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The king’s daughter»: fantasía histórica confusa

Martin Cid

La escena inicial de The King’s Daughter (2022) es un festín visual: una mermaid (Fan Bingbing), etérea y misteriosa, emerge de las aguas oscuras del Sena bajo la luz de la luna. Es una imagen poderosa que promete una fantasía histórica ambiciosa, pero rápidamente el filme se hunde en un pantano de decisiones narrativas confusas.

Dirigida por Sean McNamara — conocido por su trabajo en comedias familiares como Soul Surfer (2011) — esta adaptación del libro de Vonda McIntyre, The Moon and the Sun, mezcla historia y fantasía con resultados desiguales. Pierce Brosnan interpreta al Rey Luis XIV, obsesionado con la inmortalidad, mientras que Kaya Scodelario es su hija ilegítima Marie-Josephe, quien descubre a la criatura marina cautiva. La premisa es intrigante: ¿cómo equilibrar el drama cortesano francés del siglo XVII con elementos sobrenaturales? Pero el guion de Barry Berman y James Schamus nunca encuentra un tono coherente.

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El mayor logro técnico de la película es su diseño de producción, especialmente los trajes y la recreación del Palacio de Versalles. Los vestuarios — desde los elaborados corpiños de Marie-Josephe hasta las túnicas suntuosas de Luis XIV — son detallados y evocadores, transportando al espectador a la Francia del siglo XVII. La fotografía también destaca en escenas nocturnas, como cuando la mermaid es capturada: el juego de luces y sombras crea una atmósfera inquietante.

Sin embargo, la dirección de McNamara flaquea en la estructura narrativa. La película salta entre subtramas — la búsqueda de inmortalidad del rey, el romance entre Marie-Josephe y Yves (Benjamin Walker), y los conflictos políticos en la corte — sin darle a ninguna suficiente peso emocional o coherencia lógica. Hay escenas que simplemente no encajan, como una batalla naval que parece sacada de otra película.

El elenco entrega actuaciones funcionales pero poco memorables. Brosnan, aunque carismático, no logra profundizar en la complejidad psicológica del Rey Sol; su interpretación se queda en un estereotipo de monarca arrogante. Scodelario, por otro lado, tiene momentos de brillantez, especialmente cuando interactúa con la mermaid, pero su arco narrativo se siente incompleto.

La banda sonora, compuesta por Joseph Metcalfe, es uno de los pocos elementos que mantiene la coherencia a lo largo del filme. Las piezas orquestales, aunque predecibles, refuerzan las emociones clave en momentos cruciales, como la revelación del secreto de la mermaid o el clímax final.

Donde The King’s Daughter realmente falla es en su identidad genérica.

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