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The Beast: Un amor cíclico frustrantemente confuso

Martin Cid

La escena inicial de The Beast (2023), dirigida por Bertrand Bonello, es un torbellino sensorial: Gabrielle (Léa Seydoux) camina por una calle de París en un futuro cercano, rodeada de hologramas publicitarios y sonidos distorsionados que se mezclan con el score de la película. Es una introducción audaz que establece el tono del filme: una mezcla de ciencia ficción romántica y drama psicológico.

Bonello, conocido por su estilo visual distintivo, utiliza cada plano para explorar temas complejos como el amor, el destino y la ausencia de emoción en un mundo hipertecnológico. La película sigue a Gabrielle, una mujer atrapada en un loop temporal que la obliga a revivir una y otra vez su encuentro con un hombre misterioso (George Wilson). La no linealidad narrativa, aunque confusa en un primer visionado, se convierte en una herramienta efectiva para explorar la naturaleza cíclica del amor y el trauma.

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Donde The Beast brilla es en su capacidad para desafiar al espectador. La falta de explicaciones claras sobre los elementos de ciencia ficción o la ambientación futurista puede frustrar a algunos, pero también invita a una reflexión más profunda sobre la naturaleza de la realidad y las emociones humanas. Seydoux entrega una actuación potente, llena de matices que capturan tanto la vulnerabilidad como la determinación de Gabrielle.

Sin embargo, el filme no está exento de fallos. La estructura fragmentada puede resultar abrumadora, especialmente para quienes buscan una narrativa más convencional. Además, algunos elementos visuales y sonoros, aunque innovadores, a veces parecen forzados, como si Bonello estuviera más preocupado por la estética que por la coherencia emocional.

The Beast es una película que exige múltiples visionados para ser apreciada en su totalidad. Es una obra ambiciosa que mezcla géneros y desafía las convenciones del cine romántico y de ciencia ficción.

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