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The Beast: Una promesa visual sin rumbo claro

Martin Cid
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La secuencia inicial de The Beast (2021) es un torbellino de polvo y acero oxidado: una joven mexicana, Lupita (Loïs Jumel), se aferra al techo del tren de carga conocido como «La Bestia», mientras el viento le arranca lágrimas y la tierra se desdibuja en un borrón marrón. La cámara, temblorosa pero deliberada, nos arrastra con ella en este viaje hacia lo desconocido. Es una apertura que promete intensidad visual y emocional, pero también revela de inmediato las contradicciones de esta película de animación: ¿es un drama social crudo o una fantasía familiar? Los tres directores, Marlijn van Nuenen, Ram Tamez y Alfredo Gerard Kuttikatt, parecen indecisos sobre qué camino tomar.

Basada en la sinopsis disponible, The Beast sigue a Lupita, una joven contrabandista, y a Guayaba (Ram Tamez), una niña que viaja ilegalmente hacia Estados Unidos. El accidente que transforma la percepción de Lupita podría haber sido el catalizador para una exploración profunda de temas como la inmigración, la identidad cultural y la resiliencia en medio del peligro. Sin embargo, la película nunca logra encontrar un equilibrio coherente entre su tono realista y sus elementos fantásticos. La animación, aunque técnicamente impresionante—con diseños de personajes detallados y paisajes vibrantes que evocan el polvo y la soledad del desierto mexicano—, se siente a menudo como una serie de escenas desconectadas en lugar de un todo narrativo cohesionado.

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El mayor problema de The Beast es su estructura. La película oscila entre el realismo crudo del viaje en el tren—imaginamos los ruidos metálicos, el olor a combustión, la tensión de los migrantes agazapados entre la carga—andando con secuencias oníricas que nunca se integran completamente en la trama principal. Hay un momento clave donde Lupita tiene una visión, posiblemente inducida por su lesión, que podría haber sido un punto de inflexión para explorar sus miedos e inseguridades más profundas. Sin embargo, esta secuencia se siente como un interludio decorativo en lugar de un elemento esencial del desarrollo del personaje.

Las actuaciones vocales de Loïs Jumel y Ram Tamez son otro aspecto destacable. Jumel, en particular, logra transmitir la vulnerabilidad y la determinación de Lupita con una voz que oscila entre la firmeza y el temblor emocional. Sin embargo, el guión a veces las coloca en situaciones que se sienten forzadas o artificiales, como diálogos que intentan ser profundos pero terminan sonando como lugares comunes sobre la esperanza y la redención.

La banda sonora, aunque no es particularmente memorable, acompaña bien las escenas más emotivas de la película. Hay momentos en los que la música parece desentonar con la acción—como en algunas secuencias de persecución donde el ritmo se vuelve demasiado predecible—, pero en general cumple su función sin distraer al espectador.

Uno de los aspectos más interesantes de The Beast es su intento de abordar temas sociales complejos a través del género de animación. La película parece dirigida tanto a un público familiar como a adultos que buscan una reflexión sobre la migración y la identidad. Sin embargo, este doble enfoque puede resultar en una experiencia confusa para ambos grupos. Los niños podrían sentirse abrumados por el tono oscuro y los temas maduros, mientras que los adultos podrían frustrarse con la falta de desarrollo de estos mismos temas.

Comparada con otras películas animadas recientes que abordan temas similares—como The Boy and the Heron (2023) de Hayao Miyazaki o Wolfwalkers (2020) de Cartoon Saloon—, The Beast se queda corta en términos de coherencia narrativa y profundidad temática. Mientras que estas películas logran integrar sus elementos fantásticos en historias bien estructuradas, The Beast parece estar atrapada entre querer ser una aventura familiar emocionante y un drama social realista.

A pesar de estos problemas, The Beast tiene momentos brillantes. La animación es, sin duda, su mayor fortaleza. Las escenas del tren en movimiento son particularmente efectivas, con planos que capturan la peligrosa belleza del viaje. Hay secuencias de acción bien coreografiadas—como cuando los personajes tienen que esquivar obstáculos o huir de peligros inesperados—that mantienen el ritmo de la película y evitan que se vuelva monótona.

En última instancia, The Beast es una película que tiene mucho potencial pero que no logra concretarlo. Su ambición visual y su intento de abordar temas sociales complejos son loables, pero la falta de coherencia narrativa y el tono inconsistente la convierten en una experiencia frustrante. Para los espectadores familiarizados con el trabajo de los directores—especialmente si han visto sus proyectos anteriores—, puede haber momentos de disfrute técnico.

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