Cine

El Tinto Brass anterior al escándalo: Venecia restaura y reestrena ‘Col cuore in gola’

Jun Satō

Antes de que su nombre fuera sinónimo de erotismo y de censura, Tinto Brass era un montador de treinta y tres años obsesionado con romper la gramática del cine. La 83ª Mostra de Venecia recupera a ese autor la noche del 1 de septiembre: como película de preapertura, la Sala Darsena proyecta en estreno mundial el restauro en 4K de Col cuore in gola, el thriller que Brass dirigió y montó en 1967. El festival, además, le concede el Premio Pietro Bianchi. Es la rehabilitación de un cineasta al que casi todos los catálogos reducen a una sola etiqueta.

La carrera de Brass suele contarse al revés, empezando por el final. Primero está el escándalo — Salon Kitty, la tormentosa Calígula, las comedias eróticas que lo consagraron como el gran provocador del cine italiano — y sólo después, si acaso, se menciona lo que vino antes. Col cuore in gola es ese antes: un giallo pop rodado en el Londres de la psicodelia, con Jean-Louis Trintignant y Ewa Aulin en una trama de chantaje y crimen tomada de la novela Il sepolcro di carta, de Sergio Donati. Pero la intriga importa poco; lo que deslumbra es la forma.

Porque Brass montó la película como una viñeta en movimiento — pantallas partidas, superposiciones, cortes que imitan el cómic — y para lograrlo llamó como consultor gráfico a Guido Crepax, el creador de Valentina. Vista hoy, en 4K, la película reordena la biografía: no es una rareza previa a la obra «de verdad», sino la prueba de que hubo un Brass experimental, radical en el lenguaje, que pudo haber quedado junto a los grandes formalistas de su generación de no haber encontrado una vía más rentable.

Detrás del rescate hay una paradoja que conviene nombrar. El restauro lo firma el Centro Sperimentale di Cinematografia de Roma con el respaldo económico de Netflix, sobre los materiales de Compass Film. La plataforma que más ha hecho por volver desechable la imagen paga la resurrección de un título marginal y difícil. Es el pacto al que Venecia ya se ha acostumbrado: el archivo público pone el oficio, el streaming pone el dinero y el festival pone el prestigio.

En 1967 Col cuore in gola pasó por Venecia fuera de concurso; regresa ahora, casi sesenta años después, dentro de Venecia Clásicos, la sección abierta hasta el 12 de septiembre. La película inaugural, Ink de Danny Boyle, abre la competición el día 2. La víspera, sin embargo, pertenece a un Brass que casi nadie recuerda: el que montaba.

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