Cine

Identidad desbloqueada tiene un gran arranque, pero se pierde en fórmulas conocidas

El debut de Kim Tae-joon (2023) rehace el thriller japonés con un Yim Si-wan magnético.
Martha O'Hara
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Oh Jun-yeong no necesita forzar ninguna cerradura. Lee Na-mi (Chun Woo-hee) olvida su teléfono en un autobús, él lo recoge y, con la voz alterada por una aplicación, le dice dónde puede recuperarlo al día siguiente. Ese es todo el gancho de Identidad desbloqueada, y funciona. El problema llega cuando la película tiene que decidir qué hacer con él.

La premisa es buena por lo cotidiana. Na-mi trabaja en márketing para una start-up de bebidas de gelatina y echa una mano en la cafetería de su padre, así que es una joven ocupada y creíble, de las que entregarían su contraseña sin pensarlo. La escena de la tienda de reparaciones, donde un hombre enmascarado arregla la pantalla rota y le pide el código con toda naturalidad, es lo mejor que hace Chun Woo-hee, porque la interpreta como simple cortesía. Cuando después el miedo tiene que sostener la película, sus reacciones a veces se quedan planas. El guion la empuja de una humillación a otra sin darle tiempo a responder.

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Yim Si-wan es el gran acierto. Su Jun-yeong es amable, atento y aparece siempre en el momento oportuno, porque ha leído la vida de ella en su propio móvil y prepara cada encuentro. Resulta tan agradable que la desconfianza del padre, Seung-woo (Park Ho-san), parece la única reacción sensata, y por eso la película necesita encerrarlo. Yim no subraya nunca la amenaza. La sonrisa hace casi todo el trabajo.

El tramo central es lo mejor del conjunto, y apenas contiene violencia. Jun-yeong filtra información de la empresa a través de las redes sociales de Na-mi y ella pierde el empleo. Después intercepta el mensaje que ella envía a un experto en seguridad digital y responde en su lugar. Logra convencerla de que su mejor amiga, Eun-joo (Kim Ye-won), está detrás del ataque. En pocos días Na-mi se queda sin trabajo, sin amiga y sin nadie que la crea, y la policía le pide pruebas antes de actuar. Nadie tira una puerta abajo. Una mujer queda fuera de su propia vida, aplicación a aplicación.

La trama policial funciona peor. El detective Woo Ji-man (Kim Hie-won) investiga un cadáver hallado en una montaña aislada, y las pistas le llevan hasta Jun-yeong, el hijo al que lleva diez años sin ver. Es una idea potente, pero llega como una película aparte cosida a la principal, y cada vez que la historia corta a ella se pierde la presión que habían acumulado las escenas de Na-mi. Ji-man y su compañero Jeong-ho (Jeon Jin-oh) debilitan además la trampa que se prepara en el apartamento de ella. Ven a Jun-yeong acercarse al edificio, no lo reconocen y lo dejan marchar. La historia lo necesita, pero cuesta creérselo.

El último acto se traslada a la casa de Seung-woo, donde Jun-yeong obliga a Na-mi a una elección cruel incluso para los estándares del género. La revelación posterior, que ese hombre robó la identidad del verdadero hijo de Ji-man, su primera víctima, da al detective el peso que le faltaba. Llega tarde, sin embargo, y la película no le concede espacio.

Kim Tae-joon firma aquí su debut como director, con un remake del filme japonés Stolen Identity (2018), y se nota en la pulcritud y en la falta de sorpresas. El villano tecnológico, la protagonista aislada y la policía siempre un paso por detrás son ingredientes que ya conocemos, y la película apenas los recombina.

Identidad desbloqueada llegó a Netflix el 17 de febrero de 2023 y encaja bien en el formato: se empieza sin esfuerzo, se sigue sin perderse y se alarga un poco en el medio. La premisa es más afilada que su desarrollo, y los intérpretes, Yim sobre todo, son mejores que el guion que les toca. Es un thriller correcto, con un tramo excelente rodeado de demasiados giros previsibles.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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