David lucha por entender a un padre que parece más interesado en el oro que en su propio hijo. Esta dinámica se desarrolla con sutileza, especialmente en la escena donde David confronta a Paul sobre sus motivos para regresar a Vietnam.

Sin embargo, no todo funciona tan bien. El ritmo se resiente en algunos momentos, especialmente cuando la trama se detiene para desarrollar subtramas como la relación de Otis con Tiên (Lê Y Lan), que aunque interesante, diluye el enfoque principal. Además, la resolución del conflicto final —un cliché de acción que parece sacado de otro film— rompe la tensión meticulosamente construida.

A nivel técnico, Lee demuestra una vez más su dominio del lenguaje cinematográfico. Los planos en blanco y negro contrastan con los colores saturados del presente, creando un efecto visual potente. La banda sonora, desde el funk de Marvin Gaye hasta las composiciones originales, refuerza la atmósfera sin ser intrusiva.

Da 5 Bloods es una película ambiciosa que busca sanar heridas históricas mientras expone las cicatrices del presente. No es perfecta —el ritmo irregular y algunos giros predecibles la alejan de su potencial máximo—, pero es un film necesario, urgente incluso.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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