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**The Suicide Squad: un caos sangriento y divertido sin pretensiones**

Martin Cid
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The Suicide Squad (2021) abre con un plano detalle del explosivo adherido al pecho de Bloodsport, su tictac resonando como una cuenta regresiva hacia el caos. Es una imagen que define el tono de la película: violenta, grotesca y, sobre todo, descaradamente divertida. James Gunn, conocido por su trabajo en Guardians of the Galaxy, toma las riendas de este reinicio del equipo suicida de DC y lo convierte en un carnaval de acción sangrienta, humor negro y personajes excéntricos.

La premisa es simple pero efectiva: Amanda Waller (Viola Davis), la manipuladora directora de Belle Reve Penitenciaría, recluta a una nueva tanda de convictos superpoderosos para formar Task Force X. Entre ellos están Harley Quinn (Margot Robbie), Bloodsport (Idris Elba), Peacemaker (John Cena) y otros marginados como Polka-Dot Man (David Dastmalchian) y Ratcatcher 2 (Daniela Melchior). Su misión: infiltrarse en la isla de Corto Maltese, infestada de criaturas alienígenas conocidas como Starro. Lo que sigue es una sucesión de escenas absurdas, desde un tiroteo en un museo lleno de monstruos hasta una secuencia grotesca en la que King Shark (Sylvester Stallone) devora a sus enemigos con una sonrisa sádica.

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Gunn acierta al priorizar el caos sobre la coherencia narrativa. A diferencia del primer Suicide Squad (2016), dirigido por David Ayer, este filme no se toma a sí mismo en serio ni por un segundo. Gunn utiliza su experiencia en comedias de ciencia ficción para infundir humor en cada escena, desde chistes visuales hasta diálogos irónicos. La dirección de Gunn es audaz, utilizando planos amplios para capturar el absurdo de cada situación y cortes rápidos que mantienen la energía alta incluso cuando la trama se desmorona. El diseño de producción y los efectos visuales (aunque algunos CGI son evidentemente baratos) refuerzan este tono caricaturesco.

Sin embargo, donde la película tropieza es en su estructura fragmentada. La primera hora se siente como un episodio piloto interminable, introduciendo personajes y subtramas sin propósito claro. Gunn intenta equilibrar el desarrollo de cada personaje con la acción, pero el resultado es una narrativa dispersa que solo encuentra su ritmo a mitad de la película. La inclusión de Peacemaker, aunque entretenida por el carisma de John Cena, diluye el enfoque del equipo principal. El personaje, un patriota obsesionado con la paz a través de la violencia, roba escenas pero no aporta profundidad a la trama.

Uno de los aspectos más interesantes del filme es su intento de explorar temas políticos y sociales. Gunn utiliza el escenario de Corto Maltese para criticar el colonialismo estadounidense, con diálogos irónicos que cuestionan las motivaciones detrás de las misiones de Task Force X. Sin embargo, estos momentos quedan atrapados en el caos sin desarrollar una crítica cohesionada. La película menciona brevemente la explotación de los recursos de la isla y la hipocresía de los Estados Unidos, pero nunca profundiza lo suficiente para que estos temas resuenen.

El reparto es desigual pero memorable. Margot Robbie roba cada escena como Harley Quinn, equilibrando su locura con vulnerabilidad. Su química con Bloodsport (Idris Elba) es uno de los puntos altos del filme, ya que ambos personajes comparten un sentido del humor oscuro y una moralidad cuestionable. Elba aporta la seriedad necesaria como Bloodsport, mientras que John Cena se divierte en su papel de Peacemaker, un personaje que podría haber sido ridículo pero que gana carisma gracias a su interpretación exagerada.

Daniela Melchior destaca como Ratcatcher 2, añadiendo profundidad emocional a un personaje secundario. Su arco narrativo, centrado en la búsqueda de su hermano, es uno de los pocos momentos en los que la película explora temas más serios sin caer en el humor fácil. Sylvester Stallone, aunque limitado por el vozover, se divierte en su papel de King Shark, un monstruo parlante con una sonrisa sádica.

La película también falla al no aprovechar plenamente el potencial oscuro del material original. A diferencia de los cómics de John Ostrander, que exploraban la moralidad gris de sus personajes y las consecuencias de sus misiones, The Suicide Squad opta por el humor fácil sobre el drama. Gunn intenta balancear ambos elementos, pero el resultado es una película que nunca se decide entre ser una comedia absurda o un thriller político.

En comparación con otros filmes del Universo Extendido de DC (DCEU), The Suicide Squad destaca por su tono único y su enfoque en el caos. A diferencia de películas como Wonder Woman o Aquaman, que buscan un equilibrio entre acción y drama, este filme abraza su locura sin disculparse. Sin embargo, esto también es su mayor debilidad: la falta de coherencia narrativa y la sobrecarga de personajes secundarios diluyen el impacto emocional.

MCM Score: 6.8/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 2 / genre_fit 1

La película es un divertido, aunque caótico, viaje por el mundo del absurdo y la violencia estilizada. No es una obra maestra, pero cumple su objetivo de entretener sin tomarse a sí misma en serio. Para los fans del humor negro y la acción desenfrenada, The Suicide Squad es una experiencia única dentro del DCEU. Sin embargo, para aquellos que buscan una narrativa cohesionada o una exploración profunda de sus temas, la película puede resultar decepcionante. Aun así, el carisma del reparto y la dirección audaz de Gunn hacen que valga la pena verla al menos una vez.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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