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Ivy + Bean: amistad infantil sin chispa original

Martin Cid Magazine
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La escena inicial de Ivy + Bean (2022), dirigida por Elissa Down, es un contraste visual inmediato: Ivy, con su silencio contemplativo, observa el mundo desde la ventana mientras Bean irrumpe en el cuadro como una ráfaga de energía descontrolada. Esta dinámica define el núcleo del filme, una adaptación del exitoso libro infantil de Annie Barrows. La película sigue a dos niñas de siete años, Ivy (Keslee Blalock), reservada y observadora, y Bean (Madison Skye Validum), ruidosa e intrépida, cuyas diferencias iniciales se transforman en una amistad inesperada a través de una serie de aventuras. Sin embargo, la pregunta que persiste es si el filme logra capturar la esencia literaria de los personajes o si queda atrapado en los límites genéricos del cine familiar.

El dossier revela que Ivy + Bean es una producción de Netflix, lo que ya sugiere un enfoque comercial hacia un público infantil y familiar. Dirigida por Elissa Down —conocida por su trabajo en televisión como The Fosters— la película se beneficia de una dirección competente pero convencional. Down prioriza la claridad narrativa sobre la originalidad visual, algo comprensible dado el target demográfico. No obstante, esta decisión limita el potencial del filme para destacar en un género saturado por producciones similares.

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El guion, escrito por Jeff Stockwell y Kathy Waugh, adapta el primer libro de la serie homónima de Annie Barrows. La trama gira en torno a Ivy y Bean, vecinas que inicialmente se desprecian mutuamente pero que, tras una serie de eventos, descubren que sus diferencias pueden ser complementarias. El problema radica en cómo el guion simplifica demasiado los conflictos internos de las protagonistas. Mientras que los libros exploran temas como la empatía y la aceptación de las diferencias a través de diálogos ingeniosos y situaciones cotidianas, la película recurre a clichés para resolver tensiones. Por ejemplo, el arco de Ivy —quien aprende a ser más audaz— se resuelve mediante una secuencia de acción poco convincente en lugar de un desarrollo orgánico de su carácter.

Donde la película sí acierta es en la química entre las actrices principales. Keslee Blalock transmite con sutileza la timidez de Ivy, mientras que Madison Skye Validum captura la esencia rebelde y juguetona de Bean. Su interacción en la escena del «juego de espías» —donde intentan resolver un misterio vecinal— es el momento más auténtico de la película, mostrando cómo sus personalidades opuestas se complementan. Esta secuencia, aunque breve, resalta por su ritmo ágil y la credibilidad de las interpretaciones infantiles.

Sin embargo, el reparto secundario —incluyendo a Garfield Wilson como David y Jaycie Dotin como Katrine— cumple sin sobresalir. Los adultos, especialmente Nia Vardalos en el papel de Mrs. Trantz, son caricaturescos, un error común en películas familiares que subestiman la capacidad de los niños para conectar con personajes complejos. La señora Trantz, por ejemplo, es retratada como una figura autoritaria y estricta sin matices, lo que reduce su interacción con Ivy y Bean a un conflicto superficial.

La dirección artística y la fotografía, aunque funcionales, carecen de distintivos. La película se desarrolla en un entorno suburbano genérico, con casas idénticas y calles limpias que refuerzan la sensación de normalidad. La paleta de colores es brillante pero predecible, evitando cualquier riesgo visual que podría haber añadido profundidad al relato. La banda sonora, compuesta por una mezcla de canciones pop infantiles y música orquestal, no logra destacar ni aportar emociones adicionales.

Uno de los aspectos más discutibles del filme es su enfoque en lo «mágico». A diferencia de los libros, donde la imaginación de las protagonistas juega un papel central pero sin elementos sobrenaturales, la película introduce una trama secundaria sobre algo misterioso que ocurre en el barrio. Esta decisión parece un intento forzado de añadir fantasía a una historia que podría haber prosperado con un enfoque más realista y cotidiano. El resultado es una subtrama confusa que no se resuelve satisfactoriamente, dejando al espectador con más preguntas que respuestas.

En cuanto a la recepción crítica, el dossier indica que la película obtuvo una calificación de 6.1 en IMDb y un 83% de audiencia en Rotten Tomatoes. Estas cifras sugieren que el público infantil y familiar respondió positivamente, aunque las reseñas especializadas son más escépticas. Common Sense Media destaca el mensaje positivo sobre la amistad, pero critica la simplificación de los conflictos.

Comparada con otras adaptaciones literarias infantiles, Ivy + Bean palidece frente a ejemplos como Matilda (1996) o incluso las recientes producciones de Netflix como Enola Holmes. Estas películas logran equilibrar el entretenimiento familiar con un desarrollo de personajes más profundo y una narrativa coherente. En cambio, Ivy + Bean se queda en la superficie, ofreciendo una experiencia visualmente agradable pero emocionalmente superficial.

El mensaje central del filme —sobre aceptar las diferencias y encontrar amigos inesperados— es valioso, pero se entrega con torpeza. La película podría haber profundizado más en los mundos interiores de Ivy y Bean, explorando cómo cada una ve el mundo y por qué sus perspectivas chocan y luego convergen. En su lugar, recurre a situaciones cómicas y acciones exageradas para transmitir este mensaje, lo que puede resultar efectivo para un público muy joven pero insuficiente para los más críticos.

En conclusión, Ivy + Bean es una película familiar competente pero olvidable. Si bien logra capturar la esencia de los personajes principales en algunos momentos, su estructura narrativa simplista y la falta de originalidad visual la alejan de ser una adaptación memorable.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Keslee Blalock — Ivy
  • Madison Skye Validum — Bean

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