Cine

The Shining: un viaje psicológico magistral

Martin Cid

Imagina el pasillo del Overlook Hotel, interminable, con sus paredes empapeladas en tonos desgastados y la tricicleta de Danny rodando sobre la moqueta roja como un presagio. Esta imagen icónica resume la esencia de The Shining: una película que trasciende el horror convencional para adentrarse en los laberintos de la psique humana.

Stanley Kubrick toma la novela de Stephen King y la transforma en un ejercicio de estilo visual y narrativo, donde cada plano está calculado al milímetro. La cámara se desliza por los corredores del hotel como si fuera otro fantasma más, capturando la claustrofobia y el aislamiento que consumen a Jack Torrance (Jack Nicholson). El uso de la simetría en los encuadres no es casualidad; Kubrick juega con la composición para reflejar la dualidad entre la cordura y la locura. La escena del pasillo, filmada desde un ángulo bajo, convierte el objeto cotidiano —la bicicleta— en una amenaza surrealista.

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Nicholson brilla (nunca mejor dicho) con una interpretación que oscila entre lo cómicamente siniestro y lo genuinamente aterrador. Su sonrisa burlona mientras sostiene el hacha es uno de esos momentos que se clavan en la memoria colectiva del cine. Shelley Duvall, sin embargo, roba escenas como Wendy Torrance, especialmente cuando su personaje colapsa ante la violencia de Jack; su llanto histérico y sus miradas desorbitadas son desgarradores.

Pero no todo funciona igual de bien. La película adolece de un ritmo irregular: los primeros actos avanzan con una lentitud deliberada que puede frustrar a quienes busquen sustos constantes. Además, algunos elementos sobrenaturales —como el fantasma del señor Grady— resultan más teatrales que inquietantes, como si Kubrick dudara entre lo simbólico y lo literal.

Donde The Shining triunfa es en su capacidad para generar tensión a través de la atmósfera. La banda sonora, casi ausente, deja que los sonidos del hotel —el crujido de la madera, el eco de las voces— se conviertan en protagonistas. Y el diseño de producción merece mención aparte: cada detalle del Overlook, desde sus lámparas hasta su mobiliario, contribuye a crear un ambiente opresivo.

A pesar de su grandeza visual y conceptual, la película pierde puntos por su frialdad emocional. Kubrick prioriza el estilo sobre la conexión con los personajes, algo que puede alienar a quienes prefieran historias más empáticas. También hay momentos en los que la ambición técnica (como los planos de seguimiento imposibles) distraen del núcleo dramático.

En definitiva, The Shining es un ejercicio de cine autoral que redefine el género de terror, pero no sin sus contradicciones. Kubrick construye una obra maestra visualmente deslumbrante, aunque a veces a costa de la coherencia narrativa y emocional.

MCM Score: 8.2/10 — craft 2 / story 2 / performances 1.5 / originality 2 / genre_fit 1.7.

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