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Brechin convierte la orca cautiva en verdugo y presa en Ballena Asesina

Virginia Gardner y Mel Jarnson, la orca cautiva Ceto y una laguna tailandesa convertida en sala de juicio: el survival horror de Jo-Anne Brechin reformula a la prisionera y al verdugo dentro de un solo animal y suma un despliegue internacional escalonado que llega ahora a Corea.
Martha O'Hara

La película arranca con una orca cautiva a la que sus captores han agraviado, una amistad entre dos mujeres torcida por una muerte fuera de plano y una laguna tailandesa de la que nadie les ha hablado. Ballena Asesina, el nuevo survival horror de Jo-Anne Brechin, lleva adelante el argumento de que la depredadora a la que todos llaman verdugo es también la prisionera a la que se le pide al público compadecer. La trampa en que se convierte la laguna es la pregunta que el film impone: quién es el asesino en un asesinato que la naturaleza no organizó.

Lo que Ballena Asesina hace, estructuralmente, es coger una plantilla de survival horror (tres bañistas, una masa de agua aislada, una depredadora que las víctimas no invitaron) y poner en su centro a una violonchelista con la audición dañada. Virginia Gardner interpreta a Maddie, una estudiante de música que arrastra una pérdida auditiva residual tras un atraco en el que perdió a su novio, y esa sordera no es un detalle sentimental. Es un dispositivo sensorial. El diseño sonoro de la película trabaja alrededor de su registro y pide al espectador escuchar la laguna como ella la escucha, es decir, solo a medias. El oficio de la violonchelista se convierte en el sistema cerrado del que la orca se aprovecha.

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El reparto de Gardner y Mel Jarnson es el segundo argumento que sostiene la película. Gardner ha sostenido antes un vehículo de supervivencia (los estudios la conocen por la saga Halloween y por Project Almanac) y Brechin la usa aquí para los registros que ya domina: compostura bajo amenaza que no se desliza hacia la histeria. Jarnson, salida del reparto del reboot de Mortal Kombat, es la pragmática del film; su Trish es la amiga que arrastra a Maddie al viaje, la aspirante a científica cuya doble vida como creadora de contenido había puesto pronto a la orca en su radar. Las dos están calibradas la una contra la otra y no contra la orca, y la película apuesta que esa calibración sostiene la segunda hora.

Ballena Asesina es el tipo de obra que obliga a una directora a elegir entre dos géneros: la herencia del thriller de tiburones de Mar abierto y A 47 metros, donde la depredadora es el espectáculo, y la película de duelo por el animal cautivo de Liberad a Willy y Blackfish, donde la depredadora es el objeto político. La decisión visible en el tráiler y la sinopsis es rechazar la elección y dejar que las dos lecturas se apilen una sobre la otra. Brechin se ha movido dentro del registro del thriller y Ballena Asesina es la película de su catálogo a la que le exige al género el mayor levantamiento ideológico. Si los ochenta y nueve minutos pueden soportar esa carga es la pregunta abierta del film.

El juego estructural de la película consiste en que Ceto, la orca cautiva, es el único personaje cuya queja resulta plenamente legible. La sacaron de su océano y la metieron en un tanque. La instrumentalizaron como reclamo turístico en una instalación tailandesa. Y el catalizador del film, su liberación en la laguna, no es un accidente sino, sugiere la sinopsis, una intervención de una figura encapuchada que los créditos registran sin nombre. El encuadre de Brechin está más cerca del horror animalista que de la creature feature de la estirpe de Tiburón. La laguna se convierte en un tribunal donde la fiscalía no tiene abogado ni lengua y el veredicto se entrega con los dientes. La apuesta de la película es que el público sostendrá esa ambivalencia bajo la presión del thriller.

Lo que Ballena Asesina no resuelve, sobre la base del tráiler y la sinopsis que el estudio ha puesto a circular, es si el motivo de la sordera es una arquitectura sensorial o un anzuelo sentimental. Las dos cosas se confunden con facilidad. El encuadre de la orca cautiva también corre el riesgo de llegar como una nota a pie de Blackfish, el documental que hizo el trabajo cultural que el género está hoy metabolizando; una película de terror que depende de esa nota en lugar de dramatizar sus consecuencias se leerá como un vehículo que toma prestada su política. Los ochenta y nueve minutos resultan cortos para la carga que Brechin le ha pedido a la premisa: una amistad en crisis, un animal en sublevación, un marco sensorial que exige al público ceder el oído durante un tramo extenso. La nota media de IMDb a través de los primeros mercados, con un censo de votantes todavía en las decenas, sugiere que el público también duda.

Virginia Gardner interpreta a Maddie; Mel Jarnson a Trish; Mitchell Hope al guía local Josh que las lleva a la laguna; Isaac Crawley a Chad, el novio cuya muerte ancla el prólogo; Scott James George al Hombre Encapuchado, la figura que la sinopsis acredita como catalizador. Jo-Anne Brechin dirige sobre un guion en registro de survival horror. El film dura ochenta y nueve minutos y se rodó en localizaciones costeras de Tailandia que doblan a la laguna del centro de la trampa.

Ballena Asesina se estrenó en Estados Unidos el 16 de enero y ha trazado un despliegue internacional escalonado, con Rusia y Qatar a principios de febrero, Colombia, Guatemala y Perú el 12 de marzo, Argentina el 23 de abril, y el Reino Unido el 18 de mayo antes del lanzamiento alemán del 22 de mayo. La proyección coreana sigue el 28 de mayo. La distribución española todavía no está confirmada al momento de redactar este artículo. La defensa del film ante el público no se decidirá en ningún mercado en solitario sino en el patrón acumulativo de estas ventanas; si la lectura de Brechin del thriller con orca cautiva viaja y si el motivo de la violonchelista sorda aterriza como arquitectura y no como ornamento es la pregunta que el despliegue sigue formulando, mercado por mercado.

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