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No Exit: El thriller queda atrapado en su propia jaula

Martin Cid
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El vaho de su aliento empañando los cristales del van mientras la nieve entierra el paisaje: Darby Thorne (Havana Rose Liu) descubre a una niña encadenada en la parte trasera, sus ojos llenos de terror reflejando lo que ella misma lleva años huyendo. Este momento —la chispa que enciende No Exit (2022)— es el único instante donde el thriller de Damien Power logra elevarse por encima del género. Basada en la novela homónima de Taylor Adams, esta producción de 20th Century Studios para Hulu intenta convertir un área de descanso nevada en una jaula psicológica, pero sus ambiciones quedan atrapadas bajo la misma tormenta que paraliza a los personajes.

El director australiano Power —conocido por su trabajo en Killing Ground (2017)— repite aquí su fórmula del aislamiento como mecanismo de tensión. La elección del escenario es inteligente: el área de descanso, con sus pasillos estrechos y ventanas empañadas, funciona como un tablero de ajedrez donde los sospechosos se mueven en círculos. Liu, en su primer papel protagónico relevante, ofrece una interpretación física y vulnerable: sus temblores no son solo por el frío, sino por la recaída inminente, y Power aprovecha esto para crear momentos de autenticidad. La secuencia donde Darby roba un analgésico del botiquín —sus manos temblorosas revelando su lucha interna— es uno de los pocos instantes donde el cineasta demuestra sensibilidad.

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Sin embargo, No Exit tropieza en cuanto intenta transformar sus limitaciones en virtudes. El guion, adaptado por Andrew Barrer y Gabriel Ferrari, se aferra a clichés del thriller de suspense: el grupo heterogéneo de sospechosos (el exmilitar, la pareja mayor, el tipo silencioso), los giros basados en información oculta, y un tercer acto que recurre al caos para resolver conflictos narrativos. La revelación sobre la condición médica de Jay —Addison’s disease— podría haber añadido capas emocionales interesantes (como explorar la culpa o la responsabilidad), pero Power solo la usa como un obstáculo más para Darby.

El elenco, aunque competente, no logra salvar las deficiencias del guion. Danny Ramirez, como Ash, tiene el potencial para ser un villano memorable, pero su arco se reduce a una caricatura: primero es ambiguo, luego simplemente violento. David Rysdahl (Lars) y Dennis Haysbert (Ed) ofrecen actuaciones funcionales, aunque sus personajes carecen de matices. La única excepción es Dale Dickey como Sandi, quien roba escenas con su presencia fría y calculadora.

Donde No Exit sí acierta es en su diseño de producción. El área de descanso —con sus luces fluorescentes parpadeantes y paredes descascaradas— parece un personaje más, reforzando la sensación de claustrofobia. La fotografía juega con los reflejos en los cristales y las sombras alargadas para crear atmósfera, aunque a veces el uso excesivo del handheld camera durante las escenas de acción termina siendo contraproducente: en lugar de sumergirnos en la desesperación de Darby, nos recuerda que estamos viendo una película.

La banda sonora merece mención especial. Su score —basado en cuerdas estridentes y percusión industrial— intenta imitar el estilo de John Carpenter, pero cae en lo genérico. Hay un momento, sin embargo, donde funciona: cuando Darby descubre las llaves del van en la chaqueta de Ash, la música silencia todo sonido excepto el latido de su corazón. Es un detalle pequeño, pero efectivo.

El mayor problema de No Exit es su falta de originalidad. Comparada con otros thrillers recientes como The Killing of a Sacred Deer (2017), esta película no aporta nada nuevo al género. Su estructura sigue el mismo molde: presentación de personajes, revelación del conflicto, persecución caótica y resolución violenta. La escena en el baño —donde Darby lucha por su vida— podría haber sido memorable si Power hubiera optado por planos más largos, permitiendo que el espectador sintiera el peligro real. En cambio, la edición apresurada (cortes entre primeros planos y detalles) diluye la tensión.

No Exit está dirigida a un público específico: fans del thriller clásico, aquellos que disfrutan de la catarsis emocional que ofrece el género. No es una película para quienes buscan profundidad psicológica o comentarios sociales —a diferencia de Parasite (2019), por ejemplo—. Su mayor virtud es su ritmo ágil y su duración contenida (95 minutos), lo que evita que el espectador se aburra.

El final, aunque predecible, cierra los cabos narrativos de manera satisfactoria. La decisión de Darby —sacrificar su propia seguridad para salvar a Jay— es coherente con su caracterización, aunque la ejecución (una pelea en medio de la nieve) adolece del mismo problema que el resto de la película: falta de originalidad.

En resumen, No Exit es un thriller competente pero olvidable.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

  • Mila Harris — Jay

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