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Donde la verdad se esconde tiene un gran agujero y poca historia para llenarlo

El terror de Wisit Sasanatieng (2021) arranca con una idea inquietante y se pierde en un tramo final endeble.
Martha O'Hara
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Lo que me quedó en la cabeza al acabar «The Whole Truth» fue un agujero en una pared. Dos hermanos lo encuentran en casa de sus abuelos, y al otro lado hay algo que no debería estar ahí. Esa es toda la premisa. Wisit Sasanatieng levanta la película entera sobre esa única idea, y el título tailandés, que viene a significar «El enigma del agujero embrujado», deja claro que lo sabe.

El arranque es rápido. Pim (Sutatta Udomsilp) es una animadora muy popular en el instituto. Su hermano Putt (Nattapat Nimjirawat) es algo así como un marginado que lleva una férula en la pierna, sin que la película explique el motivo. Su madre, Mai (Nicole Theriault), los saca adelante sola y acaba de recibir un ascenso. Después llegan una noche de lluvia, un accidente de coche y un coma en la UCI. A la puerta aparece un hombre que dice ser su abuelo, Phong (Sompob Benjathikul). En el hospital conocen a la abuela, Wan (Tarika Thidathit), que llama «Krit» a Putt por error y exige que los adolescentes se instalen en la antigua habitación de su madre, porque, afirma, vivieron allí de niños. Ninguno de los dos lo recuerda. Phong les cuenta que Wan padece demencia y les pide que no se tomen a pecho sus rarezas.

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La demencia es una etiqueta cómoda, y la película sabe sacarle partido. Difumina la frontera entre síntoma y aparición hasta que uno ya no sabe qué está viendo. ¿Está confusa Wan o lo está la casa? El guion de Abishek J. Bajaj mantiene esa duda abierta durante bastante rato, y esas primeras escenas son las más inquietantes del conjunto. Pim lleva a su abuelo a ver el agujero. Él no ve nada. Wan tampoco. Deciden que los chicos mienten y Phong se marcha hecho una furia. Wan se queda mirando un hueco vacío en la pared, donde antes colgaba un reloj, y anuncia que es hora de acostarse. No ocurre nada sobrenatural en ese momento y, aun así, hiela más que casi todo lo que viene después.

Por el agujero, Putt ve una segunda casa, parecida a la primera pero en ruinas, y una figura de pelo oscuro que se mueve en su interior. El agujero se cierra y luego reaparece. Wisit se toma su tiempo con todo esto, y deja que el ruido de algo que rasca llegue antes que cualquier imagen. La mejor secuencia llega cuando Fame (Sadanont Durongkhaweroj), compañero de Putt, está en la casa y sigue presionándolo con un vídeo que guarda contra él. Fame no oye ni ve nada, ni siquiera cuando Putt mira por el agujero y descubre a un niño con la cara negra e hinchada hasta lo grotesco y un líquido oscuro que le cae de la boca y la nariz. Entonces Fame se asoma por su cuenta y sale con la nariz sangrando, y culpa a Putt de haberlo empujado. Es una escena desagradable, porque la lógica de la casa se vuelve contra la única persona que dice la verdad.

El reparto resulta sólido sin buscar el lucimiento. Sompob dota a Phong de un mal genio que insinúa más de lo que el diálogo confiesa, y Tarika consigue que los despistes de Wan den pena antes que miedo. Sutatta y Nattapat tienen la tarea más ingrata, porque el guion les pide reaccionar ante cosas que nadie más ve, y se mantienen creíbles de principio a fin. Fame es el personaje menos trabajado: un acosador que existe sobre todo para empujar la trama.

Los problemas empiezan cuando la película quiere crecer. Aspira a contar una historia que abarca varias generaciones, y una de las primeras críticas sostuvo que le falta el matiz que ese tipo de relato exige. Coincido. Secretos de familia, una casa encantada y una sed de venganza por parte de Phong (un resumen la describe como una búsqueda equivocada) se disputan el mismo metraje. El ritmo flaquea. Hay tramos que se arrastran y otros que pasan de largo por material que pedía espacio, y el último acto resulta más endeble que el misterio que lo precede.

La película llegó a Netflix el 2 de diciembre de 2021, en tailandés con subtítulos en inglés. La acogida fue dispar. Algunos espectadores en Rotten Tomatoes la consideran asombrosamente infravalorada y afirman que la premisa y su núcleo emocional merecen una oportunidad. Es una opinión generosa, pero entiendo de dónde viene. El agujero es un gran gancho, y la película funciona mejor cuando se fía de él.

No diría que sea una gran película. Tiene una pared estupenda, un puñado de escenas que la merecen y una atmósfera y un reparto que la llevan más lejos que la trama. Quien busque un misterio bien cerrado, que mire en otra parte. Quien esté dispuesto a perdonar un final confuso a cambio de esa pared, pasará una tarde aceptable.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Keetapat Pongruea — Pinya

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