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El último mercenario: Van Damme se ríe de sí mismo en una comedia de acción descuidada pero simpática

La comedia de acción francesa de David Charhon (2021) cambia coherencia por encanto y un gag absurdo con un marcapasos.
Martha O'Hara
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En El último mercenario, un artefacto llamado Big Mac puede parar el corazón de un hombre. Altera la señal de su marcapasos, y así muere Fernand, el agente que ha criado durante años a Archibald Al Mahmoud, en su propia casa y con los agentes del gobierno ya en la puerta. Es una forma absurda de matar a un personaje, y la película la cuenta con la seriedad justa para resultar graciosa. La comedia de acción de David Charhon funciona con esa clase de disparates. Que te convenza o no depende de cuántos aguantes.

Jean-Claude Van Damme interpreta a Richard Brumére, un agente secreto legendario que vivía escondido y vuelve a Francia al enterarse de que el hijo al que nunca conoció tiene problemas. Archibald (Samir Decazza) creció convencido de que Fernand era su padre. Entonces la ministra Sivardière, a la que da vida Valérie Kaprisky, corta el dinero que había pagado discretamente su crianza, y con él desaparece su inmunidad. De la noche a la mañana pasa a ser un hombre buscado por tráfico de armas y de drogas, al que detienen e interrogan hasta que pierde el conocimiento. Richard lo rescata bajo el nombre de George y no le dice quién es.

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Charhon firma el guion con Ismael Sy Savane, y está muy cargado. Hay un empleado falso de banco, una inmunidad que caduca, una identidad inventada, un rescate, una ministra secuestrada que colabora de buen grado y una vieja operación, Cup-and-Ball, que el comandante Jouard (Patrick Timsit) no ha olvidado. Jouard es además el hombre cuya exmujer es la madre de Archibald, de modo que el embrollo familiar sirve también de motor de la trama. Seguir quién le debe qué a quién cuesta cierto esfuerzo. La película avanza tan deprisa que casi nunca da tiempo a preguntarse nada, aunque algunos giros parecen colocados solo para llegar a la siguiente escena de acción.

Van Damme es la razón para verla, y la película lo sabe. Conserva una presencia física que no necesita ayuda del diálogo. El guion le deja ser el héroe de acción y también el blanco de las bromas: un hombre con un pasado de leyenda que es torpe en lo único que nunca ha hecho, ser el padre de alguien. Cuando funciona, la risa nace de ese contraste y no de los golpes. No diría que es una gran interpretación, pero sí una generosa.

El reparto es el otro activo. Alban Ivanov es Alexandre Lazare y Assa Sylla es Dalila. Éric Judor aparece como Paul Lesueur, Miou-Miou como Marguerite, Djimo Salim como Momo y Nassim Lyes como Simyon Novak. No son los nombres que uno espera junto a Van Damme, y aportan un ritmo francés de réplicas y rencillas que una película de estudio importada no tendría. Con todo, el elenco es amplio y varios intérpretes tienen menos que hacer de lo que sugiere su lugar en los créditos.

La relación entre padre e hijo es donde la película apunta más alto. Archibald se siente traicionado cuando Richard queda al descubierto. Richard recuerda a su mujer dando vueltas a un colgante entre los dedos. Archibald comprende que Richard era el hombre que lo consoló en el funeral de su madre y que nunca lo abandonaron de verdad. La escena es sincera y casi funciona. El problema está en lo que la rodea. Un chiste o una persecución llegan justo cuando una emoción empieza a tomar forma, y la cortan antes de que se asiente. La promesa final de Richard de estar al lado de su hijo pesaría más si la película hubiera dado a los dos más ratos tranquilos antes.

La mezcla de tonos es el verdadero problema. En sus mejores momentos, la violencia y el humor se alimentan entre sí. En los peores se estorban: un chiste cae mal junto a una muerte, o una pelea detiene el relato en seco. El ritmo sigue ese mismo patrón. La acción es ágil, pero las escenas de personajes se sienten apresuradas.

El último mercenario llegó a Netflix el 30 de julio de 2021 y la crítica quedó dividida. En Rotten Tomatoes, el 58 % de 26 reseñas son positivas, con una nota media de 5,3 sobre 10. Metacritic le da 48 sobre 100 con nueve críticas, lo que clasifica como reseñas mixtas o regulares. Me parece una medida justa. No es una película que merezca una defensa larga, pero tampoco un rencor.

Salí con más simpatía de la que esperaba. La trama es un lío, el tono es inestable y el desenlace emocional va con prisa. Pero se nota que hay ganas de divertirse: en el Big Mac, en una leyenda obligada a hacer de padre, en un reparto que parece pasárselo bien. Como comedia de acción de viernes por la noche en Netflix cumple, y para los seguidores de Van Damme es una entrega menor pero agradable.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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