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Jungle Cruise: diversión con química, pero ritmo irregular

Martin Cid
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La primera vez que vemos a Lily Houghton (Emily Blunt) en Jungle Cruise (2021), está corriendo por las calles empedradas de Londres, persiguiendo a un ladrón que acaba de robarle un mapa crucial. La escena es frenética, llena de energía cinemática y promete una aventura desenfrenada. Y aunque el filme dirigido por Jaume Collet-Serra no siempre mantiene ese ritmo inicial, hay momentos en los que logra capturar esa esencia de diversión sin complejos que caracteriza a las mejores comedias de aventuras.

Basada en la atracción del mismo nombre de Disneyland, Jungle Cruise sigue a Lily, una botánica inglesa en 1916, quien contrata al piloto Frank Wolff (Dwayne Johnson) para navegar por el Amazonas y encontrar un árbol ancestral con poderes curativos. La premisa es sencilla, casi arquetípica, pero el filme se beneficia enormemente de la química entre sus dos protagonistas. Blunt y Johnson tienen una dinámica que recuerda a las parejas clásicas de aventuras como Indiana Jones y Evie O’Connell en La Momia (2016). Él, con su carisma habitual y sus one-liners bien colocados; ella, equilibrando perfectamente la vulnerabilidad con una ferocidad intelectual.

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Donde la película realmente brilla es en sus secuencias de acción. La escena del río lleno de pirañas, por ejemplo, es un punto culminante tanto visual como auditivo. La banda sonora de James Newton Howard—que mezcla elementos de aventura clásica con ritmos tribales—eleva la tensión de manera significativa. Las criaturas mágicas que habitan el Amazonas en esta versión cinematográfica son otro acierto. Los «Árboles de Sangre», en particular, son diseños memorables que añaden una capa de fantasía oscura a lo que podría haber sido una aventura más convencional.

Sin embargo, Jungle Cruise tropieza en su estructura narrativa. La primera mitad del filme se siente desequilibrada, con demasiado tiempo dedicado a la construcción del mundo y poco a los personajes secundarios como el príncipe Joachim (Jesse Plemons) o Lope de Aguirre (Edgar Ramírez). Estos últimos podrían haber tenido un impacto mayor si sus arcos hubieran sido más desarrollados. La revelación sobre el pasado de Frank, por ejemplo, se siente forzada, como si el guionista Michael Green estuviera cumpliendo una lista de requisitos en lugar de servir a la historia.

El filme también lucha contra su propio tono. Aunque intenta ser una comedia ligera, hay momentos donde la oscuridad de la trama—como las muertes violentas o los peligros constantes—choca con el humor. La inclusión de temas LGBTQ+, aunque bienvenida y necesaria, se siente un poco apresurada, como si hubiera sido añadida para cumplir con una cuota en lugar de integrarse orgánicamente en la narrativa.

En cuanto a la dirección, Collet-Serra demuestra su habilidad para las escenas de acción—como la persecución final contra los soldados alemanes—pero carece del pulso narrativo para equilibrar el humor y la emoción. La fotografía de Glynn Turman es competente, aunque a veces los planos amplios del Amazonas se sienten demasiado genéricos, como si estuvieran sacados de un comercial de turismo en lugar de una aventura épica.

Jungle Cruise no es una mala película, pero tampoco es inolvidable. Es entretenida, tiene momentos brillantes y una química entre sus protagonistas que salva la trama. Sin embargo, su estructura narrativa desequilibrada y el tono inconsistente la alejan de ser una obra maestra del género.

Dirigida principalmente a familias y fans de las atracciones de Disney, Jungle Cruise ofrece una experiencia visualmente atractiva y llena de acción, pero carece de la profundidad necesaria para satisfacer a un público más exigente. La inclusión de temas LGBTQ+ es un paso en la dirección correcta, aunque su ejecución podría haber sido más pulida.

La película se sitúa dentro del género de fantasía-comedia de aventuras, un subgénero que ha visto títulos como Piratas del Caribe y Indiana Jones. Comparada con estos clásicos, Jungle Cruise no alcanza la misma profundidad temática o el desarrollo de personajes, pero sí logra capturar parte de su espíritu. La trama principal gira en torno a la búsqueda de un objeto mágico, un tropo común en este género, pero la ejecución en esta ocasión es más superficial.

El diseño de producción es otro aspecto destacable. Los sets y las criaturas mágicas están bien realizados, aunque a veces parecen más adecuados para una atracción de parque temático que para una película. La atención al detalle en los diseños de los «Árboles de Sangre» y otros elementos fantásticos demuestra un esfuerzo por crear un mundo único, pero falta coherencia visual en algunas escenas.

Las actuaciones son otro punto fuerte. Dwayne Johnson y Emily Blunt tienen una química palpable que eleva las escenas compartidas. Johnson, con su presencia física imponente y su habilidad para el humor físico, encarna perfectamente al piloto carismático Frank Wolff. Blunt, por su parte, aporta una combinación de inteligencia y vulnerabilidad que hace a Lily Houghton un personaje memorable.

El elenco secundario, sin embargo, no tiene la misma profundidad. Jesse Plemons como el príncipe Joachim y Edgar Ramírez como Lope de Aguirre tienen roles limitados y sus personajes no evolucionan significativamente a lo largo del filme. Paul Giamatti, en el papel de Nilo Nemolato, tiene algunos momentos divertidos, pero su personaje también se siente subutilizado.

La banda sonora de James Newton Howard merece una mención especial. Aunque no es tan memorable como las composiciones de John Williams para Indiana Jones o Hans Zimmer para Piratas del Caribe, la música de Jungle Cruise complementa bien las escenas de acción y añade una capa de emoción a los momentos clave.

En el contexto de las adaptaciones de atracciones de Disney a la pantalla grande, Jungle Cruise se sitúa por encima de desastres como Haunted Mansion (2003), pero no alcanza el nivel de clásicos como Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra (2003). La película tiene suficiente acción y humor para entretener, pero le falta la profundidad narrativa y el desarrollo de personajes que elevan a las mejores películas de este género.

En cuanto al público objetivo, Jungle Cruise está claramente dirigida a familias y fans de las atracciones de Disney. La mezcla de aventura, comedia y fantasía la hace adecuada para niños y adultos por igual. Sin embargo, los cinéfilos más exigentes pueden encontrar que le falta sustancia.

La inclusión de temas LGBTQ+ es un paso positivo, aunque su ejecución sea algo apresurada. La relación entre el personaje de Jack Whitehall (McGregor Houghton) y otro hombre en la película es un intento de incorporar diversidad, pero se siente más como un gesto simbólico que como una parte integral de la narrativa.

En resumen, Jungle Cruise es una película entretenida con momentos brillantes, pero su estructura narrativa desequilibrada y el tono inconsistente la alejan de ser una obra maestra del género.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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