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Detective Conan persigue una moto sin conductor en Fallen Angel of the Highway

Martha Lucas

Una motocicleta negra que no responde a ningún piloto es el motor de Detective Conan: Fallen Angel of the Highway, y casi todo lo que hace la película se organiza alrededor del problema de detenerla. La máquina recorre a toda velocidad las autopistas elevadas sobre Yokohama mientras la Policía de la Prefectura de Kanagawa estrena su propia moto de persecución, y el caso que cae en manos del pequeño detective es menos un cadáver que explicar que una cuestión de física y de intención: quién, o qué, gobierna un vehículo que parece gobernarse solo.

La premisa pone la maquinaria detectivesca de la saga al servicio de un thriller de carretera, y coloca a una invitada al manillar. Chihaya Hagiwara, que dirige la división de motocicletas de la prefectura y se ha ganado el apodo de diosa del viento, es lo más parecido a una segunda protagonista, y el guion mantiene su pericia y la moto desbocada en rumbo de colisión desde el primer rollo. El misterio es real, pero la película se ordena primero por el movimiento y después por la deducción, un equilibrio distinto al de los enigmas de salón que la serie también factura.

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El reparto de voces es donde la película declara sus intenciones. Miyuki Sawashiro asume el papel de Hagiwara y entra en un registro que la franquicia perdió con la muerte de Atsuko Tanaka; la decisión se lee como homenaje y recalibración a la vez, porque Sawashiro interpreta la autoridad con un filo más frío y seco que la calidez que Tanaka aportaba a sus personajes de este universo. A su alrededor, la producción recurre al reclamo de rostros del cine de acción real: Ryūsei Yokohama y Mei Hata debutan aquí como actores de doblaje, en los papeles de Kazuaki Omae y Minato Tateoki, el tipo de fichaje que la serie emplea casi cada primavera para atraer al público general hacia un título de género.

Detrás de la cámara, por así decirlo, está Takahiro Hasui, que firma en solitario la dirección de un largometraje de Conan por primera vez tras encargarse de la fotografía en la entrega submarina de la saga. Un cineasta formado en cómo se mueven las imágenes, más que en cómo se compone una habitación, encaja con una película cuyas secuencias dependen de la velocidad, las líneas de visión y la geometría de un enlace de autopista; el material promocional sugiere que las persecuciones son la razón de ser de esta entrega. La serie rota a sus directores, y cada llegada inclina la balanza entre el enigma y el espectáculo: la de Hasui se inclina con fuerza hacia el asfalto.

El problema de oficio más difícil está en el guion. Takahiro Okura, novelista de misterio de profesión, tiene que injertar a una protagonista de una sola película en un elenco que lleva tres décadas acumulando relaciones, darle un pasado que el público asimile en menos de dos horas y, aun así, atender a los habituales que compran las entradas. Es un equilibrio dramatúrgico que la franquicia ejecuta cada primavera, y solo funciona cuando las cuitas privadas de la invitada se entienden sin manual de instrucciones. Si Hagiwara cuaja como personaje o como mero soporte para las escenas de acción es la línea por la que camina la película.

Lo que la cinta no promete es reinvención. Las películas de Conan centradas en un invitado tienden a apartar la conspiración central de la saga, y un personaje de una sola entrega rara vez sobrevive a sus créditos, por bien dibujado que esté. Quien entre en frío —exactamente el público al que ahora invita la distribución en inglés— tendrá que dar por buena una enorme cantidad de historia acumulada, desde la química de los habituales hasta las reglas del mundo. Un estreno de récord demuestra apetito, no profundidad, y los dos se confunden con facilidad cuando las colas son así de largas.

El reparto acreditado mantiene las voces centrales de la serie: Minami Takayama como Conan Edogawa, Wakana Yamazaki como Ran Mouri y Rikiya Koyama como Kogoro Mouri, con Yuko Sanpei, Michiko Neya, Yuya Uchida y Toshiki Masuda completando el plantel de invitados. Yūgo Kanno firma la banda sonora y MISIA interpreta el tema, «Last Dance Anata to». La animación corre a cargo de TMS Entertainment y la película está clasificada para todos los públicos.

El argumento comercial ya está resuelto. En su mercado de origen la película abrió en el número uno, mandó al segundo puesto al estreno de Doraemon de la temporada y marcó un nuevo récord de apertura de tres días para la serie; la recaudación acumulada ha superado desde entonces los once mil millones de yenes con más de siete millones y medio de espectadores, el cuarto año consecutivo en que un largometraje de Conan rebasa la barrera de los diez mil millones. Ese es el contexto que heredan ahora las salas occidentales.

Trinity CineAsia estrena Detective Conan: Fallen Angel of the Highway en cines de Reino Unido e Irlanda el 12 de junio, subtitulada y en formatos premium seleccionados. Ya se proyecta en Japón y ha ido llegando a varios países de Asia, con pases en Taiwán a partir del 24 de junio y Hong Kong y Macao previstos para el 9 de julio; en Corea del Sur se espera durante el verano. De momento no hay fecha de estreno confirmada en salas españolas. La duración es de 109 minutos.

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