Cine

Riverdance animado decepciona por su falta de enfoque

Veronica Loop
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La pantalla se inunda con una luz dorada mientras los ciervos gigantes danzan sobre un río plateado bajo la luna llena. Es una imagen que promete magia, ritmo y aventura, pero Riverdance: The Animated Adventure (2021) de Dave Rosenbaum y Eamonn Butler no logra sostener esa promesa con la solidez que el legado del espectáculo en vivo merece.

Inspirada en el fenómeno global de Riverdance —ese show irlandés que revolucionó los musicales con su fusión de tradiciones celtas y coreografías contemporáneas— esta película animada intenta transportar la esencia de las tablas al cine. Y lo hace, pero solo a medias. La trama sigue a Keegan (Sam Hardy), un niño irlandés que pierde a su abuelo (Pierce Brosnan) y encuentra consuelo en un mundo paralelo donde los Megaloceros Giganteus —ciervos prehistóricos con astas imposibles— celebran la vida mediante el baile.

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El problema central es que la película no sabe si quiere ser una celebración nostálgica para adultos o una aventura familiar. El resultado es un producto atrapado entre dos públicos, demasiado complejo para los más pequeños y demasiado simple para quienes buscan profundidad. La dirección de Rosenbaum y Butler peca por exceso: hay demasiadas subtramas (el torneo de hurling, el conflicto con el Huntsman) que diluyen el mensaje central sobre la pérdida y el legado.

Donde sí acierta es en su fidelidad al espíritu de Riverdance. La banda sonora original de Bill Whelan —esa misma que ganó un Grammy por el espectáculo— funciona como pegamento emocional. Las secuencias musicales, aunque breves, están bien integradas en la trama: desde el número inicial en el lighthouse hasta el clímax donde Keegan y sus amigos realizan una danza ritual para salvar el río. La animación también brilla aquí, especialmente en los planos aéreos de los ciervos moviéndose al compás de Riverdance o The Heart’s Cry.

Pero la película tropieza cuando intenta humanizar su conflicto. El Huntsman (Brendan Gleeson), el antagonista, es un personaje mal desarrollado: aparece tarde, actúa sin motivación clara y desaparece sin dejar huella. Su arco carece del peso dramático que podría haberle dado a la historia una capa adicional de tensión. Incluso Pierce Brosnan, cuyo trabajo vocal como Grandad/Patrick es sólido, se ve limitado por un guion que no explora suficiente su relación con Keegan.

El reparto joven tampoco logra elevar el material. Sam Hardy y Hannah Herman Cortes tienen química en pantalla, especialmente durante la escena donde Moya enseña a Keegan a bailar sobre el agua —un momento visualmente impresionante— pero sus personajes siguen siendo arquetipos: el niño triste que necesita sanar y la chica valiente con conexiones mágicas. Jermaine Fowler como Benny aporta algunos toques de humor, pero su papel queda reducido a un sidekick caricaturesco.

Uno de los mayores aciertos es cómo la película aborda el duelo. La secuencia en Newgrange, donde Keegan cierra los ojos y ve a su abuelo entre los ciervos, funciona gracias al trabajo vocal de Brosnan y una dirección artística que evoca sueños infantiles. Es un momento íntimo que contrasta con el tono más festivo del resto del filme.

Sin embargo, Riverdance: The Animated Adventure nunca decide si quiere ser una fábula sobre la muerte o simplemente un entretenimiento familiar. Las referencias culturales irlandesas —desde Newgrange hasta el hurling— están presentes pero superficiales, como si los directores temieran alienar a una audiencia global.

El público objetivo parece claro: niños entre 6 y 12 años con familias que disfruten de musicales. Para ellos, la película ofrece colores vibrantes, coreografías llamativas y un mensaje positivo sobre el legado cultural. Pero incluso ese segmento podría sentirse perdido en los giros narrativos abruptos o las subtramas desconectadas.

Comparada con otras adaptaciones animadas de fenómenos escénicos —como The Lion King (1994)—, queda claro que esta no tiene la misma ambición narrativa ni técnica. Ni siquiera alcanza el nivel de producciones recientes como Encanto (2021), donde la música y la cultura latinas se fusionaban orgánicamente con una historia bien estructurada.

El mayor pecado de la película es su falta de identidad visual única. Los Megaloceros Giganteus son creaciones fascinantes, pero su diseño no llega a diferenciarse lo suficiente del resto del universo animado actual. La paleta de colores —dominada por verdes y azules— es predecible, y aunque las secuencias musicales destacan, el resto de la animación carece del dinamismo que se espera de un filme sobre baile.

En última instancia, Riverdance: The Animated Adventure es un esfuerzo honesto pero desigual. Logra capturar destellos del encanto del espectáculo original —especialmente en sus números musicales— pero falla al no ofrecer una narrativa lo suficientemente sólida o personajes memorables.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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