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The Exorcist: Believer: Un exorcismo confuso y sin alma

Molly Se-kyung

La escena inicial de The Exorcist: Believer (2023), dirigida por David Gordon Green, es una pesadilla literal en Haití: un terremoto arrasa con la luna de miel de Victor Fielding y su esposa embarazada. Es el tipo de apertura que promete un horror visceral, pero rápidamente el filme se desinfla como un globo pinchado.

El problema central no es la premisa—un padre (Leslie Odom Jr.) luchando por salvar a su hija poseída—, sino cómo Green y sus guionistas manejan los elementos. La película intenta reinventar el ritual de exorcismo para representar «todas las fe» o, más bien, ninguna, cayendo en un limbo conceptual. El uso del término «placebo» durante una escena clave es tan forzado como innecesario, revelando una confusión en el núcleo mismo de la narrativa.

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Donde The Exorcist: Believer sí funciona—parcialmente—es en su elenco. Leslie Odom Jr. entrega un desempeño sólido, cargando con el peso emocional del personaje. Lidya Jewett y Olivia O’Neill, como las jóvenes poseídas, logran momentos de tensión auténtica, especialmente cuando Angela (Jewett) revela detalles íntimos sobre la vida de Nurse Ann Brooks (Ann Dowd), una escena que destaca por su crudeza. Sin embargo, estos instantes brillan en un mar de decisiones cuestionables.

La estructura del filme es otro punto débil. El segundo acto se arrastra con una lentitud exasperante, llenándose de diálogos expositivos y una falta de coherencia temática. La introducción tardía de múltiples figuras religiosas—un sacerdote católico, un pastor bautista, un predicador pentecostal y un sanador de raíces—siente como un intento desesperado por infundir profundidad donde no la hay. Peor aún, el clímax es caótico: la secuencia del exorcismo ecuménico carece de la tensión acumulada necesaria para justificar su duración.

El mayor crimen de The Exorcist: Believer es su final. No solo es cruel con los personajes y el espectador, sino que carece por completo de satisfacción emocional o lógica narrativa. La película se cierra con un giro que parece más un intento de provocar una reacción que de cerrar una historia coherente.

The Exorcist: Believer tiene momentos de tensión genuina—la escena en la que Angela revela secretos ocultos es particularmente efectiva—butra los aspectos técnicamente competentes (fotografía, diseño de sonido) con un guión confuso y una dirección inconsistente.

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