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Recurrence: Un thriller policial que pierde fuelle rápido

Veronica Loop
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La imagen del cuerpo calcinado de Samantha Sosa tendido sobre la tierra árida de un paraje remoto en Buenos Aires abre Recurrence (2022) con un impacto visceral que promete tensión inmediata. Dirigida por Alejandro Montiel, esta secuela de Perdida nos devuelve a Manuela «Pipa» Pelari (Luisana Lopilato), una ex-policía federal que buscó refugio en la quietud provinciana tras dejar atrás los horrores del crimen organizado en la gran ciudad. El hallazgo macabro en su propia propiedad no solo reaviva sus instintos investigativos, sino que arrastra a la audiencia hacia un thriller policial que, lamentablemente, nunca logra mantener el ritmo de su impactante apertura.

El problema central de Recurrence es su estructura narrativa desconcertantemente lenta. Aunque la premisa inicial—una adolescente asesinada y quemada viva—debería impulsar una investigación frenética, Montiel opta por un desarrollo deliberadamente pausado que se extiende a lo largo de sus 120 minutos sin ofrecer suficiente recompensa dramática. La película se pierde en subtramas tangenciales—desde tensiones familiares hasta conflictos culturales—que, aunque bien intencionadas, diluyen el enfoque del misterio central. Una escena clave muestra a Pipa revisando un video en su teléfono celular que revela detalles cruciales sobre la víctima, pero este momento de revelación llega demasiado tarde para generar suspense real.

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Donde Recurrence encuentra cierto éxito es en sus actuaciones, particularmente la de Lopilato como Pipa. Su interpretación captura con precisión el conflicto interno de una mujer que lucha por reconciliar su pasado violento con su deseo de una vida tranquila. La química entre Lopilato y Mauricio Paniagua, quien interpreta al enigmático Rufino Jerez, es otro punto fuerte, añadiendo capas de ambigüedad moral a la trama. Sin embargo, incluso estos momentos actoralmente sólidos se ven opacados por un guion que nunca logra decidir qué tipo de historia quiere contar.

El intento del director Montiel de mezclar elementos de thriller psicológico con comentarios sociales sobre la corrupción y las desigualdades regionales es admirable, pero la ejecución deja mucho que desear. La película intenta abarcar demasiados temas sin profundizar en ninguno, lo que resulta en una experiencia narrativa fragmentada. Por ejemplo, el subplot que explora las tensiones entre los residentes locales y los forasteros podría haber sido un trampolín interesante para examinar temas de identidad y justicia, pero se desarrolla de manera superficial.

Visualmente, Recurrence tiene algunos aciertos. Las locaciones remotas en Buenos Aires aportan una atmósfera ominosa que refuerza el aislamiento de Pipa y la sensación de peligro inminente. Sin embargo, estos elementos técnicos no son suficientes para compensar las fallas estructurales del guion. La cinematografía, aunque competentemente ejecutada, carece de la distintividad necesaria para elevar la película por encima de otros thrillers policiales convencionales.

La dirección de Montiel es otro aspecto que merece atención crítica. Si bien demuestra un entendimiento sólido del género, su enfoque parece vacilar entre el realismo crudo y el melodrama, creando una discontinuidad estilística que confunde más que intriga. Por ejemplo, escenas de confrontación emocional entre Pipa y su familia son filmadas con una intensidad casi operática, mientras que los momentos clave de la investigación criminal se presentan con un distanciamiento casi clínico. Esta falta de coherencia visual diluye el impacto emocional y narrativo de la película.

Un aspecto particularmente frustrante es cómo Recurrence maneja sus temas culturales. La película hace referencia a tensiones históricas entre comunidades locales y foráneas, pero estos elementos nunca se integran orgánicamente en la trama principal. En su lugar, parecen añadidos como un guiño superficial a temas más amplios, sin explorar las implicaciones reales de estas dinámicas en el conflicto central. Esto no solo debilita la narrativa, sino que también reduce la profundidad temática de una película que claramente aspira a ser más que un simple thriller policial.

Comparada con otras producciones recientes de Netflix, Recurrence palidece en comparación. Películas como The Killer (2023), dirigida por David Fincher, demuestran cómo un thriller de crimen puede mantener una tensión constante sin sacrificar la profundidad narrativa o el desarrollo de personajes. En cambio, Recurrence se siente más cercana a las producciones de bajo presupuesto que abundan en la plataforma, donde el suspense prometido nunca se materializa completamente.

El público objetivo de Recurrence parece ser los fans del primer film, Perdida, y los aficionados al género policial en general. Sin embargo, incluso para este nicho, la película ofrece pocas razones para justificar su existencia más allá del simple deseo de ver a Pipa en acción nuevamente. Los nuevos espectadores pueden encontrar difícil conectar con los personajes o la trama debido a la falta de desarrollo emocional y la narrativa dispersa.

En última instancia, Recurrence es una oportunidad perdida. Con una premisa intrigante y actuaciones sólidas, la película tenía el potencial para ser un thriller policial memorable. Sin embargo, su ritmo lento, estructura desorganizada y falta de enfoque temático la convierten en una experiencia decepcionante.

La película intenta abordar temas complejos como la corrupción institucional, las tensiones sociales y los traumas del pasado, pero lo hace de manera tan superficial que estos elementos se sienten más como adornos que como pilares fundamentales de la narrativa. Por ejemplo, el conflicto entre Pipa y su familia podría haber sido un vehículo poderoso para explorar cómo el trauma afecta a las relaciones personales, pero en Recurrence, estas escenas se reducen a diálogos emotivos sin consecuencias narrativas significativas.

Otro aspecto problemático es la resolución del misterio central. El asesinato de Samantha Sosa, que debería ser el corazón de la trama, termina siendo un pretexto para una serie de revelaciones forzadas y giros inesperados que carecen de coherencia lógica. La escena final, donde se desvela la verdad detrás del crimen, se siente anticlimática y poco satisfactoria, como si el guionista hubiera optado por un giro dramático en lugar de una solución creíble.

La banda sonora también merece mención, aunque no por razones positivas. A diferencia de otros thrillers que utilizan música para construir tensión y atmósfera, Recurrence emplea una partitura minimalista que, en lugar de complementar la narrativa, parece existir en un vacío sonoro. Las escenas clave carecen del impacto emocional que podrían haber tenido con una banda sonora más dinámica, lo que contribuye a la sensación general de letargo que impregna toda la película.

En términos de originalidad, Recurrence no aporta nada nuevo al género del thriller policial. Desde su estructura hasta sus personajes y temas, la película sigue fórmulas ya establecidas sin ofrecer una perspectiva fresca o innovadora. Esto es particularmente decepcionante dado el talento involucrado, tanto frente como detrás de la cámara.

Finalmente, Recurrence sufre de un problema común en muchas producciones contemporáneas: la falta de equilibrio entre entretenimiento y profundidad. La película intenta ser ambas cosas—un thriller emocionante y una exploración seria de temas sociales—but fails miserably at both.

Reparto

Fotos: The Movie Database (TMDB)

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