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Johnny Knoxville y la banda de Jackass arman su despedida con material de archivo

Molly Se-kyung

La última película de Jackass no está construida como suele construirse una película. «Jackass: Lo mejor para el final» es un montaje, una sucesión de acrobacias, sketches y bromas intercalada con material nuevo a cámara de las personas que las sobrevivieron. No hay trama que destripar ni personaje que seguir, salvo la propia cuadrilla, ya mayor, narrando sus mejores momentos desde la relativa seguridad de una silla. La estructura anuncia lo que la película ha decidido ser: no otro suplicio, sino el registro de todos los suplicios anteriores.

Esa decisión es el argumento entero. En vez de montar otra sesión de costillas rotas a lo largo de un metraje completo, el director Jeff Tremaine ha entrado en el archivo, ha sacado lo más afilado del recorrido de la franquicia por la televisión y cuatro películas, y lo ha cosido con imágenes nunca estrenadas y piezas rodadas para cerrar el libro. El resultado es menos una secuela que un recuerdo curado, una forma extraña y reveladora de terminar para una serie tan física. Una cuadrilla que ya no tiene nada que demostrar elige qué versión de sí misma sobrevive.

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El reparto es a la vez el tema y la tesis. Johnny Knoxville, Steve-O, Chris Pontius, Jason «Wee Man» Acuña, Dave England, Preston Lacy y Ehren «Danger Ehren» McGhehey regresan junto a los fichajes más recientes, Poopies, Zach Holmes, Jasper Dolphin y Rachel Wolfson, y la alineación se lee como un pase de lista, no como un vehículo de estrellas. Knoxville lo ha dicho sin rodeos: este es “el lugar natural para terminar”. El casting lo confirma. Nadie en pantalla se postula para un capítulo siguiente.

Tremaine ha dado forma a todas las versiones de esto, desde el programa de la época del cable hasta el ciclo en cines, y su instinto siempre ha sido tan editorial como anárquico: saber qué toma funciona, en qué reacción detenerse, cuándo una mueca es más graciosa que el golpe que la provocó. Como productor junto a Spike Jonze y al propio Knoxville, aborda el montaje como el corte final sobre un cuarto de siglo de imágenes, decidiendo de qué iba realmente la franquicia una vez que pasa el impacto.

De lo que iba, insinúa el montaje, era de repetición y consentimiento: el mismo grupo pequeño accediendo, una y otra vez, a hacerse lo insoportable entre ellos y llamarlo amistad. La estructura de testimonios se apoya en esa idea. Una acrobacia sucede y después la persona que la encajó explica, a distancia, lo que costó de verdad. Es lo más cerca que ha estado la serie de admitir que el chiste dejó secuelas, las conmociones, las quemaduras, las cirugías, aunque mantenga el tono celebratorio y pase rápido al siguiente clip.

Hay una apuesta mayor que la película deja casi siempre implícita. Esta cuadrilla no solo popularizó la comedia de acrobacias; definió su versión moderna, el cine de cámara en mano, basado en el consentimiento y en la reacción, que después heredó toda una generación de creadores en internet. Cerrar la franquicia significa cerrar una plantilla. Lo que venga en el género se medirá frente a un grupo que trató su propio dolor como el único efecto especial que necesitaba.

El formato también protege a la película de sus preguntas más duras. Un repaso de grandes éxitos es una vuelta de honor, y una vuelta de honor no puede interrogarse a sí misma. Bam Margera, presencia fundacional, aparece solo en imágenes de archivo, y su ausencia del material nuevo queda sin explicar en pantalla, un hueco que el marco celebratorio no está diseñado para abordar. Tampoco un montaje puede ajustar cuentas con honestidad sobre lo que dos décadas de autolesión como entretenimiento hicieron a estos cuerpos. Puede mostrar lo destacado y dejar que los rostros más viejos que lo narran sugieran el coste.

Entre los protagonistas acreditados están Knoxville, Steve-O, Pontius, Wee Man, Dave England, Preston Lacy y Danger Ehren, con Poopies, Zach Holmes, Jasper Dolphin y Rachel Wolfson, y Margera en material de archivo. Tremaine dirige desde una producción que comparte con Spike Jonze y Knoxville, y Paramount Pictures la distribuye. La película dura 92 minutos y figura a la vez como documental, comedia y acción, una combinación inusual para un proyecto que quiere ser una actuación y, al mismo tiempo, su registro.

«Jackass: Lo mejor para el final» se estrena en los cines de España el 26 de junio, con estrenos en el resto de Europa y en América Latina esa misma semana. Que sea de verdad la última es su propio tipo de reto, porque la cuadrilla ya ha anunciado finales antes, pero como declaración de cierre no deja lugar a dudas: quienes construyeron la franquicia han elegido cómo ser recordados, con su propia voz y sus propias imágenes.

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