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The King’s Daughter: un despropósito histórico-fantástico

Martin Cid
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Imagina a Pierce Brosnan, con su mirada penetrante y postura regia, intentando transmitir la grandiosidad de Luis XIV mientras un equipo de filmación lucha por capturar la esencia de una sirena en un tanque de agua. Esa imagen encapsula el tono contradictorio de The King’s Daughter, una película que oscila entre lo grandioso y lo ridículo, lo adulto y lo infantil.

Dirigida por Sean McNamara, conocido principalmente por su trabajo en películas familiares como Soul Surfer y Bratz, esta adaptación de la novela The Moon and the Sun de Vonda N. McIntyre intenta navegar entre el drama histórico, la fantasía y la aventura familiar. El resultado es un filme que, aunque tiene momentos brillantes, se siente desorientado en su propia narrativa.

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La trama sigue al rey Luis XIV (Brosnan), obsesionado con alcanzar la inmortalidad, capturando a una sirena (Fan Bingbing) para robarle su esencia vital. La situación se complica cuando su hija ilegítima Marie-Josephe (Kaya Scodelario) descubre a la criatura y se interpone en los planes del rey. Aquí radica uno de los mayores problemas del filme: no logra decidir si quiere ser una fábula oscura para adultos o un cuento de hadas familiar.

La fotografía es, sin duda, uno de los aspectos más destacados. Los planos submarinos de la sirena, con sus colores fríos y atmosféricos, crean una cualidad onírica que evoca el cuento de hadas prometido por el material original. Estas secuencias, aunque breves, son visualmente impactantes y logran transportar al espectador a un mundo de fantasía. Sin embargo, esta belleza visual contrasta sharply con las escenas terrestres, donde la dirección de McNamara se siente menos segura.

La estructura narrativa es otro punto débil. El filme parece haber sido recortado en postproducción, como señalan varias críticas, lo que resulta en una trama fragmentada y un ritmo irregular. Hay momentos en los que el conflicto moral del rey —como cuando un sacerdote (William Hurt) le advierte sobre las consecuencias espirituales de sus acciones— se siente forzado e inconexo con el resto de la historia.

El guión, coescrito por Barry Berman y James Schamus, intenta equilibrar temas como la redención, la familia y la moralidad, pero termina diluyendo su mensaje en un mar de clichés. Las escenas de conflicto entre Marie-Josephe y Luis XIV tienen potencial, especialmente cuando Scodelario desafía la autoridad paternal con un fuego que recuerda a las heroínas de Pirates of the Caribbean. Sin embargo, incluso estos momentos se sienten limitados por diálogos que suenan artificiales y una caracterización superficial.

El reparto, aunque competente, no logra elevar el material. Brosnan, conocido por sus papeles como James Bond, parece incómodo en el papel del monarca francés. Su interpretación carece de la profundidad necesaria para vender la obsesión del rey por la inmortalidad. Scodelario, por otro lado, demuestra valentía al intentar darle capas a Marie-Josephe, pero incluso ella tropieza con diálogos que suenan poco naturales.

William Hurt y Julie Andrews, en papeles secundarios, añaden un toque de credibilidad al filme. Hurt, como el sacerdote Pere La Chaise, logra transmitir una sensación de sabiduría y advertencia moral, mientras que Andrews, como la narradora, aporta una voz familiar y reconfortante. Sin embargo, estos elementos no son suficientes para salvar el conjunto.

Uno de los mayores problemas del filme es su identidad genérica. No logra satisfacer ni a los adultos —por su tono infantil y simplista— ni a los niños —por su complejidad moral y narrativa—. Las referencias históricas, aunque interesantes, se sienten superficiales comparadas con la riqueza del libro original.

La novela The Moon and the Sun, publicada originalmente en 1997, transcurre en la corte de Luis XIV y sigue a Marie-Josèphe de la Croix, quien se ve envuelta en la captura de una criatura marina por parte del rey. La historia explora temas como la ciencia, la fe y el poder en un entorno cortesano hostil. El libro tiene una profundidad y riqueza que el filme simplemente no logra capturar.

En comparación con otras adaptaciones literarias, The King’s Daughter palidece. Películas como The Princess Bride o Stardust logran equilibrar la fantasía, la aventura y el drama de manera más coherente y satisfactoria. Estos filmes tienen una clara comprensión de su audiencia y mantienen un tono consistente a lo largo de la narrativa.

Otro aspecto problemático es la dirección de McNamara. Aunque ha demostrado habilidades en comedias familiares, The King’s Daughter requiere un enfoque más sofisticado. La falta de claridad en la visión del director se refleja en cada escena, desde las secuencias de acción hasta los momentos dramáticos.

El sonido y la música también dejan mucho que desear. La banda sonora, aunque no es horrible, carece de la profundidad emocional necesaria para apoyar la narrativa. Los efectos de sonido, especialmente durante las escenas submarinas, son a veces demasiado obvios y distraen más de lo que añaden.

En cuanto a la audiencia objetivo, el filme parece estar en un limbo. No es lo suficientemente oscuro o complejo para los adultos, ni lo suficientemente simple y divertido para los niños. Incluso la clasificación PG sugiere una ambigüedad en cuanto a quién se dirige realmente.

A pesar de sus fallos, The King’s Daughter tiene algunos aciertos notables. La actuación de Scodelario es digna de mención, especialmente cuando logra transmitir la determinación y el conflicto interno de Marie-Josephe. Los planos submarinos de la sirena son visualmente impresionantes y logran crear una atmósfera única.

Sin embargo, estos elementos positivos no son suficientes para salvar al filme de su propia confusión narrativa y estructural.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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