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The Portable Door: humor inconsistente y personajes olvidables

Martin Cid

Imagina esta escena: un joven despistado persigue a un perro travieso por las calles de Londres, solo para descubrir que el animal lleva consigo una toalla mágica capaz de transportarlo a cualquier lugar. Esta es la premisa absurda pero intrigante con la que The Portable Door (2023) intenta enganchar al espectador desde su primer acto. Dirigida por Jeffrey Walker y adaptada de la novela juvenil de Tom Holt, esta película australiana mezcla fantasía corporativa, comedia tonta y aventuras mágicas, pero el resultado es desigual.

El mayor problema de The Portable Door es su tono desconcertante. La película oscila entre un humor absurdo digno de una sitcom —como cuando los ejecutivos de magia discuten sobre estrategias de mercadotecnia— y momentos de tensión sobrenatural que nunca llegan a cuajar. Christoph Waltz, siempre carismático, roba cada escena como Humphrey Wells, el CEO demoníaco con un traje impecable y una sonrisa siniestra. Su interpretación es la única constante que mantiene el filme a flote cuando la trama se desvía hacia lo ridículo. Sam Neill, por otro lado, ofrece un desempenho sólido pero olvidable como el gerente de medio pelo Dennis Tanner, un personaje que podría haber sido más interesante si el guion le hubiera dado más profundidad.

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La dirección de Walker es competente, aunque suelta algunos planos llamativos —como las secuencias oníricas en las que Paul (Patrick Gibson) explora los laberintos mágicos de la oficina— que contrastan con escenas de diálogo torpes y mal editadas. La película también comete el error de asumir que el público recordará detalles insignificantes, como el funcionamiento exacto de la «puerta portátil» (que, por cierto, es una toalla). Esto dificulta la inmersión en un mundo que ya de por sí parece construido sobre un manual de instrucciones perdido.

Donde The Portable Door sí acierta es en su originalidad. La idea de mezclar el mundillo mágico con las dinámicas corporativas modernas tiene potencial cómico y crítico, aunque el filme no aproveche del todo esta premisa. La banda sonora de Benjamin Speed —ganadora de un premio en los Screen Music Awards australianos— añade capas de tensión y fantasía que elevan algunas escenas, pero incluso la música no puede salvar momentos como la batalla final, que resulta más confusa que emocionante.

En resumen, The Portable Door es una película con buenas ideas y actuaciones destacadas —especialmente Waltz—, pero que se pierde en su propio laberinto de tonos inconsistentes y una estructura narrativa poco pulida. Si buscas fantasía ligera con toques de comedia absurda, puede funcionar como un entretenimiento pasajero; pero si esperas algo más sólido o cohesionado, te decepcionará.

MCM Score: 6.0/10 — craft 2 / story 1 / performances 2 / originality 1 / genre_fit 0.

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