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Multiverse of Madness: Raimi salva el terror pero ahoga la trama

Martin Cid
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Imagina la secuencia inicial: Doctor Strange y una versión alternativa de sí mismo persiguiendo a América Chavez por un laberinto de realidades distorsionadas, con demonios al acecho en cada esquina. Las cámaras giran, los colores se desvanecen y mezclan como en un sueño febril. Sam Raimi no solo recupera el espíritu de sus clásicos de terror sobrenatural, sino que lo infunde en el universo cinematográfico de Marvel. «Doctor Strange in the Multiverse of Madness» es una montaña rusa visual y emocional, pero su ambición narrativa la deja tambaleando.

La película se beneficia enormemente del toque personal de Raimi. Las secuencias de terror, como el ataque a Kamar-Taj o los viajes alucinantes por realidades alternativas, están ejecutadas con una energía que recuerda a «Evil Dead». La fotografía y el diseño de producción son impresionantes, especialmente en los saltos entre universos, donde cada realidad tiene su propia estética distintiva. Danny Elfman aporta una banda sonora inquietante que refuerza la atmósfera, aunque algunos críticos señalaron que su tema principal para Doctor Strange no logra igualar el icónico trabajo de Michael Giacchino en la primera película.

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La dirección de Raimi es uno de los aspectos más destacados de la película. Su habilidad para mezclar el horror y la fantasía crea un tono único dentro del MCU. Las tomas subjetivas, los primeros planos distorsionados y las transiciones abruptas entre escenas aportan una sensación de urgencia y peligro constante. Sin embargo, esta misma dirección también es su mayor debilidad. Raimi parece más interesado en el espectáculo visual que en la narrativa, lo que resulta en una película que a menudo se siente como un collage de momentos impactantes en lugar de una historia coherente.

El problema central de la película es su estructura narrativa. Raimi y el guionista Michael Waldron intentan equilibrar múltiples arcos: el desarrollo de Wanda Maximoff, la introducción de América Chavez y el arco de Doctor Strange. La trama se siente abrumada por su propia premisa. Hay demasiados saltos entre realidades, cada una con sus propias reglas y personajes, lo que dificulta la conexión emocional con cualquier historia en particular.

Las actuaciones son un punto alto. Benedict Cumberbatch brilla como siempre, aportando profundidad a las decisiones éticas de Strange. Su interpretación captura la angustia y la determinación del personaje, especialmente en escenas como su confrontación final con Wanda. Elizabeth Olsen roba el espectáculo como Wanda Maximoff, llevando su arco de villanía con una mezcla de dolor y furia que es difícil de olvidar. Su actuación es especialmente poderosa en las escenas donde explora sus recuerdos con Billy y Tommy, aunque algunos críticos señalaron que su transformación en la Scarlet Witch se siente un poco abrupta.

Xochitl Gomez muestra promesa como América Chavez, aunque su personaje merecía más desarrollo. Su química con Cumberbatch es palpable, especialmente en las escenas de viaje por el multiverso. Chiwetel Ejiofor y Benedict Wong aportan solidez a sus roles recurrentes, pero sus personajes se sienten un poco desechables en esta entrega.

El mayor problema de la película es su estructura. La primera mitad se siente acelerada, saltando de un conjunto a otro sin tiempo para respirar. La segunda mitad intenta compensarlo con una secuencia de acción prolongada en Mount Wundagore, que aunque visualmente impresionante, carece de la claridad necesaria para ser satisfactoria.

La película también sufre de un exceso de ambición temática. Intenta explorar temas como el duelo, la identidad y el poder del libre albedrío, pero cada tema recibe solo un tratamiento superficial. La relación entre Wanda y sus hijos Billy y Tommy es especialmente problemática. Aunque la película intenta dar peso emocional a su búsqueda, nunca se siente completamente desarrollada.

En comparación con otras películas del MCU, «Doctor Strange in the Multiverse of Madness» destaca por su estilo visual único y su enfoque en el terror. Sin embargo, carece de la coherencia narrativa que hace que otras películas como «Avengers: Infinity War» o «Guardians of the Galaxy Vol. 3» sean tan memorables.

El público al que va dirigida esta película es claro: los fans del MCU que buscan una experiencia visualmente estimulante y emocionalmente intensa. Sin embargo, aquellos que buscan una narrativa coherente y bien desarrollada pueden sentirse frustrados.

La película también tiene problemas técnicos menores. Algunos efectos especiales se sienten un poco genéricos, especialmente en las secuencias de viaje por el multiverso. Aunque los diseños de producción son impresionantes, la falta de consistencia en la calidad visual resta algo al impacto general.

En última instancia, «Doctor Strange in the Multiverse of Madness» es un espectáculo visual y emocional, pero su narrativa fragmentada y su exceso de ambición la impiden alcanzar su pleno potencial. Raimi logra crear momentos memorables y una atmósfera única dentro del MCU, pero la película nunca se siente completamente satisfactoria.

La película también tiene problemas técnicos menores. Algunos efectos especiales se sienten un poco genéricos, especialmente en las secuencias de viaje por el multiverso. Aunque los diseños de producción son impresionantes, la falta de consistencia en la calidad visual resta algo al impacto general.

En última instancia, «Doctor Strange in the Multiverse of Madness» es un espectáculo visual y emocional, pero su narrativa fragmentada y su exceso de ambición la impiden alcanzar su pleno potencial.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Jett Klyne — Tommy Maximoff
  • Julian Hilliard — Billy Maximoff

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