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Reminiscencia: Hugh Jackman se ahoga en un Miami futuro hermosísimo, en un noir cuyas imágenes superan al guion

El debut en la dirección de Lisa Joy levanta uno de los mundos de ciencia ficción más bellos de su año —una ciudad medio hundida, una máquina de recuerdos, una mujer que desaparece— y luego se pierde dentro de un misterio que nunca llega a resolver.
Molly Se-kyung

Reminiscencia arranca en una ciudad que no debería funcionar y, sin embargo, funciona: un Miami medio tragado por el mar, con las avenidas convertidas en canales y los supervivientes despiertos solo de noche, porque el calor del día se ha vuelto invivible. En ese mundo anegado y de neón, Lisa Joy deja caer a un hombre que se gana la vida vendiéndole a la gente su propio pasado. Nick Bannister regenta un tanque de inmersión que permite a sus clientes volver a meterse en sus recuerdos más felices y revivirlos plano a plano, y la primera y mejor idea de la película es que quien comercia con la nostalgia ajena es el más expuesto a volverse adicto a la suya.

Ese hombre es Hugh Jackman, en el registro más bajo y triste que reserva para cuando quiere que lo tomen en serio, y la mujer que lo desarma es la Mae de Rebecca Ferguson: una cantante de cabaret que entra en su local a buscar unas llaves perdidas y sale llevándose su equilibrio entero. Cuando ella desaparece, Bannister hace lo único que su oficio vuelve catastróficamente fácil: vuelve al tanque y la reproduce una y otra vez, buscando la costura donde el recuerdo se convierte en prueba. Alrededor de esa obsesión, Joy monta un thriller de policías corruptos, un capo de la droga y una dinastía de terratenientes que se enriquece con el suelo inundado, mientras la exsoldado Watts, encarnada por Thandiwe Newton, ve hundirse a su socio.

Un mundo mejor construido que la historia que contiene

Es el debut de Joy en el largometraje, y arrastra el ADN de la serie que creó junto a Jonathan Nolan, Westworld, hasta en el compositor: Ramin Djawadi, cuya música le da a la película una grandeza melancólica de caja de música. El verdadero acontecimiento aquí es el oficio. El director de fotografía Paul Cameron filma la ciudad hundida como un noir de la Ley Seca que resulta estar bajo el agua: bailarinas en salones inundados, interrogatorios con el agua por la cintura, la memoria convertida en una arquitectura literal por la que se puede caminar. Pocas películas de ciencia ficción de su año imaginaron un lugar tan completo, tan físicamente convincente, tan hermoso de habitar.

Donde pierde el hilo

Y entonces el guion tiene que sostenerlo, y es ahí donde Reminiscencia se va hundiendo. Joy lo narra casi todo en voz en off de novela negra, como si no terminara de fiarse de que sus propias imágenes hablen solas, y el misterio que envuelven resulta ser un noir bastante convencional de chantaje, una mujer desaparecida y una familia poderosa: terreno que ya cartografiaron El halcón maltés y, con más vértigo, Chinatown. La metafísica de la máquina de recuerdos promete algo más raro y mareante, un rompecabezas a la altura de Origen, pero la película casi nunca deja que el aparato doble la realidad como sugiere la premisa; se queda en una manera ingeniosa de servir flashbacks más que en un motor de angustia. Ferguson es una femme fatale auténtica y sofisticada, y Jackman se entrega de lleno al desamor, pero a Newton —en silencio, la presencia más interesante de la pantalla— se le da demasiado poco, y el desenlace llega más nostálgico que merecido.

Lo que queda, al recordarla, es la pena de una película que lo tenía todo menos un guion a la altura de su diseño. Fracasó en taquilla y las críticas fueron tibias, y el veredicto no era injusto: es un misterio de gama media con ropa de gama alta. Pero la ropa es extraordinaria, y su idea central —que la adicción más cruel es a una felicidad que puedes rebobinar pero nunca volver a habitar— resulta de verdad conmovedora, incluso cuando la trama no para de interrumpirla.

Ve Reminiscencia por ese Miami sumergido que no encontrarás en ningún otro sitio, por la partitura doliente de Djawadi y por Jackman y Ferguson encontrando emoción real dentro de una máquina hecha para ella. Espera, eso sí, la frustración concreta de un debut que sueña en imágenes y luego se explica con palabras: un lugar precioso donde perderse contando una historia que nunca acaba de merecer el tiempo que pasas en él.

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