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The Exorcist: Believer: Un homenaje desigual al terror clásico

Molly Se-kyung
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La imagen del padre Victor Fielding (Leslie Odom Jr.) gritando en medio del terremoto haitiano mientras su esposa muere es una de las escenas más impactantes que ha producido The Exorcist en décadas, y un recordatorio de que el terror no siempre necesita demonios para ser efectivo. The Exorcist: Believer (2023), dirigida por David Gordon Green, abre con esta secuencia brutal, estableciendo desde el primer minuto un tono de desesperación humana que luego intentará trasladar al horror sobrenatural. Pero si bien la película promete una reinvención del exorcismo clásico, termina siendo un ejercicio desigual entre el homenaje y la innovación.

Con un presupuesto de $30 millones y producida por Blumhouse en asociación con Universal Pictures, The Exorcist: Believer es el sexto intento de revivir la franquicia iniciada en 1973. Green, conocido por su trabajo en comedias como Pineapple Express (2008) y más recientemente en el reinicio de Halloween (2018), intenta aquí un giro más oscuro, mezclando elementos del terror clásico con un enfoque multicultural que busca diferenciarse de sus predecesores. La trama sigue a Victor, un fotógrafo viudo que cría a su hija Angela (Lidya Jewett) en Georgia después de la trágica muerte de su esposa durante el terremoto haitiano. Cuando Angela y su mejor amiga Katherine (Olivia O’Neill) desaparecen por tres días y regresan con comportamientos inquietantemente similares a los de la posesión de Regan MacNeil, Victor se ve obligado a confrontar un mal que parece más antiguo y poderoso que cualquier cosa que haya enfrentado antes.

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Donde The Exorcist: Believer logra destacar es en su intento por modernizar el ritual del exorcismo. La película explora diferentes prácticas espirituales—desde el catolicismo hasta el rootwork haitiano, pasando por el pentecostalismo y el bautismo—para crear un ritual ecuménico que refleja la diversidad religiosa de la sociedad actual. Esta decisión temática es una de las más interesantes del filme, ya que amplía el alcance del horror más allá de los confines tradicionales de la Iglesia católica. La escena del exorcismo multicultural es, sin duda, uno de los puntos altos del filme, con una coreografía visual y sonora que evoca el caos controlado de la posesión.

Sin embargo, este enfoque también revela las limitaciones del guion coescrito por Green, Peter Sattler, Danny McBride y Scott Teems. La primera hora de la película se siente lenta y cargada de flashbacks innecesarios sobre la tragedia de Haití y el trauma posterior de Victor. Estos elementos, aunque bien actuados por Odom Jr., no logran integrarse orgánicamente con la trama principal. La película parece estar en conflicto entre querer ser un drama familiar sobre el duelo y el perdón, y una historia de terror sobrenatural. Este desequilibrio narrativo debilita el impacto emocional y la tensión que debería construir hacia los momentos clave del exorcismo.

Otro problema recurrente es el desarrollo de los personajes secundarios. Jennifer Nettles y Norbert Leo Butz, como los padres de Katherine, tienen momentos memorables, especialmente en las escenas de conflicto con su hija posesionada. Sin embargo, sus arcos narrativos se sienten truncados, como si la película no supiera qué hacer con ellos una vez que han cumplido su función dentro del exorcismo. Ann Dowd, en su papel como enfermera Ann Brooks, aporta una presencia inquietante que equilibra entre lo humano y lo sobrenatural, pero incluso su personaje se ve relegado a un segundo plano en los momentos más críticos.

La inclusión de Ellen Burstyn como Chris MacNeil es otro punto de discusión. Por un lado, su participación es un guiño nostálgico para los fans de la franquicia, pero por otro, su papel se siente más como un homenaje forzado que como una contribución significativa a la trama. Burstyn, en particular, tiene un momento impactante cuando Katherine le clava un crucifijo en los ojos, cegándola, pero este acto parece más diseñado para shocks visuales que para avanzar la narrativa de manera orgánica.

A nivel técnico, el filme tiene sus aciertos y sus errores. La fotografía captura bien la atmósfera opresiva de Georgia rural, con una paleta de colores sombríos que refuerzan el tono oscuro de la historia. Las secuencias de posesión están bien ejecutadas, especialmente en los momentos en los que Angela y Katherine exhiben comportamientos grotescos y perturbadores. Sin embargo, la banda sonora a veces resulta intrusiva, con un uso excesivo de saltos sonoros que distraen más de lo que añaden al suspense.

En cuanto a su público objetivo, The Exorcist: Believer parece dirigirse tanto a los fans de la franquicia original como a una nueva generación de espectadores de terror. La película intenta equilibrar el respeto por la mitología establecida con un enfoque más contemporáneo y multicultural. Sin embargo, este intento de satisfacer a ambos públicos termina diluyendo su identidad. Los fans veteranos pueden apreciar los guiños y las referencias, pero también notarán las deficiencias narrativas que impiden que esta entrega se eleve al nivel de la original. Para el público más joven, la película puede resultar demasiado convencional en sus métodos de terror, a pesar de sus innovaciones temáticas.

En última instancia, The Exorcist: Believer tiene momentos brillantes, pero no logra consolidarse como una entrega esencial para la franquicia. Su intento por reinventar el exorcismo es admirable, pero la ejecución desigual y la estructura narrativa debilitada impiden que alcance su pleno potencial.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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