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Girl on the Third Floor: Una casa encantada sin alma

Martin Cid

La escena del suelo del dormitorio cediendo para revelar un mirador en el ático es donde Girl on the Third Floor deja claro que no será otro fantasma de máscara blanca. Travis Stevens, debutante tras las cámaras, toma el arquetipo de la casa encantada y lo empapa en una mezcla de horror gótico, body horror y crítica social. Con Phil Brooks (a.k.a. CM Punk) como Don Koch, un exabogado con las manos manchadas de más que pintura, la película juega a ser El resplandor meets Hereditary, pero se queda en el umbral de lo memorable.

La premisa es clásica: tipo problemático compra mansión decadente para redimirse, la casa dice «no gracias». Don es un personaje interesante por su autodestructivo narcisismo —Brooks le da una fisicidad creíble a sus rabietas y momentos de vulnerabilidad— pero el guion coquetea con la misoginia sin profundizar en los motivos psicológicos. La relación con su esposa Liz (Trieste Kelly Dunn) es tan tensa como poco explorada; Dunn hace lo que puede con diálogos que la reducen a víctima pasiva.

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Donde Stevens acierta es en el diseño de producción: la casa es un personaje propio, sus planos amplios y ángulos bajos la convierten en una jaula laberíntica. Los efectos prácticos —esa sustancia negruzca que gotea de las paredes— son lo más destacado visualmente, aunque a veces caigan en el exceso (la escena de los ojos literalmente saliéndose de sus órbitas es más risible que perturbadora). La banda sonora, llena de cuerdas estridentes y percusiones irregulares, ayuda a construir tensión, pero recurre demasiado al jump-scare fácil.

El verdadero problema es la estructura. El primer acto arrastra diálogos expositivos con el dueño del bar local (Marshall Bean), mientras que el tercer acto se descontrola con una revelación sobre el pasado de la casa que carece de peso emocional. La subtrama de la vecina seductora (Sarah Brooks) empieza como crítica al machismo pero termina en cliché: es el demonio literal que castiga los pecados del protagonista, un mensaje simplista para lo complejo que podría haber sido.

MCM Score: 5.8/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 2

Hay secuencias aisladas dignas de admirar (la escena en la lavadora, por ejemplo), pero Girl on the Third Floor se queda atrapada entre querer ser alegoría y mero ejercicio de terror. Stevens demuestra potencial, pero le falta pulir su voz detrás de cámara. Para fans del género que busquen algo más visceral que cerebral.

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