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El exorcista sigue siendo la cima insuperada del cine de terror americano y no hay debate posible

La obra maestra de William Friedkin (1973) permanece tan inquietante y teológicamente ambigua como el día de su estreno.
Martha O'Hara
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La escena inicial de El exorcista —el rostro demacrado del padre Merrin contemplando una estatua en ruinas— no es solo un preludio visualmente impactante, sino el primer indicio de que William Friedkin no está aquí para entretener. Está aquí para perturbar.

Basada en la novela de William Peter Blatty y dirigida con pulso firme por Friedkin, El exorcista (1973) es un ejercicio de horror meticuloso, donde cada decisión técnica —desde el uso del zoom en los planos de Regan hasta el sonido gutural que rompe el silencio— sirve a un propósito más oscuro. La película sigue la posesión demoníaca de una niña y los intentos desesperados de dos sacerdotes por salvarla, pero su verdadero logro es convertir lo sobrenatural en algo tangible, en algo que ocurre aquí y ahora, en esta habitación, en este cuerpo.

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El casting, inicialmente cuestionado por los estudios, resulta ser uno de sus puntos fuertes. Ellen Burstyn, como Chris MacNeil, ancla la película en lo real con su desesperación materna —una mujer incapaz de aceptar lo que tiene delante de los ojos— antes de que el horror se desate del todo. Su interpretación es cruda y desgarradora, especialmente en las escenas donde esa desesperación choca con lo inexplicable. Linda Blair, como Regan, es igualmente convincente: su transformación física y verbal —desde risitas nerviosas hasta blasfemias guturales— es escalofriante sin caer en lo grotesco. Max von Sydow y Jason Miller, como los sacerdotes Merrin y Karras, aportan una serenidad que contrasta con el caos, aunque la actuación de Miller a veces parece rígida, como si estuviera recitando un texto sagrado más que interpretando.

La construcción del terror es implacable. Friedkin elige escenas cotidianas —una niña jugando con una ouija— para sembrar inquietud antes de detonar momentos de puro shock, como la famosa secuencia del exorcismo. Aquí, el diseño de sonido (galardonado con un Oscar) se convierte en arma: los gritos, los golpes y los latidos acelerados inundan la sala, haciendo que el espectador sienta cada golpe. La fotografía de Owen Roizman, con sus sombras alargadas y su tratamiento de la luz como un personaje más, convierte cada encuadre en una amenaza latente. Lo que ocurre en esa habitación no parece filmado desde fuera: parece que alguien lo presenció.

Que ese casting resultara tan preciso no fue gratuito: Friedkin y Blatty chocaron con Warner Bros. precisamente por elegir actores poco conocidos en lugar de estrellas consolidadas. La apuesta funcionó porque esas caras sin lastre cinematográfico anterior permiten que el horror no tenga ancla en ningún personaje previo: Regan es solo Regan, no una actriz famosa siendo poseída. En el momento en que se reconoce a una estrella, se rompe el hechizo. Aquí el hechizo no se rompe.

El ritmo a veces se resiente por explicaciones demasiado largas —como las discusiones teológicas entre los sacerdotes— que interrumpen el flujo del terror. Y aunque la posesión de Regan es creíble, algunos efectos especiales (como su cabeza girando 180 grados) envejecen mal, recordando al espectador que está viendo una película de los setenta.

La recepción inicial fue mixta, pero el impacto cultural fue inmediato. El exorcista no solo se convirtió en la primera película de terror nominada al Oscar a Mejor Película, sino que también generó largas colas en las taquillas y reacciones físicas en algunos espectadores, desde desmayos hasta náuseas. La controversia sobre su clasificación como R en lugar de X añadió otro capítulo a su leyenda.

La fe, el bien contra el mal, los límites de la voluntad humana ante lo inexplicable: El exorcista no los ilustra, los somete a presión hasta que algo se rompe. La secuencia final, con Karras lanzándose desde una ventana, es tanto trágica como liberadora —el sacrificio como única respuesta disponible, formulado sin concesiones ni alivio narrativo.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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