Cine

Earwig and the witch: un experimento fallido de ghibli en cgi

Martin Cid

La escena inicial de Earwig and the Witch —un plano CGI granulado de una niña rebelde en un orfanato inglés— promete algo más cercano al estilo visual distintivo de Studio Ghibli. Pero esa esperanza se desvanece rápido, dejando atrás un revoltijo de decisiones creativas cuestionables.

Dirigida por Gorō Miyazaki, esta adaptación del libro de Diana Wynne Jones es el primer intento de Ghibli en animación CGI completa, y el resultado es un experimento fallido. La historia sigue a Earwig, una niña adoptada por la bruja Bella Yaga (Shinobu Terajima), quien solo la quiere como sirvienta. Lo que podría haber sido una narrativa sobre la agencia infantil y la magia se pierde en una ejecución torpe.

El mayor problema es el uso del CGI. La tecnología no logra capturar la calidez de los trazos tradicionales de Ghibli, ni tampoco aprovecha las ventajas de la animación por computadora para crear algo nuevo. Los personajes se mueven con rigidez, y los fondos carecen de la profundidad y textura que hacen únicos a los films del estudio (ej. El Viaje de Chihiro). La paleta de colores apagados y los diseños visuales genéricos —como la casa de Bella Yaga— no invitan a sumergirse en el mundo fantástico prometido.

Donde el filme sí destaca es en su estructura, aunque sea por razones equivocadas. El ritmo es errático: la primera mitad avanza con lentitud mientras Earwig se adapta a su nueva vida, pero luego acelera bruscamente hacia un clímax caótico de revelaciones y magia descontrolada. La escena donde Earwig descubre los secretos del pasado de Bella Yaga tiene potencial —con un diálogo crudo sobre el abandono y la identidad— pero se diluye en una secuencia visual confusa.

Las actuaciones vocales, aunque competentes, no logran salvar el proyecto. Kokoro Hirasawa da vida a Earwig con energía, pero el resto del elenco —incluyendo a Terajima como Bella Yaga— queda atrapado en diálogos artificiales y situaciones forzadas. La relación entre Earwig y Thomas (Gaku Hamada), el gato familiar parlante, podría haber sido un punto fuerte, pero sus interacciones carecen de química.

Donde Earwig and the Witch sí acierta es en su mensaje central: la importancia de la autonomía infantil frente a figuras adultas manipuladoras. La escena donde Earwig usa magia para liberarse del control de Bella Yaga es satisfactoria, aunque llegue demasiado tarde para rescatar el filme.

En resumen, esta producción es un desvío decepcionante para Studio Ghibli. Falta coherencia en su dirección artística, y la transición a CGI no se justifica narrativamente ni visualmente.

Reparto

Etiquetas: , , , , ,

Debate

Hay 0 comentarios.